La carrera hacia la Casa Blanca de 2020 ha estado protagonizada por dos candidatos con posturas opuestas en materia climática. El republicano Donal Trump, escéptico del cambio climático, dedicó su mandato a desmantelar más de cien regulaciones medioambientales y favoreció a las industrias extractivas para promover la independencia energética. Por otro lado, el demócrata Jon Biden se presentó con una agenda ambiental ambiciosa y la promesa de situar a Estados Unidos en el centro de la lucha internacional contra el cambio climático. Ahora que Biden ha sido elegido cuadragésimo-sexto presidente de EE. UU., su programa medioambiental podría dar un giro de 180 grados al de la Administración Trump.
El plan de Biden para una revolución limpia
El plan climático de Joe Biden se basa en lo que ha venido a llamar una “revolución de la energía”: crear una red eléctrica libre de carbono para 2035 y eliminar la huella de carbono de la economía estadounidense antes de 2050. Para lograrlo, Biden pretende invertir 1,7 billones de dólares estadounidenses en energías renovables a lo largo de la próxima década. Revertir la rebaja de impuestos corporativos de la era Trump o terminar con los subsidios a los combustibles son algunos de los medios que plantea para sufragar tal desembolso.
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