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Israel finalmente ha respondido al ataque de Irán. Al bombardeo inicial contra el consulado iraní en Damasco y la represalia de Teherán con drones y misiles balísticos sobre suelo israelí se ha sumado este viernes un nuevo ataque de Israel a una base militar de la República Islámica. El impacto aún se desconoce y mantiene viva la tensión, pero el despliegue menor apunta más a zanjar la crisis que a una guerra.
La escalada entre Irán e Israel se suma a la lista de crisis internacionales recientes: la invasión rusa de Ucrania, la ofensiva de Azerbaiyán sobre el alto Karabaj, la creciente presión de China sobre Taiwán, el ataque de Hamás sobre Israel, la invasión israelí de Gaza o el ataque de Dáesh en Rusia. Sumando la posible victoria de Donald Trump en Estados Unidos y el regreso del servicio militar obligatorio en Europa, han aumentado las alarmas de “Tercera Guerra Mundial” o de una gran guerra en Oriente Próximo.
Sin embargo, sólo al Gobierno israelí le interesa una guerra regional para desviar la atención de Gaza. El bombardeo de Irán fue en respuesta a otro ataque y estaba diseñado para evitar bajas. En Oriente Próximo no interesa que la situación escale, e incluso algunos países han ayudado militarmente a Israel. Estados Unidos ya ha dicho que no apoyaría esa guerra, y China y Rusia también han llamado a la moderación. En todo caso, hasta las mayores guerras en la región se han reconducido sin ramificaciones globales.
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