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La evolución de los vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU

Desde 1946, Rusia (128) y Estados Unidos (87) son los países que más veces han usado su derecho de veto en el organismo internacional
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A finales de abril de 2024, Estados Unidos y Japón presentaron ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas un borrador de resolución en el que se instaba a todos los países a no desarrollar ni desplegar armas nucleares y de destrucción masiva en el espacio. Lejos de llegarse a ningún acuerdo, la cuestión provocó una dura discusión en el seno de la institución y culminó con el veto ruso a la propuesta. No se trata, ni mucho menos, de un caso aislado: desde la fundación del organismo en 1946, la Federación Rusa (hasta 1991, la URSS) ha empleado su poder de veto en 128 ocasiones, siendo el miembro permanente del Consejo de Seguridad que más veces ha hecho uso de este derecho.

Le sigue Estados Unidos con 87 vetos, el último de ellos sobre la admisión de Palestina como nuevo miembro de la ONU el pasado 18 de abril de 2024. Frente a Rusia y EE.UU., los otros tres miembros permanentes del organismo han mantenido históricamente un perfil más bajo y moderado: China, Reino Unido y Francia suman 64 vetos en conjunto desde 1946

El Consejo de Seguridad de la ONU es, al menos sobre el papel, el órgano encargado de mantener la paz y seguridad en el mundo. De hecho, sus decisiones son vinculantes (es decir, de obligado cumplimiento) para los 193 países que forman parte de la organización.

Sin embargo, el derecho de veto del que disfrutan los cinco miembros permanentes del órgano de Naciones Unidas, con el que pueden bloquear decisiones del Consejo, ha terminado provocando que el órgano no haya sido capaz de cumplir efectivamente su función de proteger a la población ante crímenes de guerra y contra la humanidad, manteniéndose inactivo siempre que ha convenido a los intereses de Rusia, China, EE.UU., Francia o Reino Unido. Es decir, en la mayoría de los casos.

¿Qué países han vetado más en el Consejo de Seguridad de la ONU?

Además del incumplimiento del deber de protección y la priorización de las agendas nacionales, la otra gran crítica al Consejo es la desigual representación del mundo que hacen los miembros permanentes, que no son otros que los principales vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Esta dinámica del pasado ya no tiene sentido en nuestro tiempo, y son muchos los que han propuesto reformas —muchas encaminadas a una mayor representación de África— para acabar con estos privilegios.

Por otro lado, la evolución histórica de los vetos refleja fielmente las distintas etapas de rivalidad geopolítica que han mantenido los miembros permanentes del organismo en las últimas décadas. Así, durante la Guerra Fría, y hasta la década de los noventa, se puede ver un uso frecuente del veto por parte de las superpotencias rivales, si bien desde la caída de la Unión Soviética la heredera Rusia empleó el veto con moderación. 

En cuanto a los demás miembros, China ha adoptado la política de abstenerse siempre que no se amenacen sus intereses de una manera directa, aunque sí que ha usado el veto en Naciones Unidas para apoyar a su aliado ruso. Entre 2011 y 2017, por ejemplo, la potencia asiática vetó junto con Rusia seis resoluciones que pretendían imponer sanciones a Siria en el contexto de la guerra civil que enfrenta el país, en la que Moscú era aliado del régimen de Asad.

La reforma del Consejo de Seguridad de la ONU

Francia, por su parte, no ha usado su veto en solitario desde 1979, cuando se discutió la independencia de Comoras y la permanencia de Mayotte como territorio francés de ultramar. Los temas que más ha vetado Reino Unido, por su parte, han tenido que ver con Sudáfrica y Rodesia del Sur (ahora Zimbabue), países aliados de las potencias occidentales en África en tiempos de la Guerra Fría, pero en los que también estaba vigente el régimen del apartheid, razón a la cual aluden la mayoría de resoluciones de esos años. Desde finales de la Guerra Fría, Reino Unido, como Francia, evita el empleo del veto, prefiriendo actuar en coalición, en muchos casos con Estados Unidos.

Durante la última década, el uso de los vetos en el Consejo ha vuelto a registrar un fuerte aumento ligado a la nueva fase de inestabilidad y rearme que atraviesa el mundo. El aislamiento internacional de Rusia, que comenzó primero con la anexión ilegal de Crimea en 2014 y se consolidó tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022, ha provocado la vuelta definitiva del veto geopolítico a las Naciones Unidas, algo preocupante no solo para los derechos humanos sino también para la eficacia y la legitimidad del organismo en su conjunto.

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