7 de enero de 1943

7 de enero de 1943: muere Nikola Tesla, físico, inventor e ingeniero eléctrico

Estadounidense de origen serbio, Nikola Tesla fue una de las mentes más importantes entre los siglos XIX y XX con su motor de corriente alterna. Sus inventos arrojaron luz para el desarrollo tecnológico como un eje de la Segunda Revolución Industrial.
7 de enero de 1943: muere Nikola Tesla, físico, inventor e ingeniero eléctrico
Edición de una foto de Nikola Tesla tomada por Napoleon Sarony hacia 1890. Fuente: GDJ (Pixabay)

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Nikola Tesla nació en 1856 en el pueblo croata de Smiljan, entonces parte del Imperio austrohúngaro, en una familia de origen serbio. El talento de su madre para construir dispositivos mecánicos pronto despertaría su curiosidad. De niño, la fascinación por la electricidad comenzó cuando al acariciar a su gato saltaron chispas y su padre le explicó que era el mismo fenómeno que se producía en los árboles durante una tormenta.

Su etapa formativa la pasó entre Graz (Austria) y Praga, donde estudió ingeniería mecánica y física y se familiarizó con el electromagnetismo. En 1882 se trasladó a París para trabajar en una empresa de alumbrado del conocido inventor de la bombilla, Thomas Alva Edison, y dos años después emigró a Nueva York para emplearse bajo sus órdenes. Tras una vida dedicada a estudiar la electricidad y a inventos de todo tipo, Tesla fallecería en 1943 con 86 años.

La guerra de las corrientes

Nikola Tesla trabajó durante un año en una compañía de Edison mejorando su motor de corriente continua. Sus jefes le prometían un bonus por objetivos de 50.000 dólares, pero cuando se negaron a pagarle, decidió marcharse y emprender su camino en solitario.

Desde ese momento, Tesla se dedicó a dar forma a las ideas que había concebido en Graz. La principal era el motor de corriente alterna, que consideraba más útil y eficiente que la continua, en clara oposición a Edison. Con ello se desató la “guerra de las corrientes” entre ambos. En 1888, el motor de Tesla llamó la atención del empresario George Westinghouse, que adquirió la patente para aplicarlo en la transmisión de electricidad. La principal ventaja de la corriente alterna era la facilidad para transformar la tensión, lo que permitía transportar electricidad a largas distancias sin pérdidas de energía en el camino. Además, mantener sus motores era más sencillo y económico, y facilitaban la conversión en corriente directa.

En un intento de infundir desconfianza en la corriente alterna, Edison lanzó una campaña denunciando los peligros que suponía su uso. Tesla, no obstante, prevaleció apoyándose en su carácter carismático y en los espectáculos que realizaba para demostrar la seguridad de la corriente alterna. Ya en 1893, la Feria Internacional de Chicago aceptó la propuesta de Westinghouse de emplear el sistema de Tesla para iluminar el evento. Pero la confirmación de sus logros llegaría en 1895 al ganar el concurso para construir la central hidroeléctrica de las cataratas del Niágara. Como consecuencia, la corriente alterna se popularizó y terminaría extendiéndose a la mayoría de los sistemas eléctricos del mundo.

Inventos para cambiar el mundo

Más allá de la corriente alterna, Tesla revolucionó otros campos. En 1895 desarrollo un sistema para la transmisión radiofónica, pero el crédito se lo llevaría el italiano Guillermo Marconi, quien creó la radio con patentes de Tesla y ganaría el Premio Nobel de Física en 1909. Tesla también avanzó en la creación de las primeras lámparas fluorescentes, que sustituirían a la bombilla incandescente de Edison, y en el estudio de los rayos X. Más aún, inclinado por el espectáculo, demostró en 1899 que podía pilotar un barco a control remoto.

Asimismo, concibió un transformador eléctrico conocido como bobina de Tesla, que permitía transmitir altas cargas de voltaje sin necesidad de cables. Tesla trataría de llevar este principio a su máxima expresión con la Torre Wardenclyffe, una estación de telecomunicaciones que emplease la tierra como sistema de transmisión inalámbrica. Para ello convenció al inversor estadounidense J. P. Morgan de financiarla, pero la falta de resultados le cerraría el grifo.

Con todo, los inventos de Tesla sentaron las bases de la tecnología del siglo XX y, en honor a su trabajo, curiosamente recibió la Medalla Edison en 1916, la mayor distinción que otorgaba el American Institute of Electrical Engineers. Hacia el final de su vida, Tesla acabaría consumido por las deudas y por sus predicciones e inventos excéntricos —aseguró que había construido un rayo de la muerte, por ejemplo—, hasta que murió el 7 de enero de 1943 en su habitación del hotel New Yorker, donde había residido sus últimos años.

Del olvido a Tesla Motors

Tras su muerte, Tesla cayó en el olvido. A diferencia de Marconi o Edison, no buscó crear un negocio que produjera sus inventos, y la Guerra Fría tampoco jugó en su favor, pues no encarnaba los valores estadounidenses, como sí hacía Edison. Su carácter excéntrico, no obstante, atrajo a círculos del New Age en los años setenta o teorías conspirativas como el movimiento por la energía libre, que afirmaba que sus inventos podían generar energía limpia y gratuita, pero los grupos de poder lo ocultaban. Ya en el siglo XXI, el legado de Tesla fue rescatado al inspirar películas sobre su vida y al dar nombre a la compañía de automóviles eléctricos que dirige el magnate Elon Musk: Tesla Motors.

Julen Kenk

Madrid, 1999. Graduado en Historia por la Universidad Complutense. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática. Apasionado de las conexiones entre el deporte, la política y la historia.

1 comentario

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    Pedro Lopez Garzon

    El mundo reconoció su trabajo dándole su nombre a una magnitud física, el Tesla.