No es ningún secreto que los líderes europeos recibieron la noticia de la victoria electoral de Joe Biden con alivio. Entre sus mensajes de felicitación hacia el presidente electo figuraban palabras como “reconstrucción” y “amistad indispensable”, que muestran las altas expectativas que Europa ha puesto en la nueva Administración. Pero creer que el mandato de Trump ha sido un paréntesis y que las relaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos pueden volver a lo que eran no es realista. Pese a que Trump perdiera las elecciones, su alto número de votantes confirma que el trumpismo sigue vivo y que los últimos cuatro años no han sido ninguna anomalía.
La era Trump ha servido como advertencia de cómo sería un mundo sin cooperación transatlántica, y no sería bueno para europeos ni estadounidenses. Convencidos de que el orden internacional liberal ya no se sostiene y de que Occidente ya no tiene autoridad para liderar, distintos regímenes autocráticos, como China y Turquía, han empezado a ser más asertivos en su política exterior. Pese a todo, la alianza entre Europa y Estados Unidos sigue siendo la más profunda e importante para ambos. Pero no hay garantía de que la cooperación transatlántica conocida hasta ahora, con Estados Unidos como socio fuerte junto a una Europa complementaria, pueda hacer frente a los desafíos geopolíticos futuros. La victoria de Biden es una oportunidad para adaptar la alianza a los nuevos tiempos y protegerla de una debacle mayor.
Las oportunidades de cooperación con Biden
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