Liz Truss, más peligrosa que Johnson para la UE… y para el Reino Unido

La nueva primera ministra británica se ha ganado a los conservadores más radicales con promesas de bajar impuestos y enfrentarse a la Unión Europea, Rusia y China. Sin embargo, su escasa popularidad y la crisis económica y social del Reino Unido dificultan sus planes de ser Thatcher 2.0.
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Liz Truss, más peligrosa que Johnson para la UE… y para el Reino Unido
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia

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El día que Boris Johnson anunció su dimisión como primer ministro, un suspiro de alivio recorrió Bruselas. El máximo exponente del brexit renunciaba después de años de disputas con la Unión Europea. Pero la euforia pronto dio paso a la preocupación cuando el nombre de Liz Truss emergió en la carrera por la sucesión. Si como secretaria de Exteriores se convirtió en la esperanza para el ala dura del Partido Conservador, ahora la nueva líder de los tories se ha erigido como la reencarnación de Margaret Thatcher. Promete reducir impuestos, enfrentarse a Rusia y China y derogar el acuerdo de retirada con la UE.

Sin embargo, la utopía thatcheriana de Truss se topará con una realidad compleja. Su nuevo gabinete tendrá que lidiar con la crisis económica, energética y social que vive el Reino Unido, y con el declive de su partido en los sondeos. Con este panorama, muchos británicos temen que las recetas neoliberales de Truss agraven el colapso del país. Los mismos temores planean entre los Veintisiete, donde ya se preparan para una posible guerra comercial con Londres.

De apoyar el remain a orquestar una guerra comercial con Europa

La relación de Liz Truss con la Unión Europea ha sido cambiante y controvertida. En 2016 defendió la permanencia del Reino Unido en la UE; hoy en día, su figura encarna las hostilidades entre Londres y Bruselas. La nueva primera ministra ha reivindicado el proyecto de ley que permitiría al Reino Unido modificar el protocolo de Irlanda del Norte de forma unilateral, lo que rompería el acuerdo del brexit con la UE. Truss sostiene que el pacto menoscaba la integridad territorial del país, ya que establece de facto una frontera aduanera entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte, donde aún se aplica la normativa europea.

Sin embargo, suspender el protocolo exige una tortuosa negociación en el Parlamento británico que podría prolongarse durante meses. Por ello, Truss ya ha previsto interrumpir su aplicación activando el artículo 16 del protocolo norirlandés. Esta disposición permite aplicar medidas unilaterales de salvaguardia si el acuerdo produce graves dificultades económicas o sociales para la región. Pero Bruselas cree que el Reino Unido podría aprovecharla para ignorar sus obligaciones de forma indefinida y ya le advirtió que denunciaría sus incumplimientos ante el Tribunal de Justicia de la UE.

Si Truss cumple con sus amenazas, el Reino Unido se vería abocado a una guerra comercial con la UE, su socio principal, y se arriesgaría a empeorar sus relaciones con Estados Unidos. Todo en plena crisis económica. Si Bruselas responde suspendiendo el acuerdo de retirada, se restablecería la frontera dura entre las dos Irlandas. Con ello, el acuerdo de paz de 1998 entre católicos y protestantes dejaría de ser aplicable en Irlanda del Norte.

Este escenario desagrada en especial a Washington, que cuenta con un potente lobby irlandés y fue clave en la mediación del conflicto en Irlanda del Norte. La Casa Blanca ya ha avisado a Londres de que no habrá acuerdo de libre comercio entre ellos si el Reino Unido desata una disputa con la UE. Al igual que Thatcher, Truss aboga por fortalecer el eje angloamericano. Pero Joe Biden, de origen irlandés, no es Ronald Reagan: los demócratas no ven con buenos ojos las posiciones maximalistas de Truss sobre Irlanda y el brexit, ni tampoco sus tesis neoliberales y ultraconservadoras. 

Rusia y China, enemistades peligrosas

Otro punto de fricción entre Estados Unidos y el Reino Unido es Rusia. En la Casa Blanca preocupa la belicosidad de Truss hacia el Kremlin. De hecho, la líder conservadora ha recriminado a Washington su falta de voluntad para endurecer sus posiciones contra Moscú por la invasión de Ucrania. Truss entiende la realidad internacional en términos de competencia geopolítica, no de cooperación comercial o económica. Por ello, su postura es que la política exterior británica debe ir orientada a confrontar a Rusia. Asimismo, Truss entiende que el Reino Unido ha de ser la potencia predominante en el esquema de seguridad europeo. Sus promesas de enviar más armas a Kiev y aumentar el gasto militar van en esa dirección.

La sintonía entre Truss y Estados Unidos mejora cuando se trata de China. Pese a que Johnson ya defendió un enfoque más agresivo contra Pekín, la nueva primera ministra planea ir más allá, declarando por primera vez a China como “amenaza” para la seguridad del Reino Unido. Truss pretende acabar con la “era dorada” en las relaciones sino-británicas que David Cameron inició en 2015. Esta actitud le ha valido a Truss el respaldo de los países del Indo-Pacífico, donde como secretaria de Exteriores ha intensificado la alianza económica del Reino Unido con Japón. Sin embargo, la enemistad con Pekín puede dejar unas secuelas mucho más dañinas de las que produciría distanciarse de Rusia, ya que China es el país del que el Reino Unido importa más bienes. Ante una previsible erosión de las relaciones bilaterales, numerosas empresas británicas ya están cortando sus vínculos con China, lo que les supondrá menos volumen de negocio.

Brexit y menos impuestos: buena receta electoral, pero no para gobernar en crisis

Liz Truss ha movilizado a los miembros más radicales del Partido Conservador con su retórica neoliberal y nacionalista. Sin embargo, gobernar el Reino Unido será más difícil que ganar una elección interna. A su llegada a Downing Street, la nueva primera ministra se encontrará con un país en crisis, con una inflación superando el 10% y las previsiones del Banco de Inglaterra augurando una recesión prolongada. Asimismo, el aumento del coste de la vida ha generado parones en sectores clave como el transporte, donde los trabajadores demandan subidas salariales. Pese al riesgo de una catástrofe económica, Truss se ha comprometido a reducir los impuestos de forma inmediata, descartando aumentar el gasto para crear planes de emergencia que asistan a las familias más empobrecidas. 

En todo caso, Truss tampoco tendrá mucho margen político para abandonar sus recetas thatcherianas. La nueva líder sabe que no es tan popular entre los tories como lo fue Johnson, por lo que tendrá que contentar a sus fieles radicales si no quiere verse aislada. Tampoco goza del apoyo del electorado, pues su índice de popularidad apenas alcanza el 21%. Sin la legitimidad de las urnas, la primera ministra deberá comandar el Gobierno británico más derechista del siglo con la opinión pública nacional escorándose hacia la izquierda. Así lo reflejan las últimas encuestas, que otorgan diez puntos de ventaja a los laboristas y señalan el apoyo de la mitad de los británicos a un adelanto electoral. Con este escenario, Truss solo tendrá dos caminos: ser la política camaleónica que abandonó su oposición al brexit o ser la nueva Dama de Hierro que pelee contra cualquiera. De su decisión dependerá el futuro del Reino Unido y de la Unión Europea.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.