2 de diciembre de 1993

2 de diciembre de 1993: la policía colombiana encuentra y mata a Pablo Escobar

El Bloque de Búsqueda asesinó al narcotraficante más buscado del mundo tras haberlo ubicado al interceptar sus llamadas. Después de años de guerra contra el Estado, el capo dejó en Colombia un legado de violencia y delincuencia que todavía perdura.
2 de diciembre de 1993: la policía colombiana encuentra y mata a Pablo Escobar
Foto de ingreso a prisión de Pablo Escobar en 1976. Fuente: Policía Nacional de Colombia (Wikimedia Commons)

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El colombiano Pablo Escobar, hasta entonces el narcotraficante más buscado del mundo, fue abatido en Medellín el 2 de diciembre de 1993 después de haber sido interceptado al realizar unas llamadas telefónicas. La misión fue ejecutada por policías y soldados del Bloque de Búsqueda, que el Gobierno había reactivado el año anterior para capturarle tras su fuga de la cárcel. Antes conocido como Grupo Élite, este comando apoyado por la agencia antidroga de Estados Unidos llevó a cabo una guerra abierta contra el aparato criminal del cártel de Medellín, que lideraba Escobar.

De contrabandista a ser el más buscado

Pablo Escobar se inició pronto en el contrabando, hasta que con veinticinco años creó el negocio de producción y distribución de cocaína que acabaría convirtiéndose en el cártel de Medellín, la principal organización delictiva de Colombia en los años ochenta. El narcotráfico aún no estaba explotado, por lo que apenas había controles y grupos antidroga, lo que conllevó una inmensa rentabilidad.

Pronto el dinero de la droga recrudeció el conflicto armado que existía en Colombia desde los años sesenta por la propiedad de la tierra, que enfrentaba a las guerrillas revolucionarias con las fuerzas estatales y las milicias paramilitares de derecha contratadas por terratenientes. Pero el conflicto cambió con la creación de grupos paramilitares para defender el narcotráfico de las guerrillas. Cuando una de estas, el M-19, secuestró a la hermana de uno de los líderes del cártel de Medellín en 1981, los narcos crearon el grupo Muerte a Secuestradores. Ese germen del narcoparamilitarismo daría pie a una guerra contra la izquierda que permitió a estos grupos financiar campañas políticas y alcanzar puestos de poder.

Escobar también tenía el objetivo de estar en política, y para 1982 ya era congresista. Con el programa Civismo en Marcha construyó Medellín sin Tugurios, después conocido como el barrio Pablo Escobar. Los beneficios de la droga financiaron este y otros programas sociales que llenaban algunos vacíos del Estado en Medellín, lo que llevó a algunos sectores desfavorecidos de la ciudad a apoyar al narcotraficante.

Sin embargo, sus víctimas denuncian que su vida no se ha contado bien, pues la imagen popularizada por series y películas ha llegado a blanquearlo. Incluso la publicidad se ha lucrado de su leyenda, de la que Medellín aún trata de librarse, pues Escobar no solo impulsó una guerra que dejó miles de víctimas, sino que alteró los valores de la región, convirtiendo a Medellín en la ciudad más violenta del mundo.

La guerra de Pablo Escobar contra el Estado colombiano

La carrera política de Escobar terminó cuando los medios de comunicación publicaron sus actividades criminales y el líder de Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, lo expulsó de esta coalición. Al mismo tiempo, Estados Unidos, principal importador de la droga de Escobar, decidió intervenir negociando la extradición de los narcos. Aunque un sector del Gobierno colombiano se negó, otra parte apoyó la extradición.

Como respuesta, el cártel de Medellín asesinó en 1984 al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, y a otros políticos que luchaban contra la narcopolítica, como el propio Galán. El presidente Belisario Betancur reaccionó declarando la guerra contra el narcotráfico y autorizando la extradición. Fue el inicio de la guerra contra el Estado, librada por el grupo de Los Extraditables, y marcada por el narcoterrorismo.

Tras años de atentados y miles de asesinatos, el Gobierno de Colombia decidió prohibir la extradición de sus ciudadanos en la Constitución de 1991. Esto permitió a los narcos colombianos entregarse bajo unas condiciones acordadas. Así, Pablo Escobar ingresó, junto con otros miembros del cártel, en una cárcel que él mismo había construido, conocida como La Catedral, donde continuó sus negocios.

Sin embargo, ante la amenaza de ser trasladado a otra prisión, Escobar huyó sin dificultades en julio de 1992. Desde la clandestinidad desató una nueva ola de violencia, acentuada por el grupo de Los Pepes, a través del que sus enemigos le hicieron frente. Desgastado y con su familia exiliada, priorizó defenderla públicamente mediante unas llamadas telefónicas que permitieron al Bloque de Búsqueda localizarle. Con 44 años recién cumplidos, Pablo Escobar finalmente fue asesinado en el tejado de una casa en Medellín.

El narcotráfico, segmentado y al alza

La muerte de Escobar conllevó la caída de su imperio, que abarcaba la mayor parte del tráfico de cocaína. El cártel de Medellín se disolvió, pues sus principales socios también fueron capturados o asesinados. Al principio, su gran rival, el cártel de Cali, asumió el liderazgo, pero el negocio fue más allá. Aparecieron nuevos cárteles y pequeñas bandas que optaron por la discreción y una estrategia menos violenta. Incluso guerrillas como las FARC o el ELN, o algunos sectores políticos, aprovecharon para financiarse. Aparte del legado violento de Escobar, Colombia todavía es el mayor exportador de cocaína del mundo.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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