La larga historia del Festival de la Canción de Eurovisión, celebrado por primera vez en 1956, lo ha convertido en el programa de televisión más antiguo del mundo en emisión, con una audiencia media de varios cientos de millones de espectadores cada año.
Desde sus humildes inicios, con solo siete participantes, Eurovisión ha ido evolucionando hasta convertirse en el mayor festival del mundo y un elemento identitario fundamental de la cultura europea. Sin embargo, y pese a lo que de a entender en nombre del festival, Eurovisión no se constriñe solo a Europa.
El concurso musical tomó su nombre de la Red de Distribución de Televisión de Eurovisión, propiedad de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), que cubre Europa y también todo el Mediterráneo. De ahí que tenga miembros como Suiza o Jordania y que el Festival esté abierto a todos ellos.
La historia de Eurovisión es, ante todo, una historia de idiomas. En sus orígenes, durante la segunda mitad de los años 50, los 60 y principios de los 70 en Europa occidental, Eurovisión estuvo dominado por las canciones en francés. No obstante, el inglés se fue imponiendo poco a poco a medida que Francia perdía influencia y el mundo anglosajón la iba ganando. El actor del cambio fue siempre Suecia.
En 1965, el país nórdico se presentó con una canción en inglés, rompiendo la tradición hasta entonces de utilizar idiomas nacionales con, como mucho, algunas estrofas en francés. Al año siguiente se impuso la norma de que solo se podía cantar en idiomas nacionales de cada país concursante. Cuando está norma llegó a su fin en 1974, ABBA y Suecia se alzaron con la victoria cantando Waterloo. El inglés volvió a ganar en 1975 y 1976, dejando claro que los tiempos estaban cambiando. Sin embargo, este periodo solo fue un lapsus en la historia de Eurovisión, ya que la norma de poder emplear solamente idiomas nacionales se reintrodujo en 1977.
En un principio esto favoreció que Eurovisión se convirtiese en una pequeña torre de Babel de la canción, pero entre 1987 y 1996 Irlanda ganó la mitad de las ediciones cantando en inglés, mientras que Reino Unido se hizo con la edición de 1997. Los tiempos ya habían cambiado, el muro de Berlín había caído, la globalización se extendía por el mundo y poder cantar en inglés era una inmensa ventaja. Así, en 1999 la regla se levantó, y Suecia volvió a ganar cantando en inglés, mientras que los países de las islas británicas no volvieron a obtener ninguna victoria.
Desde entonces y hasta 2016 solo Serbia se alzó con una victoria cantando en un idioma diferente al inglés, aunque Ucrania consiguió dos triunfos mezclando ingles con ucraniano y tártaro de Crimea. Pese a esto, la desglobalización también se ha ido notando, y aunque el inglés sigue siendo el idioma dominante de las sinfonías, las lenguas latinas han ido recuperando posiciones, especialmente tras la reincorporación de Italia al Festival en 2011, con victorias del portugués en 2017 y del italiano en 2021 y también con mejores posiciones de Francia.
A excepción de la edición de 1997, Italia estuvo fuera de Eurovisión entre 1993 y 2011, desde la apertura del festival a Europa del Este, tras la caída del Telón de Acero, hasta la victoria de Alemania. Y es que la inmensa llegada de nuevas candidaturas fue un reto en la historia de Eurovisión. Tras diversos sistemas de preselección que no cuajaron se llegó a un sistema de semifinales y a la creación de un club de países privilegiados ―los «Big Five» o los cinco grandes (Francia, Reino Unido, España, Alemania e Italia)― que pasaban directamente a la final para evitar el descalabro económico del Festival por su ausencia. El resultado fue un concurso mucho más competitivo, con propuestas cada vez más innovadoras por parte de los países que se jugaban su pase en la semifinal, mientras que los cinco grandes se fueron quedando rezagados y perdiendo rápidamente capacidad de competir.
A su vez se fue experimentando con el televoto, empezando a tomar más importancia la puesta en escena frente a la calidad que valoraba el jurado; así, cuando el televoto se implantó obligatoriamente en 2001, se inició en periodo esperpéntico de la historia de Eurovisión, donde las propuestas se fueron volviendo cada vez más grotescas, absurdas, llamativas y estrafalarias. Intentando recuperar la calidad del Festival, en 2008 se fijó que un jurado profesional diese la mitad del voto, aunque el periodo esperpéntico siguió dando coletazos los años siguientes.
Desde 2005 hasta 2022 Eurovisión también ha sido escenario de la guerra cultural entre Ucrania y Rusia, los dos países que mejor han rendido históricamente en el concurso. Todo empezó tras la Revolución Naranja ucrania que enfrentó a prorrusos y proeuropeos en 2004. Ucrania había ganado el Festival poco antes del estallido de las protestas, por lo que debía de ser el país anfitrión en la edición siguiente, en la que presentaron el himno de la Revolución Naranja como canción a concurso.
Eurovisión lleva años viviendo la guerra entre Rusia y Ucrania
En 2015, y tras la anexión Rusa de Crimea, Ucrania ganó Eurovisión con un tema sobre la deportación de los tártaros de Crimea durante la época de la URSS. La canción levantó las protestas de Rusia por su carácter político, pero fue aceptada por la UER por tratarse de un hecho histórico y una experiencia personal de la artista y su familia. No obstante, la situación se enturbió más cuando Ucrania prohibió la entrada a la representante rusa por haber estado en Crimea apoyando la invasión rusa, de acuerdo con su legislación nacional.
La historia del conflicto de Ucrania y Rusia en Eurovisión parece haber llegado a su fin en 2022: Rusia ha abandonado la UER tras haber sido suspendida del concurso debido a la invasión de Ucrania, «opuesta a los valores del festival». Lo que, eurovisivamente hablando, es una clara victoria ucraniana.






