Los países de Oriente Próximo se lanzan a la carrera espacial

Oriente Próximo mira desde hace décadas al espacio exterior. Emiratos Árabes Unidos (EAU) fue en 2020 el primer país de la región en lograr que una de sus sondas atravesara la atmósfera de Marte, una hazaña que ha impulsado a sus vecinos en la carrera espacial. Países como Arabia Saudí, Israel o Irán también avanzan, movidos por sus rivalidades.
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Los países de Oriente Próximo se lanzan a la carrera espacial
Fuente: elaboración propia.

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Son las 06:58 a. m. del 20 de julio de 2020 en el Centro Espacial de Tanegashima, Japón, y la sonda emiratí de análisis meteorológico Mars Hope (‘Esperanza de Marte’) despega rumbo al planeta rojo. Han sido necesarios seis años de cooperación entre la Agencia Espacial de Emiratos Árabes Unidos, fundada en 2014, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, la empresa nipona Mitsubishi Heavy Industries y varias universidades estadounidenses.

Tras casi siete meses, Mars Hope penetró la atmósfera marciana el pasado 9 de febrero. Menos de la mitad de las misiones anteriores habían conseguido esta hazaña, que coincidió con el 50.º aniversario de la independencia de EAU y que convirtió al país en el quinto del mundo, primero entre los árabes, en lanzar una sonda a Marte. Ya en 2019 habían puesto al primer emiratí en el espacio, gracias a un acuerdo con Rusia, y antes habían construido y puesto en órbita varios satélites. Este es otro paso en una estrategia a largo plazo para establecer un asentamiento humano en Marte para 2117. Fue además la primera misión espacial dirigida por una mujer, Sarah al Amiri, ingeniera de ciencias de la computación, ministra de Ciencias y presidenta de la agencia espacial emiratí.

Con este hito, Emiratos se ha puesto a la cabeza de la carrera espacial en Oriente Próximo, en la que también están Arabia Saudí, Israel o Irán, todos movidos por sus rivalidades y el deseo de mejorar sus medios defensivos en una región inestable. La carrera también incluye un fuerte componente propagandístico para países involucrados en conflictos y acusados de violaciones de los derechos humanos. El interés de las potencias del Golfo por conquistar el espacio enlaza además con la necesidad de diversificar su economía y su sistema energético, dependientes del petróleo, asegurar el acceso al agua potable y desarrollar tecnologías contra el calentamiento global.

Con todo, aunque Emiratos lidera la carrera regional, no fue el pionero. Arabia Saudí consiguió en 1985 que el príncipe Sultán bin Salmán fuera el primer árabe, el primer musulmán y el primer miembro de la realeza en el espacio, como parte de una misión estadounidense. Dos décadas antes, en Líbano, un profesor de matemáticas y física de la Universidad Haigazian de Beirut había puesto en marcha el primer programa espacial en Oriente Próximo. Sin embargo, el interés de los militares libaneses en convertirlo en un programa armamentístico y el aumento de las tensiones en la zona con la guerra de los Seis Días de 1967 pusieron fin a la iniciativa.

El espacio exterior, otro frente geopolítico

La carrera espacial en Oriente Próximo está muy vinculada a la tensión regional y a la necesidad de sus países de asegurar sus capacidades militares. Israel, por ejemplo, consiguió lanzar una misión a la Luna en 2019, un hito al alcance de pocos países, aunque el alunizaje terminó sin éxito. La Agencia Espacial Israelí, fundada en 1983, ha estado asociada desde sus inicios al Ministerio de Defensa, colaborando en el desarrollo de misiles, a la industria armamentística y aeroespacial, y a tecnologías aplicadas a la agricultura y la lucha contra el cambio climático. Su especialización han sido los microsatélites de vigilancia, fotografía y telecomunicaciones, acorde con las necesidades de un país que se considera rodeado de enemigos y con problemas de acceso a agua.

Irán tampoco ha descuidado la carrera espacial. La Agencia Espacial Iraní se fundó en 2004 gracias al apoyo de Rusia, con quién los iraníes lanzaron un primer satélite en 2005, y el alcance de sus proyectos no ha dejado de aumentar. Irán se convirtió en 2009 en el noveno país del mundo, y primero del mundo islámico, en poner un satélite en órbita, y consiguió enviar a su primer mono al espacio en 2013. En línea con este desarrollo, Teherán desveló en 2020 un programa de aplicación en defensa al lanzar un satélite de vigilancia militar, que condenaron Alemania, Francia y el Reino Unido. Sin embargo, hasta hasta dos tercios de los lanzamientos entre 2008 y 2019 fracasaron, una cifra elevada en comparación con otros programas espaciales.

Las ambiciones iraníes no han pasado desapercibidas a Estados Unidos, que ha intentado sabotearlas desde los años de presidencia de George Bush (2001-2009). No en vano, el propio Departamento de Defensa de Estados Unidos afirma que el programa espacial iraní sirve a los objetivos civiles y militares de su Gobierno, reforzando el orgullo nacional, y favoreciendo el desarrollo económico y científico y la modernización de las fuerzas armadas. Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió en 2008 la Resolución 1803 para frenar el programa de enriquecimiento de uranio de Irán, y la Resolución 1929 en 2010, contra la transferencia de tecnología balística a Teherán. Entre otras, la primera prohibía transferir “tecnología sensible” al país argumentando que favorecía su programa nuclear. A partir de entonces y hasta 2015, cuando se firmó el acuerdo nuclear con Irán, Rusia dejó de apoyar el desarrollo espacial iraní. 

A Arabia Saudí también le preocupan las ambiciones espaciales de Teherán. Los saudíes no han cesado en su empeño por desarrollar sus capacidades balísticas, incluso con apoyo de China. Sin embargo, como le ocurre a EAU, el creciente interés de Riad en desarrollar su tecnología espacial tiene más que ver con la necesidad de diversificar su economía en línea con su plan de desarrollo para 2030 que con tensiones militares con sus vecinos.

Acuerdos regionales y desarrollo económico

Tradicionalmente, Arabia Saudí había sido el líder regional en capacidades espaciales y de satélites. Antes de la fundación en 2018 de su agencia espacial, dirigida por el príncipe que viajó al espacio en 1985 la institución que impulsaba estas tecnologías era la Ciudad de la Ciencia y la Tecnología del Rey Abdulaziz, inaugurada en 1977. Además, Arabia Saudí impulsó la creación de la Organización Árabe de Comunicaciones por Satélite (Arabsat) en 1976, conformada por todos los miembros de la Liga Árabe excepto Comoras, y es su principal financiador, con un 37% del presupuesto. Asimismo, los saudíes pretenden sumarse a la revolución del turismo espacial: han invertido 1.000 millones de dólares en el conglomerado empresarial británico Virgin Group, que pretende ser pionero en los viajes fuera de la Tierra.

Otros países de la región también se están sumando a la carrera. Turquía, por ejemplo, anunció su estrategia espacial en febrero de 2021 y pretende celebrar su centenario en 2023 con un alunizaje, y Egipto tiene una trayectoria exitosa de desarrollo y lanzamiento de satélites que goza del apoyo de China y Rusia. Catar también cuenta con dos satélites en órbita, muy vinculados a las telecomunicaciones y a la emisión de su canal de televisión, Al Jazeera, pieza clave en la influencia mediática catarí en el mundo. Por su parte, Argelia, Baréin, Túnez, Marruecos y Siria cuentan con agencias o instituciones que desarrollan tecnologías espaciales e industrias relacionadas, y Omán y Jordania tienen iniciativas propias. Incluso Yemen, sumido en una guerra y crisis humanitaria, podría aportar observatorios gracias a su privilegiada geografía.

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El creciente interés en las ciencias del espacio en Oriente Próximo, aunque motivado en parte por la competición geopolítica, está contribuyendo a la cooperación regional. Diez países árabes fundaron en marzo de 2019 el Grupo Árabe de Cooperación Espacial, una plataforma impulsada por EAU para promover capacidades tecnológicas y de ciencias espaciales. Su primer proyecto es el Satélite 813, por el año en que inició el reinado del califa Al Mamún, pues fue entonces cuando alcanzó su máximo esplendor la Casa de la sabiduría de Bagdad, el centro intelectual más importante del mundo islámico de la época. Este satélite recopilará datos medioambientales y climatológicos y se lanzará a órbita en 2024.

Además, la colaboración incluye a otras potencias internacionales, pues muchos países de la región, en especial los árabes, todavía dependen de otros para, por ejemplo, llevar a cabo sus lanzamientos. EAU es el país que más ha apostado por esta vía, con proyectos de formación científica, exploración espacial y desarrollo tecnológico junto al Reino Unido, Francia, India, Japón, Estados Unidos y Rusia. A su vez, Arabia Saudí compite con su vecino cerrando acuerdos con Brasil, China, Grecia, Ucrania, Alemania, Estados Unidos, Francia y Rusia. 

Los programas espaciales nacionales y la colaboración con otras potencias pueden impulsar el desarrollo y motivar más cooperación en la región. Por ejemplo, restaurar las relaciones con Catar, con la que otros países del Golfo están enemistados, podría acercarles a Irán. Y el reciente establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel de varios países árabes podrían impulsar su cooperación espacial. Con todo, esta carrera abre un nuevo escenario para la partida geopolítica de Oriente Próximo, que ya no se limita a la propia región y a otras potencias interesadas, sino también al espacio exterior.

Daniel Rosselló

Palma de Mallorca, 1992. Graduado en Relaciones Internacionales. Másteres de especialización en el mundo árabe e islámico y en comercio internacional. Me gustan las minorías, los grupos insurgentes y los movimientos revolucionarios. Actualmente asentado en Egipto.