Con más de veintitrés millones de kilómetros cuadrados, desde el Danubio hasta el Pacífico, ocupando toda Asia Central, Siberia, China e incluso partes de Indochina y el subcontinente indio, el imperio fundado por Gengis Kan en el año 1206 fue el dominio terrestre contiguo más extenso de la historia, con una población de más de cien millones de habitantes.
Los mongoles eran tribus nómadas originales de las estepas centroasiáticas, concretamente de la región comprendida entre el lago Baikal y el río Amur, en los límites orientales de la actual Mongolia. Gengis Kan, nacido originalmente bajo el nombre de Temuyín, logró lo que parecía imposible: unificar a las tribus mongolas y túrquicas bajo una misma autoridad, la del «Kan Universal», título que recibió en 1206. Este hecho facilitó la expansión y consolidación del Imperio mongol, aunque serían sus descendientes, especialmente su nieto Kublai Kan, los que llevaran el dominio a su máxima expansión, en torno al año 1279.
El sistema de poder que instauró Gengis Kan se apoyaba en la lealtad personal hacia su figura, pero también en una inteligente organización militar. El ejército se organizó en unidades decimales de 10, 100, 1.000 y 10.000 hombres mezclados de diferentes orígenes y tribus, para evitar rivalidades y el auge de grupos identitarios dentro del Imperio. En la administración implantó el cobro sistemático de tributos, por el cual los pueblos sometidos debían pagar impuestos en especie, dinero o mano de obra a cambio de protección y de cierta autonomía local. Allí donde los mongoles se establecían, respetaban en gran medida las costumbres y religiones de la población, siempre que se cumpliera con el pago. También implantaron la ley mongola —la Yassa—, y el alfabeto uigur como sistema de escritura principal.
Sin embargo, las conquistas mongolas eran verdaderas masacres. Arrasaban pueblos enteros si se negaban en un primer momento a someterse al kan sin resistencia. Tanto es así que muchos historiadores modernos han debatido sobre la práctica del genocidio en las conquistas mongolas, por ejemplo contra los tártaros o el Imperio tangut.
En el documento La historia secreta de los mongoles, una obra poética de carácter épico escrita en el siglo XIII y que narra la subida al poder de Gengis Kan, se explica, por ejemplo, cómo se ordena la «ejecución de todos los hombres y niños tártaros que midieran más de un palmo», así como la esclavización de las mujeres tártaras. Se estima que las muertes a manos de las campañas mongolas pudieron ascender a unos treinta millones de personas, aunque son datos difíciles de comprobar.
La dificultad para trazar los límites del Imperio mongol viene dada precisamente por la naturaleza del mismo. Los mongoles distinguían entre dominios bajo gobierno directo, zonas vasallas y áreas de influencia en las que bastaba con la sumisión y el tributo regular. De ahí que existan debates sobre su extensión exacta: si debe contarse solo el territorio bajo control efectivo, o también los reinos y principados que, aunque nominalmente independientes, aceptaban la supremacía del kan.
A la muerte de Gengis Kan, en 1227, el Imperio mongol se extendía desde el mar Caspio hasta las costas del Pacífico, tras el sometimiento de imperios como el de la dinastía Jin del norte de China o el corasmio, en Asia Central. Los cuatro hijos supervivientes de Gengis Kan heredaron el Imperio: Yochi, que recibió la parte más occidental, incluyendo la Rusia moderna que luego daría origen a la Horda de Oro; Chagatai, que heredó gran parte de Asia Central, con ciudades como Samarcanada; Ogodei, que fue elegido gran kan en la asamblea mongola, asumiendo la autoridad suprema sobre todo el Imperio; y Tolui, el menor, que conservó la tierra de origen de los mongoles.
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Tras Ogodei, el título de gran kan pasó a su hijo Guyuk, luego a Mongke —nieto de Tolui— y finalmente a Kublai Kan, quién fundó la dinastía Yuan en 1271 en China. Con el tiempo, los territorios heredados por los hijos de Gengis se consolidaron en unidades políticas denominadas kanatos. Estas eran regiones semi-autónomas y gobernadas por distintos descendientes que, aunque reconocían al gran kan, actuaban con gran independencia, marcando el inicio de la fragmentación del Imperio mongol.
Con Kublai Kan, el centro del dominio se trasladó a China, especialmente tras el sometimiento del Imperio song y la unificación de toda China bajo el poder del kan. Estableció la capital en Xanadú y más tarde en Khanbaliq, actual Pekín. Durante casi un siglo, entre 1271 y 1368, la nueva dinastía Yuan gobernaría China.
Aunque la nueva dinastía formaba parte del Imperio mongol, en la práctica funcionó como una entidad autónoma, con estructuras administrativas propias y un fuerte énfasis en el control del territorio chino. Sería en torno a esta época cuando el mercader veneciano Marco Polo visitara, según su relato, la corte de Kublai Kan hacia 1275, testimonio que contribuyó ampliamente a la imagen mítica de los mongoles en Europa.
Y es que la unificación de la mayoría de Asia bajo el poder mongol hizo dio lugar a un período de relativa estabilidad y seguridad que favoreció el contacto entre Oriente y Occidente a través de rutas comerciales, las llamadas rutas de la seda. Es el período conocido como la Pax Mongolica (siglos XIII-XIV), que facilitó el comercio de seda o especias, además de la difusión de conocimientos científicos y avances tecnológicos que llegarían más tarde a Europa, como la pólvora o el papel moneda.
Sin embargo, estas conexiones también permitieron la propagación de la peste negra, el mayor desastre demográfico de la Edad Media. La enfermedad se originó probablemente en Asia Central y se extendió, valiéndose de las caravanas, hasta alcanzar Europa a mediados del siglo XIV, dónde causo la muerte de casi un tercio de la población. La elevada mortalidad de la peste también en Asia y Oriente Medio fue además uno de los elementos de la decadencia de los mongoles, con la muerte de varios herederos y la desorganización de las estructuras administrativas.
Esto, unido a la autonomía creciente de cada sección del Imperio, las luchas internas entre los sucesores de Gengis Kan y la presión de pueblos vecinos, propició el desmembramiento de la potencia. El ilkanato persa, que había sido incorporado al Imperio por uno de los nietos de Gengis Kan, se disolvió en 1335. La Horda de Oro, en las estepas rusas, y el kanato de Chagatai en Asia Central se fragmentaron en principados rivales. La dinastía Yuan, por su parte, fue debilitada por la peste y los conflictos internos, hasta que la rebelión campesina liderada por Zhu Yuanzhang provocó el fin de la dinastía en 1368, iniciándose la nueva dinastía Ming.




Cuando murió Genguis Kan la península de Corea aún era independiente.