La política francesa es una rara avis dentro de Europa. A diferencia de los regímenes parlamentarios como el de España, Francia tiene un sistema semipresidencialista, en el que el presidente es elegido por sufragio directo y no necesita la confianza del poder legislativo. Este modelo es herencia de Charles de Gaulle, el fundador de la Quinta República francesa en 1958, que retornó a la presidencia para atajar la crisis que vivía el país durante la guerra de independencia de Argelia. De Gaulle impulsó una nueva Constitución que fortalecía los poderes del jefe del Estado y reducía los del Parlamento con el fin de acabar con la inestabilidad política del período anterior.
Desde entonces, la Asamblea Nacional de Francia ha estado históricamente dominada por el partido del presidente. Durante más de dos décadas, la derecha gaullista fue la fuerza hegemónica de la cámara baja, con el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista Francés (PCF) como principales opositores.
Esa situación no cambió hasta el año 1981, cuando el líder socialista, François Mitterrand, ganó las elecciones presidenciales. Mitterrand aprovechó el contexto para disolver la Asamblea y forzar un adelanto electoral, lo que le permitió a la izquierda lograr la mayoría en la cámara por primera vez desde 1958.
La presidencia de Mitterrand trajo importantes novedades a la Asamblea Nacional. En 1988, se fijó el número de escaños en 577, su cifra actual. La razón del cambio fue que Mitterrand había modificado el sistema electoral para las elecciones legislativas de 1986, pasando de un sistema mayoritario de dos vueltas a uno proporcional.
Tras ganar esos comicios, la derecha recuperó el método anterior y redefinió el mapa electoral, asignando un escaño a cada una de las 577 circunscripciones creadas por criterios demográficos. La victoria de la derecha también obligó a Mitterrand a nombrar a un primer ministro de distinto signo político. De este modo, surgió el primer Gobierno de cohabitación de la Quinta República.
Mitterrand lidiaría con dos Gobiernos de cohabitación durante sus mandatos. El primero, entre 1986 y 1988, contó con Jacques Chirac como primer ministro. El segundo, de 1993 a 1995, tuvo como líder de la derecha a Édouard Balladur. Sin embargo, la última cohabitación se dio con Chirac como presidente entre 1997 y 2002. En aquella ocasión, el mandatario derechista compartió el Ejecutivo con el socialista Lionel Jospin. Como consecuencia, Chirac vio al Gobierno aprobar medidas de izquierda como la semana laboral de 35 horas o la cobertura de salud universal.
La alternancia entre socialistas y la derecha tradicional se ha diluido en los últimos años. En 2017, el triunfo de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales también trajo consigo el declive en la Asamblea Nacional de las dos principales fuerzas políticas de Francia.
En su lugar, han emergido tres grandes bloques. El primero es el macronismo, que ha aglutinado a una base de electores liberales, socialistas desencantados y votantes moderados de la derecha tradicional. El segundo es la ultraderecha, encabezada por la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Finalmente, también ha surgido un nuevo bloque de izquierdas liderado por La Francia Insumisa, la formación populista de Jean-Luc Mélenchon.