Las teorías de las relaciones internacionales son las corrientes que explican el funcionamiento del sistema internacional en la disciplina. Las relaciones internacionales son parte de las ciencias sociales, por lo que su objeto de estudio —las interconexiones entre Estados, organizaciones intergubernamentales, ONG, empresas transnacionales y grupos humanos— es cambiante y difícil de medir.
Mientras que ciencias naturales como la física o la química pueden plantear leyes universales siguiendo el método científico, las ciencias sociales sólo pueden teorizar sobre cómo funciona aquello que estudian. En el estudio de lo internacional han surgido distintas que se contradicen o complementan. Una división común es la de las teorías clásicas —realismo, idealismo o liberalismo y sus derivadas— frente a las teorías críticas —marxismo, teoría crítica, poscolonialismo, feminismo y la teoría verde o ecologismo—. Todas han evolucionado y contienen sus propias ramas y contradicciones.
Las teorías clásicas
El realismo es la teoría clásica por excelencia. Se inspira en los escritos de pensadores como Tucídides, Maquiavelo, Sun Tzu o Clausewitz, es decir, aplica la visión pragmática o egoísta del comportamiento humano al sistema internacional. Fue influyente en la construcción de la rama de la geopolítica en las relaciones internacionales y durante la Guerra Fría. Los realistas explican el mundo fijándose en el comportamiento de los Estados, que entienden como la unidad básica de las relaciones internacionales.
Según el realismo, el mundo es una anarquía donde los Estados compiten para sobrevivir. Cuanto más poderosos sean, más probabilidades tienen de lograrlo. Así, un equilibrio de poder asegura un sistema internacional pacífico: o todos los Estados tienen el mismo poder, o algunos imponen el suyo. Las normas se aceptan por conveniencia o imposición, pero la competición y el pragmatismo siempre estarán presentes. Algunos de sus pensadores más destacados son Hans Morgenthau, Kenneth Waltz o John Mearsheimer.
Para el idealismo o liberalismo, este equilibrio de poder no basta para asegurar un orden internacional pacífico. Hacen falta más elementos. El principal son las instituciones internacionales, espacios que garantizan la cooperación y la convivencia entre Estados. Naciones Unidas, la Unión Europea u otros tratados y acuerdos son ejemplos de ello. De hecho, una de las corrientes del idealismo, el neoliberalismo o institucionalismo, coloca a las instituciones como un actor internacional equiparable a los Estados.
Otros liberales argumentan que la democracia o el comercio también son factores que favorecen la paz, ya que los países democráticos o aquellos que tienen lazos económicos serán menos propensos a atacarse. El filósofo Immanuel Kant y su ensayo Sobre la paz perpetua es el precursor clásico del liberalismo, al que han contribuido teóricos como John Ikenberry, Robert Keohane o Joseph Nye.
Las teorías críticas: otras relaciones internacionales
Por su parte, las teorías críticas han sido reacciones al funcionamiento del sistema internacional y a las teorías clásicas. La primera teoría crítica es el marxismo aplicado a la disciplina. Pensadores como Rosa Luxemburgo o el propio Vladímir Lenin estudiaron el imperialismo como lógica de dominación capitalista. Otra rama es la teoría crítica propiamente dicha, heredera del marxismo y del concepto de hegemonía acuñado por Antonio Gramsci. Su principal referente es Robert Cox. Los críticos abogan por la visión histórica de la realidad internacional a la hora de estudiar las dinámicas de poder en el orden global.
Otra teoría crítica es el poscolonialismo, que entiende el sistema internacional actual como heredero del colonialismo y señala las desigualdades que sigue generando. Así, divide el mundo en un norte o “centro” rico que coincide con las antiguas metrópolis y un sur o “periferia” pobre que corresponde con las excolonias. Una obra central del poscolonialismo es Orientalismo, de Edward Said, que analiza cómo ese norte narra al sur: atrasado, bárbaro, exótico o inferior, asentando esas desigualdades a través del lenguaje. Otros representantes de esta corriente son Gayatri Spivak, Homi Bhabha o Ngũgĩ wa Thiong’o.
Finalmente, el feminismo y el ecologismo tienen multitud de aplicaciones en relaciones internacionales. Una de las aportaciones más importantes del feminismo es en el estudio de la seguridad. Teóricas como Donna Pankhurst o Radhika Coomaraswamy argumentan que el concepto clásico de seguridad es incompleto, porque no consideran la seguridad humana ni incluyen la violencia específica que sufren las mujeres. Por su parte, la teoría verde pone en el centro el cambio climático, sus efectos en el sistema internacional y cómo debe combatirlo. Algunos de los debates que exploran pensadores como Kate O’Neil, David Schlosberg o Matthew Paterson son el impacto desigual de la crisis climática, su inclusión o no como un problema de seguridad o si los Estados son una organización política apta para combatirla.