La victoria del peronista Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de 2019 puso fin al paréntesis liberal de su antecesor, Mauricio Macri. Tras asumir el cargo en enero de 2020, el principal desafío de Fernández era negociar el pago de la deuda argentina con los acreedores internacionales y relanzar el crecimiento económico del país. El Gobierno comenzó esas negociaciones y lanzó un paquete de medidas sociales de choque en sus primeros dos meses. El peronismo, que antes que Fernández habían abanderado otros mandatarios argentinos como el matrimonio Kirchner, parecía iniciar su retorno al poder por buen camino. Sin embargo, la llegada de la pandemia a Argentina obligó al presidente a concentrarse en la crisis sanitaria.
El Gobierno argentino decretó el confinamiento el 20 de marzo de 2020, con la consecuente paralización económica y social. Con más de 765.000 contagiados y 20.000 muertos, Argentina tiene una tasa de mortalidad menor que Brasil, Chile, Perú o México, pero es uno de los países más afectados por la pandemia. La cuarentena no ha dado los resultados esperados. Mientras que en España o Francia se habla ya de segunda ola, Argentina sigue en una primera ola perpetua. Su confinamiento, que ha variado por territorios, es el más largo del mundo junto con el de Manila, la capital de Filipinas, y seguirá vigente al menos hasta el 11 de octubre. Si bien las negociaciones con los acreedores internacionales privados llegaron a buen puerto a finales de agosto, la crisis económica y la tensión social se han agravado.
La crisis económica se agrava
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