Eurovisión lleva años viviendo la guerra entre Rusia y Ucrania

Rusia y Ucrania llevan años trasladando sus disputas al festival de Eurovisión. Desde la Revolución Naranja en 2005 a la invasión de Crimea en 2014, y ahora con la guerra, el festival ha sido testigo de la escalada de tensiones entre ambos países, que aprovechan el concurso para hacer propaganda.
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Eurovisión lleva años viviendo la guerra entre Rusia y Ucrania
Kalush Orchestra cantando su canción Stefania. Fuente: Vídeo de la actuación para el Eurovision Song Contest 2022.

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Lejos de bambalinas y glamour, la delegación de Ucrania en Eurovisión 2022 se prepara para la batalla. Los miembros de Kalush Orchestra han ensayado Stefania, una oda a la maternidad que se ha convertido en un himno de la resistencia a la invasión rusa, mientras reparten medicamentos y colaboran con las milicias de defensa territorial. El grupo, que se planteó actuar desde un búnker, es el favorito para ganar el concurso y así derrotar a Rusia, si no militarmente, al menos ante el jurado de la opinión pública.

Con versos como “levantará dos puños como balas” y “siempre encontraré el modo de regresar a casa aunque todos los caminos estén destruidos”, la canción es una herramienta más del arte de la guerra. Un llamado a apoyar a Ucrania con compases que mezclan el rap, el folk y la música tradicional local. La edición de 2022 no es la primera en la que Ucrania y Rusia se lanzan misiles en una guerra que lleva años también en los escenarios. Sin embargo, sí es la única en la que la organización del concurso ha abandonado su neutralidad al descalificar al país invasor, poniendo fin al sueño de una Europa unida a través de las canciones.

El himno de la Revolución Naranja, a concurso

Desde que Ucrania entró en Eurovisión, su participación ha estado envuelta en polémicas. El país acogió el concurso por primera vez en 2005 y quiso aprovechar la oportunidad de demostrar modernidad y televisar su oposición a Rusia. “No a las falsificaciones… No a las mentiras. Yúshchenko / ¡Sí! Yúshchenko / ¡Sí! Este es nuestro presidente / ¡Sí, sí!”, decía la letra original de la canción que Kiev eligió para competir, un himno de la Revolución Naranja que había sacudido al país meses antes.

A principios de 2004, las acusaciones de corrupción y fraude electoral contra el candidato prorruso, Víktor Yanukóvich, habían llevado a miles de personas a las calles de Kiev. En este contexto la canción Razom nas bahato, nas ne podolaty (‘Juntos somos muchos, no podemos ser derrotados’) se concibió como una muestra de apoyo a Víktor Yúschchenko, el candidato prooccidental y víctima de un presunto intento de envenenamiento por parte del Kremlin. Tras una segunda ronda de elecciones, Yúshchenko fue confirmado como presidente, y eligió este himno, cuya letra tuvo que modificarse, como carta de presentación de una nueva Ucrania europeísta y democrática.

Una canción sobre 1944 ¿o 2014?

Diez años después, en invierno de 2014, Rusia se anexionó la península ucraniana de Crimea. Para una parte de la población local era un recuerdo amargo de 1944, cuando 230.000 tártaros habían sido deportados de la zona, acusados de colaborar con los nazis. Entre las miles de víctimas estaban la familia de Jamala, la representante ucraniana de Eurovisión en 2016. La artista se inspiró en esa experiencia para escribir 1944, una de las canciones más polémicas de la historia eurovisiva.

Con versos como “Vienen a tu casa, te matan y dicen: ‘No somos culpables’”, el tema condenaba el trato de Moscú contra el pueblo tártaro, aunque podía interpretarse como una protesta por la invasión reciente. Sin embargo,  al no hacer referencias explícitas a la anexión y centrarse en un punto de vista personal y de memoria histórica, la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del certámen, aceptó considerar la canción como apolítica.

La letra, claro, no fue bien recibida en Moscú. El Gobierno solicitó la descalificación de Ucrania y la representante del Ministerio de Asuntos Exteriores, María Zajárova, llegó a proponer que Rusia presentara una canción sobre el presidente sirio Bashar al Asad. La diputada Elena Drapeko, por su parte, usó 1944 como ejemplo de cómo la comunidad internacional “demonizaba” a su país. Pero las quejas de Rusia cayeron en saco roto y Ucrania no solo participó, sino que ganó. Y a pesar de todo, los lazos entre las dos naciones se mantuvieron en el voto popular, en el que Ucrania recibió diez puntos de Rusia y le concedió doce.

Rusia, abucheada y vetada

Ya desde 2009, cuando Georgia presentó la canción We don’t wanna put in, un juego de palabras con el nombre de Vladímir Putin contra la invasión rusa del país del año anterior, los países exsoviéticos han aprovechado los focos de Eurovisión para expresar su oposición a la política del Kremlin. Pese a ser uno de los países con más éxito, Rusia también ha sido la más impopular en el escenario eurovisivo.

En los concursos que siguieron a la invasión de Crimea y a la aprobación de la “ley contra la propaganda homosexual” rusa en 2013, la oposición pública fue evidente. “No recuerdo la última vez que oí al público de Eurovisión abuchear a nadie; durante la guerra de Irak de 2003 nadie abucheó a Reino Unido”, escribió el editor de la revista The Spectator, Fraser Nelson. El rechazo en 2014 fue tan fuerte que la organización tuvo que instalar por primera vez “tecnología antiabucheos”, para proteger a la representante de Rusia.

Pese a la polémica, el mejor resultado de Rusia en Eurovisión llegó en 2015, un año después de la anexión de Crimea.

La tensión alcanzó nuevas alturas en 2017, con Ucrania como anfitriona tras la victoria de 1944. A pesar, o debido a la relevancia, del concurso, el país mantuvo las prohibiciones de entrada al país a personas que hubieran visitado Crimea después de 2014. Por ello, cuando se descubrió que la representante rusa, Yulia Samóilova, había actuado en la península y apoyado la invasión en redes sociales, las autoridades ucranianas cancelaron su visado y prohibieron televisar una actuación suya desde Rusia. 

Como respuesta, Rusia se retiró del concurso, pero no en silencio. El diputado Vitali Milónov describió a su país como “invitados no deseados en un país tomado por fanáticos”, mientras que un comunicado de la cadena pública rusa Piervy Kanal señaló que Ucrania había perdido la oportunidad de “parecer un país civilizado”. Aunque la UER se mostró en desacuerdo con la decisión y su directora general, Ingrid Deltenre, criticó que era un comportamiento “completamente inaceptable”, no pudo evitar el boicot ruso a la competición.

Ucrania como favorita en el año de la guerra

El público ucraniano, no obstante, no siempre ha apoyado politizar Eurovisión, ya que perjudica a sus candidatos. En 2019, Maruv renunció a representar al país cuando supo que el contrato la obligaría a cancelar sus actuaciones en Rusia. Como ningún otro artista aceptó ocupar su puesto, Ucrania se vió forzada a retirarse diciendo que Eurovisión había arrojado luz sobre la conexión de sus artistas “con un Estado agresor”. La situación parecía destinada a repetirse en 2022: la representante de Ucrania, Alina Pash, fue vetada por haber visitado Crimea en 2015, y tuvo que ser reemplazada por Kalush Orchestra. 

El concurso nunca había tenido dos participantes en guerra, y este año tampoco los habrá. Al principio la UER se mantuvo fiel a sus principios, permitiendo la participación de Rusia y Ucrania, pero pronto se retractó al afirmar que la presencia de la primera “desacreditaría” el concurso. Kiev, por su parte, aprovechará la plataforma para pedir apoyo a la defensa de su país con sus nuevos representantes. “Para Ucrania, este es el año más importante de Eurovisión”, dijo Oleg Psiuk, miembro de Kalush Orchestra, a The Guardian. “Ante todo, nos gustaría tener la victoria en el frente, pero en este momento cualquier victoria es significativa e importante”.

Eurovisión siempre ha sido política, pero mientras antes se enmarcaba en un contexto de paz y coexistencia de distintas identidades nacionales que dejaban el resto entre bastidores, la edición de 2022 puede convertirse en una muestra abierta de apoyo popular a Ucrania, la favorita indiscutible para ganar el concurso.