Las luces led no son un invento reciente, de hecho su uso ya era común en los años sesenta. Sin embargo, fue a principios de la década de 2010 cuando las ventas de ledes comenzaron a aumentar considerablemente y su uso se extendió a todo tipo de dispositivos e instalaciones. El aumento de la demanda incentivó mejoras en el producto para hacerlo más sostenible y abaratar los costes de producción. Además de ser eficientes los ledes han dejado de ser una opción cara, lo cual ha favorecido que sean utilizados cada vez más. Con un valor de 54.000 millones de dólares en 2019, se prevé que el mercado de las luces led crezca en un 13% entre 2020 y 2027. Uno de los países más beneficiados por el crecimiento de este mercado es China, que lidera la producción de ledes.
Las luces led tienen un sistema bastante diferente de las luces incandescentes o fluorescentes. Su nombre proviene de las siglas de light-emitting diode (‘diodo emisor de luz’), un diodo que se ilumina cuando la corriente eléctrica pasa por un microchip, y que dispone además de un sistema de disipación del calor que evita el exceso de temperatura. El led es mucho más eficiente, versátil y duradero que otras formas de iluminación como las bombillas incandescentes, las halógenas o las fluorescentes, lo cual ha llevado a los Gobiernos y usuarios privados a reemplazar la iluminación tradicional por ledes.
La otra cara de las políticas verdes
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