Una guerra arancelaria tiene efectos en los mercados bursátiles, las cadenas de suministro, la estrategia de las empresas y los precios de los bienes para los consumidores, lo que puede llevar a una recesión en uno o más países involucrados. En ese sentido, los aranceles anunciados por el presidente estadounidense Donald Trump el pasado 2 de abril a países de todo el mundo han aumentado las probabilidades de una recesión global.
Esta recesión global podría darse por varios factores. Uno de ellos es la incertidumbre por las políticas de Trump, que frena a inversores y empresas y con ello ralentiza la economía. De hecho, el índice de incertidumbre de la política comercial global elaborado por un grupo interuniversitario estadounidense está en máximos históricos. Otro factor son los propios efectos de los aranceles estadounidenses y las posibles respuestas de otros Estados, que aumentarían los precios en las economías involucradas, disminuyendo el consumo. En esa línea, la caída de la actividad económica podría provocar una recesión en Estados Unidos que a su vez contagiaría sus efectos a nivel global, dada su importancia en el comercio internacional.
De guerra de aranceles al riesgo de recesión
Una guerra comercial es un conflicto económico por el cual un Estado aplica medidas como los aranceles sobre las exportaciones de otros países, los cuales responden con represalias para defender sus economías. De esta forma, los precios de los productos extranjeros resultan más caros y los consumidores reducirán el consumo de estos, optando por bienes más baratos de origen nacional.
Sin embargo, una guerra arancelaria también puede encarecer los productos nacionales y llevar a un aumento generalizado de los precios. Esto se debe a que hay materias primas y bienes intermedios que no todos los países tienen o no en suficiente abundancia. Por lo tanto, imponer aranceles sobre ellos no sólo encarece el producto final exportado, sino también los productos nacionales que usan estos bienes intermedios en su proceso de producción.
Ante este aumento de precios en los recursos utilizados, los costes de producción también aumentan y las empresas trasladan este incremento a los precios del producto final que recae sobre los consumidores, disminuyendo su poder adquisitivo. Esta reducción del poder adquisitivo de las familias genera nuevos efectos, pues los consumidores gastan menos, lo que a su vez hace que las empresas produzcan menos y generen menos ingresos, lo que aumenta el desempleo y reduce el ritmo de la actividad económica del país.
A su vez, la reducción de la actividad económica puede derivar en una recesión. Una recesión es un descenso de la actividad de una economía durante un periodo de tiempo determinado, normalmente dos trimestres consecutivos. Las recesiones pueden estar causadas por la sobreoferta de bienes y servicios, la especulación en los mercados, los efectos de la incertidumbre o por shocks con grandes efectos económicos, como el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007 o la pandemia de la covid-19 en 2020. El crecimiento negativo del producto interior bruto (PIB), un aumento del desempleo o la caída de las bolsas de valores son algunas señales que muestran las economías cuando entran en recesión.
La amenaza de Trump
El pasado 2 de abril, Trump anunció aranceles del 10% a todas las exportaciones con destino Estados Unidos y tasas adicionales a sesenta países. Como primer resultado, las bolsas tuvieron desplomes históricos en Estados Unidos, Europa y Asia durante los días siguientes debido a la incertidumbre. Además, China y Washington han anunciado nuevas represalias entre sí. Con ello es probable que suban los precios en Estados Unidos. Diversos expertos ya han alertado que es posible una recesión en Estados Unidos, y según J. P. Morgan la probabilidad de una recesión global es del 60%. La Reserva Federal de Atlanta también estima una contracción de la economía estadounidense del 0,8% en el primer trimestre de 2025. El desempleo se mantiene estable, aunque se espera que pueda aumentar en los siguientes meses.

Una recesión en Estados Unidos no es sólo un problema nacional, pues la ralentización de la mayor economía del mundo repercute en el resto de países. El mercado estadounidense es el más grande del mundo en gasto de consumo personal, por lo que, ante una recesión, los consumidores limitan su demanda de bienes. La reducción en el consumo e inversiones, unido a la alta incertidumbre ante las políticas de Trump, limitan las estrategias empresariales y reduce el ritmo económico. Y debido a la globalización y el papel de las multinacionales, este efecto podría trasladarse al resto de países. De hecho, el desempleo en la Unión Europea podría aumentar en los próximos meses debido a la guerra arancelaria de Trump.
Asimismo, con una guerra arancelaria Estados Unidos también corre el riesgo de entrar en un periodo de estanflación. Es decir, una fase en la que coinciden recesión e inflación. Esta ralentización económica junto con un aumento generalizado de los precios pondría a la Reserva Federal estadounidense ante dos problemas que requieren soluciones contradictorias. Frente a una recesión, una medida suele ser reducir los tipos de interés para incentivar el consumo y las inversiones, mientras que frente a una inflación se suelen aumentar los tipos de interés para reducir la subida de precios.







