“¿Vale la pena invertir al menos 45.000 dólares en un máster?”, preguntó una posible estudiante en el grupo de Facebook de una universidad de la prestigiosa Ivy League estadounidense, que incluye a Harvard o Columbia. Pese a la diversidad de opiniones, gran parte de los comentarios criticaban el coste de los posgrados, difícil de afrontar sin un préstamo. Lejos de limitarse a los alumnos de centros elitistas, cerca de 42 millones de personas tenían deudas por créditos educativos en Estados Unidos en 2020.
Ese año la deuda estudiantil media superaba los 38.000 dólares por prestatario. Además, son cada vez más elevadas. Entre 1994 y 2014, el endeudamiento de los estudiantes de posgrado aumentó un 110%, según datos del centro de investigación Brookings. Y como muestra el Council on Foreign Relations, estos préstamos pasaron de 500.000 millones de dólares en 2006 a 1,7 billones en 2020, por delante de los automovilísticos y las deudas de tarjetas de crédito.
Los préstamos y la deuda educativa fueron protagonistas en las primarias demócratas de 2020 y, como otras áreas, enfrentaron a los sectores moderado y progresista. El senador por Vermont Bernie Sanders defendía el plan más ambicioso, eliminar toda la deuda educativa, pública o de entidades privadas. Joe Biden, por su parte, abogaba por reforzar el sistema actual de pagos en función de la renta y crear un programa de condonación de deuda para funcionarios.
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