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Tras el ataque de Hamás a Israel, pronto se comparó el conflicto palestino-israelí con la guerra entre Rusia y Ucrania. Ucranianos y palestinos luchan por su existencia contra una potencia más poderosa. Sin embargo, Gobiernos de todo el mundo han defendido a unos y no a los otros. La Comisión Europea o Alemania, firmes apoyos de Ucrania, han respaldado a Israel en su ofensiva contra Gaza para castigar a Hamás. Pero Francia o Berlín también han prohibido las manifestaciones en favor de Palestina. Del otro lado, aliados de Rusia comparten sus justificaciones para invadir Ucrania, como la “desnazificación”, mientras tratan de “genocida” al Estado de Israel.
Muchos palestinos y extranjeros han señalado esta doble moral. Sin dejar de condenar los crímenes de Hamás, insisten en que Israel comete crímenes de guerra contra los palestinos sin que se le pida rendir cuentas. Pero las vidas palestinas valen lo mismo que las ucranianas. Son guerras con historias muy diferentes, pero ambos pueblos viven bajo el yugo de una potencia expansionista. No obstante, la solidaridad es selectiva: se defiende a Ucrania o a Palestina. Rara vez a ambas.
Hamás y Azov: en busca de un chivo expiatorio
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