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Es posible ganar las elecciones presidenciales en Estados Unidos perdiendo en voto popular porque el sistema de votación es indirecto. Estados Unidos es una república presidencialista, pero, a diferencia de la mayoría de países con este sistema, el ganador de las elecciones no sale del voto ciudadano. En este caso, los comicios se celebran cada cuatro años, el martes después del primer lunes de noviembre, pero sus resultados sirven para componer el Colegio Electoral. Los miembros de este órgano, conocidos como compromisarios, nombran en diciembre al nuevo presidente, que toma posesión en enero después de que lo certifique el Congreso.
Los cincuenta estados de Estados Unidos cuentan con un número de compromisarios del Colegio Electoral de acuerdo a su población.El candidato más votado se los lleva todos en la gran mayoría de estados, menos en Maine y Nebraska, donde el reparto es proporcional. Por tanto, los candidatos buscan ganar en cada estado para asegurarse la mayoría de los compromisarios totales. De esta manera, un candidato puede conseguir la mayoría de compromisarios sin ganar en votos en el conjunto del país.
De hecho, esta situación se ha dado cinco veces: en 1824, 1876, 1888, 2000 y 2016, esta última cuando Donald Trump derrotó a Hillary Clinton con casi tres millones de votos menos. Además, los compromisarios no están obligados a votar por el candidato que ha ganado su estado, lo cual ha provocado trasvases, aunque no son frecuentes ni suelen cambiar el resultado. La última vez fue en 2016, cuando siete compromisarios cambiaron su voto para apoyar a terceros candidatos.
El Colegio Electoral estadounidense cuenta hoy en día con 538 compromisarios. Para ganar las elecciones presidenciales, un candidato debe reunir el apoyo de al menos 270. En los comicios del próximo 5 de noviembre entre Donald Trump y Kamala Harris, los estados que más compromisarios repartirán son California (54), Texas (40) y Florida (28). Los que menos serán Alaska, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Delaware, Vermont y Wyoming, con tres cada uno. A ellos se suma Washington D. C., que aunque no es un estado participa desde 1961 con máximo el mismo número de compromisarios del estado menos poblado.
En Estados Unidos, las elecciones presidenciales coinciden con elecciones legislativas. El Congreso está compuesto por el Senado y la Cámara de Representantes. Si ningún candidato presidencial consigue al menos 270 compromisarios del Colegio Electoral, la Cámara recién elegida escogerá al nuevo presidente. Pero en este caso los miembros de la Cámara no ejercen su voto de forma individual, sino agrupados en cincuenta delegaciones estatales. Cada delegación está compuesta por los representantes de su estado y tiene un sólo voto, equiparando a los estados más poblados y a los menos. Pero es una situación muy improbable: sólo se ha producido en 1824, cuando la Cámara eligió como presidente a John Quincy Adams.
Las elecciones en Estados Unidos: un sistema particular
La idea del Colegio Electoral se remonta al propio origen de Estados Unidos a finales del siglo XVIII. Los padres fundadores concibieron el sistema de votación indirecta para la elección del presidente como solución intermedia entre los partidarios del voto directo y quienes defendían que el mandatario debía ser elegido por el Congreso. Desde entonces, el sistema se adaptó en los siglos XIX y XX conforme aumentaba la población, el territorio y el número de estados del país.
Sin embargo, la votación indirecta ha sido criticada por su escasa representatividad de la voluntad popular. La mayoría de los estadounidenses apoyan la eliminación del Colegio Electoral, pero cambiar el sistema requeriría enmendar la Constitución y ninguna alternativa ha salido adelante. Como consecuencia, las elecciones presidenciales se deciden sobre todo en unos pocos swing states, o ‘estados bisagra’: a diferencia del resto, en estos estados las encuestas no le dan una ventaja clara a ningún candidato. Por lo tanto, conseguir los miembros del Colegio Electoral en estos territorios resulta clave para la victoria. En las elecciones de 2024 los swing states son siete: Arizona, Carolina del Norte, Georgia, Míchigan, Nevada, Pensilvania y Wisconsin, que reparten 93 compromisarios, el 17% del total.






