¿Cuál es el origen del árbol de Navidad?

Los árboles de Navidad son una de las tradiciones más extendidas en el mundo. Su historia bebe de culturas antiguas, se difundió por Europa tal y como lo conocemos y tanto la reina Victoria como la Segunda Guerra Mundial propiciaron su auge en los hogares
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¿Cuál es el origen del árbol de Navidad?
Fuente: Pxhere

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El origen del árbol de Navidad son tradiciones de culturas antiguas que tomaron forma y se extendieron en Europa desde el siglo XVI y se popularizaron en el XIX y XX. Es un elemento decorativo, generalmente un abeto natural o artificial, propio de la época navideña. Se suele decorar con bolas, luces, figuras y una estrella en su punta, y es una de las tradiciones más extendidas en el mundo.

Dioses y disputas en Europa

La adoración a los árboles o su uso festivo procede de rituales paganos de culturas antiguas. Los romanos celebraban las Saturnales en el solsticio de invierno, en honor al dios Saturno, decorando sus casas y los templos con ramas de árboles perennes e intercambiando regalos. Los babilonios también dejaban regalos debajo de árboles, y los egipcios llenaban sus casas de palmeras en honor a Ra, el dios del sol.

Por su parte, distintos pueblos nórdicos de Europa adornaban un árbol para celebrar el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad. Este árbol representaba a Yggdrasil, el árbol del universo. Se dice que el obispo anglosajón Bonifacio de Maguncia, al ver esta celebración pagana durante su misión evangelizadora en el siglo VIII, cortó el árbol y en su lugar plantó uno perenne, como símbolo del amor de Dios y la vida eterna. 

Con todo, la tradición del árbol de Navidad como la conocemos procede de la actual Alemania en el siglo XVI. Las poblaciones germánicas decoraban sus casas el 24 de diciembre, fecha relacionada con Adán y Eva, con representaciones de árboles como la “pirámide de Navidad”, una construcción de madera con hojas, figuras y una estrella. Asimismo, se atribuye la tradición de poner velas en el árbol al reformista Martín Lutero, quien en 1536 buscó imitar un cielo estrellado visto a través de las ramas de un árbol.

Sin embargo, no está claro dónde se levantó el primer árbol de Navidad en una plaza. Letonia alega que fue en Riga en 1510, mientras que Estonia lo sitúan en Tallín en 1441. No hay consenso entre los historiadores, pero sí hay registros de la colocación de un árbol de Navidad en la catedral de Estrasburgo, entonces ciudad germánica, en 1539. Esta tradición se extendió por Europa en los siglos XVII y XVIII.

De la reina Victoria y la guerra a los árboles de Navidad artificiales

La tendencia internacional de colocar árboles de Navidad se popularizó gracias a la reina Victoria del Reino Unido. En 1848, la revista Illustrated London News publicó una ilustración de la familia real junto a un árbol de Navidad decorado. Dos años más tarde, una revista estadounidense modificó la imagen para que pareciese una familia de Estados Unidos, donde la tradición también se extendía desde el siglo XIX.

Sin embargo, el árbol de Navidad natural dio paso al artificial con la Segunda Guerra Mundial. El conflicto complicó la producción y distribución de abetos, pues faltaba mano de obra para talarlos y los precios se dispararon. Ello propició la producción de árboles artificiales como los conocemos, que se masificaron con el diseño del piloto estadounidense Si Spiegel. Tras la guerra, el árbol de Navidad también se volvió una herramienta diplomática: desde 1947 Noruega envía uno cada año al Reino Unido para agradecer su ayuda.

Desde entonces, el uso de árboles de Navidad artificiales ha aumentado en todo el mundo, pero los naturales perviven. Según una encuesta de 2023 de Statista Consumer Insights, mientras que en Estados Unidos el 24% de los encuestados decían que pondrían en casa un árbol de Navidad natural frente a un 46% que pondría uno artificial, en Alemania lo harían el 44% y 27%, respectivamente.

Un producto masivo

Los árboles de Navidad también son todo un elemento cultural y económico. Por un lado, el encendido de algunos árboles se ha vuelto una parada turística, como el del Rockefeller Center en Nueva York, que atrae a unos 500.000 turistas al año. Por otro lado, China produce casi el 90% de las luces y decoración navideña del mundo, árboles incluidos, en especial en la ciudad de Yiwu. Además, cada año se venden entre veinticinco y treinta millones de árboles de Navidad sólo en Estados Unidos.

Pese a toda esa popularidad, no en todo el mundo se usa un abeto o un árbol como decoración navideña. Por ejemplo, en algunos países se usan especies autóctonas, como la araucaria en Chile o el pohutukawa o mirto en Nueva Zelanda. Asimismo, en Grecia es tradición iluminar los “barcos de Navidad”, en honor al patrón de los marineros, san Nicolás, el mismo que inspiró el personaje de Papá Noel.

Natalia Ochoa

Toledo, 2000. Estudiante de Relaciones Internacionales y Economía en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Interesada en la geopolítica, la economía, los movimientos sociales y la cultura.