La Ucrania que conocemos hoy en día es un puzzle de territorios con currículums históricos distintos y de regiones que durante muchos años fueron fronterizas. Estrictamente, el Estado de Ucrania nace tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, pero si en lugar de en sus límites territoriales nos fijamos en la distribución de sus gentes observaremos que el origen de la conformación Ucrania es mucho más antiguo, concretamente la Rus de Kiev del siglo IX.
El primer Estado de los eslavos orientales, que ocupó una franja que se extendía desde el mar Báltico hasta el mar Negro, es el embrión de la Rusia actual, y la razón por la que Vladímir Putin considera que Kiev y Moscú comparten un vínculo histórico y por lo tanto pertenecen al mismo país.
Con el paso de los siglos, Ucrania se convirtió en un tablero geopolítico en el que sucesivas potencias se enfrentaron para estirar sus fronteras hacia el este o el oeste. Es el caso de la Mancomunidad de Polonia-Lituania, la Rusia zarista o el Imperio Austrohúngaro, que fueron cambiando el dibujo territorial de Europa del Este a medida que conseguían imponer su poder. La zona que ocupa hoy Ucrania era, además, tierra de cosacos, hombres guerreros que servían a los invasores y que no dudaban en cambiar de bando en función de las dinámicas militares y económicas.
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