La desconocida agencia de inteligencia que acierta más que la CIA

El INR es mucho más pequeña que la CIA o la NSA, y no tiene satélites ni espías. Pero supo ver, al contrario que otras agencias, que estallaría una revolución contra el sah en Irán, que Irak no tenía armas nucleares o que Ucrania resistiría la invasión rusa.
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La desconocida agencia de inteligencia que acierta más que la CIA
Fuente: Wikimedia Commons

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El día que Madeleine Albright, la secretaria de Estado con Bill Clinton, dejó su cargo en enero de 2001, escribió la siguiente nota: “Este es mi último sumario del INR. Y no puedo imaginarme cómo voy a tener idea alguna de lo que realmente está pasando sin vosotros”. Hoy esa nota cuelga en el despacho central del INR, la Oficina de Inteligencia e Investigación de Estados Unidos, una pequeña agencia adscrita al Departamento de Estado, según cuenta un reciente reportaje del medio estadounidense Vox. El INR “casi siempre tiene razón”, dice su exdirectora Ellen McCarthy en dicho artículo.

El INR es “la única organización de inteligencia de Estados Unidos cuya responsabilidad primaria es proporcionar inteligencia para informar a la diplomacia y apoyar a los diplomáticos estadounidenses”, señala la web del Departamento de Estado. Para los estándares de Washington, es una agencia diminuta: apenas unos quinientos empleados, de los cuales alrededor de trescientos son analistas. En comparación, la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) del Pentágono tiene más de 16.500, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) emplea a unas 32.000 personas, y aunque las cifras de la CIA son secretas, en 2013 había aumentado su personal de 17.000 a 21.575, según los datos filtrados por el excontratista Edward Snowden. Su presupuesto también es modesto: 83,5 millones de dólares, apenas un 0,1% del gasto total de la comunidad de inteligencia de EE. UU., según Vox, pero suficiente para tener una tasa de aciertos muy superior que sus hermanas mayores.

Vietnam, Corea del Norte o la revolución iraní: la larga lista de éxitos del INR

La lista de éxitos del INR a la hora de interpretar y predecir los acontecimientos globales es apabullante. Destaca especialmente por haber ido en contra de la opinión de otras agencias mucho más grandes. En 1962, el INR predijo los choques fronterizos entre China y la India. Al año siguiente, concluyó acertadamente que la intervención estadounidense en Vietnam, entonces aún limitada, no iba por buen camino, y dos años después, que China enviaría decenas de miles de tropas en apoyo de Vietnam del Norte.  En 1973, uno de sus analistas declaró que había más de un 50% de posibilidades de que Egipto atacase Israel en otoño, y ocurrió: ese octubre estalló la guerra del Yom Kipur

La lista sigue: en 1978, el INR fue la única agencia que consideró que las protestas en Irán podrían acabar derrocando al sah, como ocurriría al año siguiente en la revolución iraní. En 1994 sus analistas estimaron que Argentina, pese al compromiso que Buenos Aires había adquirido públicamente, no se uniría a la fuerza multinacional que Estados Unidos estaba ensamblando para intervenir en Haití contra el régimen militar de Raoul Cédras, como así ocurrió. A principios de este siglo se opusieron a la opinión de la CIA de que Corea del Norte estaba a punto de probar un misil balístico intercontinental. Los expertos del INR creían que al país todavía le faltaba al menos una década para llegar a ese punto. Pionyang, efectivamente, tardó otros dieciséis años en hacer la prueba.

La opinión sobre Irak que nadie quería oír

Pero quizá el mayor triunfo del INR fue el haber asegurado, cuando nadie en Washington quería oírlo, que Sadam Huseín no tenía armas de destrucción masiva y que, por lo tanto, el motivo de la Administración Bush para invadir Irak carecía de solidez. El 6 de septiembre de 2001, cinco días antes del 11S, la agencia emitió un informe en el que discrepaba de la opinión de la CIA y la DIA, que consideraban que los tubos de aluminio que el Ejército iraquí había estado comprando podrían ser usados para construir centrifugadoras de enriquecimiento de uranio. Los expertos del INR explicaron que el tratamiento que Irak daba a estos tubos los hacía poco aptos para este cometido. “Se puede hacer una centrifugadora con estas cosas, pero nadie en su sano juicio lo haría”, afirma Carl Ford, el entonces director de la agencia, en el reportaje de Vox.

Otro de sus aciertos fue desmontar la alegación de que Irak había intentado comprar óxido de uranio concentrado —conocido como “torta amarilla”— en Níger, que estos analistas consideraron implausible. El principal motivo es que la extracción de uranio nigerino estaba controlada por empresas francesas sometidas a estrecha vigilancia del Estado galo, y resultaba extremadamente improbable que Francia hubiese decidido ayudar a Sadam Huseín a obtener este material. 

Estos hechos no pasaron desapercibidos en Estados Unidos cuando el país empezó a preguntarse por qué la comunidad de inteligencia se había equivocado tanto respecto al inexistente programa iraquí de armas de destrucción masiva. “La agencia que se equivocó menos fue una de las más pequeñas: una oficina del Departamento de Estado sin espías, sin satélites y con una reputación de llevar la contraria. Casi única, la Oficina de Inteligencia e Investigación no reporta ni a la Casa Blanca ni al Pentágono. Su enfoque es puramente analítico, así que no le debe lealtad a agentes particulares, imágenes de satélite o intercepciones. Evita los planes de los peores escenarios posibles que a veces piden los comandantes militares”, escribió Douglas Jehl en el New York Times en 2004. 

No fue el único medio que alabó el trabajo del INR.  “Fue la única agencia de inteligencia que se mostró consistentemente escéptica sobre si Irak tenía armas químicas o biológicas. Y advirtió antes de la invasión de 2003 sobre el probable caos político y étnico que habría en un Irak de posguerra”, señaló David Ignatius en el Washington Post. Incluso el expresidente Bill Clinton declaró ante la comisión de investigación del 11S que los memorándums del INR le resultaban más útiles que el informe diario que le preparaba la CIA. Con todo, la situación no cambió demasiado para la agencia, que continuó teniendo unos recursos limitados.  

Convertir los problemas en ventajas

Esto no significa que el INR acierte siempre. Acerca del propio Irán, emitieron un informe en 1977 que afirmaba que “hay buenas perspectivas de que Irán tenga un rumbo relativamente estable hasta al menos mediados de los años 80”, aunque a su favor hay que decir que sus analistas cambiaron de opinión a medida que avanzaban los acontecimientos en el país. También ha habido momentos oscuros: en 2009 se descubrió que uno de sus analistas, el diplomático Kendal Myers, y su mujer Gwendolyn llevaban años espiando para Cuba. Myers estaba al cargo del análisis de inteligencia sobre asuntos europeos, y como tal tenía una acreditación de seguridad del máximo nivel. Fue condenado a cadena perpetua y sigue en prisión, mientras que su esposa recibió una sentencia de 81 meses de cárcel. 

La agencia, tal y como describe el artículo de Vox, tampoco está exenta de problemas internos: los salarios son bajos y hay escasa posibilidad de promoción puesto que no hay apenas puestos de mando. A la vez, eso implica una jerarquía pequeña y una relación bastante horizontal tanto con los superiores como con el resto del Departamento de Estado, lo cual parece ser una de las claves de su éxito. Dado que el INR “está íntimamente conectado con los responsables políticos del Departamento de Estado, nunca pierde de vista lo que los consumidores de inteligencia quieren realmente: un juicio sólido”, escribió Ignatius. 

Otro de los inconvenientes convertido en una ventaja, según varios de sus empleados citados por Vox, es el hecho de que al andar tan escasos de personal, por lo general los informes son elaborados por un único analista y no son revisados por varias capas de oficiales superiores antes de su versión final, lo que evita el pensamiento grupal. Además, esta persona suele ser un auténtico experto en su campo, a menudo procedente del mundo académico o con varios años de experiencia en un país o área geográfica como diplomático. La mayoría de los y las analistas —más de la mitad de los empleados del INR son mujeres— llevan una media de catorce años dedicados a su área específica de trabajo, lo que no ocurre en otras agencias donde la rotación entre áreas es mayor.

Su otra gran fortaleza sería un subdepartamento llamado la Oficina de Investigación sobre Opinión, que lleva a cabo encuestas para evaluar el sentimiento público en todo el mundo. Gracias a ella, por ejemplo, el INR acertó —de nuevo, contra la opinión del resto de la comunidad de inteligencia— al considerar que Ucrania opondría una férrea resistencia inicial a la invasión rusa en 2022, como así ocurrió: sus encuestadores habían determinado que existía una inmensa voluntad de lucha entre los ucranianos. 

Sin embargo, en un momento en el que la inteligencia depende cada vez más de la tecnología, el INR está teniendo serios problemas para competir con las capacidades punteras de sus competidoras directas. A finales de mayo, la agencia publicó una estrategia de inteligencia de fuentes abiertas con la que espera adaptarse a los nuevos tiempos. Al fin y al cabo, los resultados del INR se basan únicamente en analizar los datos en bruto que reciben las autoridades estadounidenses, a menudo los mismos que el resto de las agencias de inteligencia del país. Sus responsables confían en que esta capacidad de hacer más con menos seguirá siendo lo que marque la diferencia.

Daniel Iriarte

Periodista y analista especializado en cuestiones de seguridad global, sobre todo en las llamadas 'amenazas híbridas'. Fue corresponsal del diario ABC en Estambul y editor de Internacional en El Confidencial, y ha sido enviado especial o reportero ‘freelance’ en más de cincuenta países.