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Mapa de geopolítica del Mar de Azov

La geopolítica del mar de Azov, la frontera marítima entre Rusia y Ucrania

Pese a su escasa profundidad, el mar de Azov constituye una ruta directa al corazón de Rusia y a las vías de exportación ucranianas
CartografíaGeopolíticaRusia y espacio postsoviético

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El mar de Azov es una masa de agua prácticamente cerrada, con una extensión once veces menor a la del mar Negro y una profundidad media de catorce metros, lo que lo convierte en el mar menos profundo del mundo. Sin embargo, también se trata de unos de principales focos de tensión geopolítica entre Ucrania y Rusia desde la anexión de Crimea en 2014 y, especialmente, a partir del intento de invasión total de este año.

A primera vista su relevancia geopolítica puede parecer menor, pero se trata de una ruta directa al corazón de Rusia y por tanto de un enclave prioritario para el Kremlin por dos razones: por un lado, porque compromete su seguridad marítima y puede ser utilizado como centro de operaciones navales por una potencia extranjera en caso de conflicto. También porque es una de las salidas del sistema unificado de aguas profundas, una red fluvial que pretende conectar los mares que rodean la parte occidental del país. Al mismo tiempo, el mar de Azov es una de las principales vías de exportación de Ucrania por sus conexiones con las rutas marítimas ―los puertos de Mariúpol o Berdiansk son los más desarrollados de su costa―.

En 1991, justo después de que Kiev declarara su independencia de la Unión Soviética, las primeras disputas entre Rusia y Ucrania se centraron en Crimea por el movimiento separatista de la ciudad de Simferópol y el estatus de Sebastopol, sede por aquel entonces de la Flota del Mar Negro. En 1997 ambos países llegaron a un acuerdo: Moscú se mantendría alejada de los asuntos internos de Ucrania y le cedería el 18% de la flota establecida en Crimea a cambio de que Kiev le cediera ―previo pago― el uso militar de la península. Para Ucrania el trato supuso una victoria rotunda, pero para los rusos fue una humillación. No solo se descartaba la causa separatista, sino que también dijeron adiós al control total de la Flota del Mar Negro.

Pese a esto, las disputas territoriales sobre el mar tardaron pronto en volver al primer plano. Esta vez el centro del debate era la frontera marítima en el mar de Azov y más concretamente en el estrecho de Kerch, la puerta de entrada desde el mar Negro. Como el canal Kerch-Yenikale, un ensanche del estrecho construido entre 1874 y 1877, había sido dragado más cerca de Crimea que la península de rusa de Tamán, el control del estrecho recayó sobre Ucrania. Y a cambio de utilizarlo, Rusia pagaba a las autoridades ucranianas 16 millones de dólares al año.

Mapa estrecho Kerch

Hasta que en 2003 la tensión estalló. Con Vladímir Putin ya en el poder, Rusia comenzó a construir sin previo aviso una presa en Tamán que en la práctica iba a convertir la isla ucraniana de Tuzla en un apéndice del territorio continental ruso. La disputa fue en esta ocasión mucho más agresiva y se llegó a temer que escalara a un conflicto armado, pero finalmente ambas partes consiguieron ponerse una vez más de acuerdo. Ese mismo año, Ucrania y Rusia formalizaron su frontera en el mar de Azov y pactaron que este fuera un mar interno de ambos países, por lo que el acceso a terceros actores quedaba restringido y los pagos que debían acometer los barcos rusos fueron eliminados.

A pesar de ello, Putin no cejó en su empeño de controlar el mar de Azov. Ucrania seguía gestionando más de dos terceras partes de sus aguas, incluida la ruta que lo conecta con el mar Negro. Ante esto, Moscú amplió su infraestructura militar en la región durante los siguientes años —en 2005 comenzó a construir una nueva base naval en Novorosíisk para sustituir la sede de la Flota del Mar Negro, aunque esta finalmente permaneció en Sebastopol— al mismo tiempo que mantenía vivas las esperanzas de contar con un Gobierno afín a sus intereses en Kiev. En 2010 sus anhelos se vieron realizados y el prorruso Víktor Yanukóvich llegó a la presidencia ucraniana.

El mapa de Crimea, una península en disputa

Pero en 2014 la revolución del Euromaidán supuso un nuevo giro para el país, que volvió a orientar su futuro hacia la comunidad euro-atlántica. La respuesta del Putin es de sobra conocida: consciente de que Europa ―y sobre todo Alemania― no se atrevería a reaccionar por su dependencia energética, Vladímir Putin invadió Crimea y fomentó el levantamiento y posterior conflicto en la región del Donbás.

Apenas un día después de que el Kremlin se anexionara oficialmente la península, Kiev vio cómo Putin anunciaba la construcción de un puente en el estrecho de Kerch que uniría Crimea con el territorio continental ruso a través de la isla Tuzla. Inaugurada en 2018, la pasarela confirmó los peores presagios de las autoridades ucranianas: además de arrebatarle gran parte del mar de Azov, Moscú también pretendía impedir que Ucrania siguiera utilizándolo para comerciar, ya que el puente imposibilitaba el paso de grandes buques mercantes. Por si fuera poco, la guardia costera abrió fuego y requisó tres barcos de la marina ucrania en noviembre de 2021 con la intención de mandar un aviso a Kiev.

Rusia y la estrategia de los cinco mares: un sistema fluvial para puentear Europa

El puente de Kerch ha acabado convirtiéndose en un símbolo de los tentáculos, las agresiones y la impunidad de Rusia en Ucrania. También en un objetivo muy apetitoso para la resistencia ucraniana que está tratando de expulsar a las tropas del Kremlin de su país desde febrero, como demuestra el ataque que sufrió la infraestructura hace unas semanas y que requerirá de una reparación que se extenderá hasta julio de 2023.

Más complicado será romper el corredor que ha levantado Moscú desde Crimea hasta la frontera rusa a través del sur de Ucrania. Putin por fin controla el mar Azov al completo. El mar menos profundo del mundo es, ahora mismo, también uno de los más codiciados.

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