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Cómo Bolsonaro ha conseguido salir reforzado de la pandemia

Cómo Bolsonaro ha conseguido salir reforzado de la pandemia
Fuente: Palácio do Planalto (Flickr)

Brasil es uno de los países más afectados por el coronavirus, y la gestión de su Gobierno ha sido muy criticada. Sin embargo, el presidente Bolsonaro ha mantenido el apoyo de las clases populares repartiendo cuantiosas ayudas económicas de emergencia a millones de personas. Aunque todavía se registran mil casos nuevos al día, gran parte de los brasileños da por terminada la pandemia y empieza a compartir la postura inicial del presidente, que apostó por salvar la economía quitando importancia al virus y ahora sale reforzado de la crisis.

Brasil es el segundo país con más muertes por coronavirus en cifras absolutas solo por detrás de Estados Unidos: casi 140.000 fallecidos y más de 4,5 millones de contagios a finales de septiembre. En los últimos meses la gestión del presidente Jair Bolsonaro ha sido objeto de duras críticas a nivel internacional. Bolsonaro restó gravedad al virus llamándolo “pequeña gripe” en mayo y ha promovido el uso de medicamentos ineficaces para tratar a los contagiados. El Gobierno ha pasado por alto las recomendaciones de los expertos y ha priorizado la supervivencia de la economía evitando cerrar negocios y escuelas e imponer confinamientos. Incluso cuando los contagios y muertes no dejaban de crecer fueron los gobernadores y alcaldes, y no el Gobierno nacional, los que impusieron medidas de distanciamiento social.

Pero aunque la gestión de Bolsonaro ha sido muy criticada, muchos brasileños han visto con buenos ojos su decisión de priorizar la economía. Millones de trabajadores brasileños necesitan trabajar cada día para sustentar a sus familias y no habrían aceptado quedarse en sus casas. Ahora, cuando la pandemia empieza a remitir, esa realidad está jugando a favor del presidente.

Un programa de ayudas insostenible

A su llegada a la presidencia en 2019, Bolsonaro situó al mando de la economía del país a un grupo de economistas liberales que en su primer año de gobierno privatizaron un gran número de empresas públicas. Para entonces la economía del país estaba recuperándose tras una crisis en 2015 y 2016, y aunque el crecimiento económico era del 1,2%, se esperaba que subiese hasta el 2,4% en 2020. El desempleo, que había llegado en 2017 a niveles máximos de casi el 14%, estaba cayendo desde la llegada de Bolsonaro al poder, aunque seguía en un preocupante 11,2%. Sin embargo, la pandemia empeoró la situación económica, aumentando el desempleo y forzando a miles de personas al trabajo informal. Para no perder el apoyo popular, Bolsonaro necesitaba mantener el crecimiento económico y paliar las consecuencias de la crisis en los trabajadores. Su acierto en esas circunstancias ha sido poner en marcha un generoso sistema de ayudas económicas. 

Alejándose de las medidas liberales del inicio de su mandato, el Gobierno puso en marcha en abril un sistema de ayudas de emergencia con un coste de 98.000 millones de reales brasileños (unos 17.000 millones de euros) dirigidas a apoyar a trabajadores informales, autónomos, desempleados y pequeños empresarios durante la crisis. Aunque fue la oposición la que inicialmente llevó la propuesta de las ayudas al Congreso, Bolsonaro supo aprovechar la oportunidad y se apropió rápidamente de la iniciativa. Meses más tarde, la mayoría de la población no sabe que la propuesta provenía de la oposición, lo que ha impedido que esta capitalice su éxito. Desde la aprobación de la medida, unos 66 millones de brasileños, el 30% de la población, ha recibido una ayuda mensual de seiscientos reales brasileños, que equivalen a unos 95€.

Estas transferencias han tenido un impacto notable: para muchos brasileños, la ayuda es un ingreso mayor que el que tenían antes de la pandemia. Gracias a esta medida, la pobreza y la desigualdad han caído en todo el país al nivel más bajo en dieciséis años. Las transferencias también se han notado en las encuestas, que apuntan a que la desaprobación del presidente se ha reducido entre la población con menores ingresos. Con todo, los economistas alertan de que estas costosas ayudas, el mayor proyecto de gasto social de la historia de Brasil, son insostenibles. Antes que este programa, la referencia para proyectos de gasto social en el país era Bolsa Familia, el programa de ayudas del Gobierno de Lula da Silva de 2003, que fue recortado por Bolsonaro a su llegada al poder en 2019. Bolsa Familia costaba unos 30.000 millones de reales al año, mucho menos que las ayudas de Bolsonaro, cuyo gasto anual se estima en unos 200.000 millones de reales.

Si las ayudas ya tenían un coste inasumible, las perspectivas de una crisis económica en Brasil agravan la situación. En junio el FMI proyectó una caída del 9,1% del PIB durante 2020, que junto con el creciente desempleo y la inestabilidad política plantea un escenario complicado para el país. A pesar de ello, Bolsonaro es consciente del gran rédito político de las ayudas, y prevé extenderlas hasta diciembre de 2020. Para recortar su coste, el Gobierno reducirá las asignaciones a más de la mitad.

Bolsonaro se asegura los apoyos 

No todos en Brasil han pasado por alto las polémicas declaraciones de Bolsonaro durante la pandemia. Sobre todo las clases medias y altas con más estudios han tachado al presidente de ignorante por restar importancia al virus. Según una encuesta de agosto, entre aquellos con mayores ingresos y con más estudios la desaprobación del presidente es casi del 50%. Desde el principio de la pandemia los partidarios del presidente se han manifestado en contra de las medidas de distanciamiento social impuestas por los gobernadores, pero a partir de mayo sus detractores también salieron a protestar. Estas protestas aunaron las críticas a Bolsonaro por su gestión y por su política ultraderechista con las reivindicaciones del movimiento antirracista, que se manifestó alentado por las manifestaciones raciales en Estados Unidos.

Gracias a su trabajo y recursos, las clases medias y altas han cumplido el confinamiento fácilmente. Sin embargo, aunque en un principio estas medidas fueron apoyadas por la mayoría de la población, en julio los meses de confinamiento empezaron a pesar. Cuando los negocios empezaron a reabrir, el ambiente daba a entender que la pandemia había terminado, con bares llenos, personas sin mascarilla y aglomeraciones en las calle. Quienes inicialmente estaban a favor de cerrar negocios y de medidas de distanciamiento empezaron a adoptar una postura más cercana a la de Bolsonaro, preguntándose si no habría sido mejor salvar la economía desde el principio, a la vista de que los casos seguían aumentando.

Así, a pesar del rechazo inicial que produjo la gestión del Gobierno, la opinión de los brasileños al respecto ha mejorado. En agosto, cinco meses después del inicio de la pandemia, las encuestas indicaban una mejora de la imagen del presidente, cuya gestión del coronavirus es calificada por un 37% de la población como “óptima o buena”. Este es el nivel más alto de aprobación de Bolsonaro desde su llegada a la presidencia y demuestra, junto con la caída de diez puntos de su índice de rechazo, que la población no está tan descontenta con su gestión como podría pensarse. 

Salir reforzado de la pandemia

Bolsonaro no solo ha tenido que gestionar en 2020 uno de los países con más casos de coronavirus del mundo. También ha tenido que lidiar con la dimisión de dos  ministros de Sanidad en plena crisis sanitaria por desacuerdos con su gestión. Pero el mayor reto para el presidente fue la dimisión del juez Sergio Moro como ministro de Justicia en abril. El carismático Moro había sido una figura fundamental en el caso Java Lato, que destapó la corrupción de los Gobiernos anteriores. Moro dimitió acusando a Bolsonaro de interferir en los procesos judiciales de sus tres hijos, que también son figuras políticas y están siendo investigados por corrupción. La dimisión de Moro hizo a Bolsonaro perder aún más apoyo entre la clase media y alta, que ya se mostraba en gran parte descontenta por su gestión de la pandemia.

Con todo, Bolsonaro conserva a sus seguidores más fieles. Por una parte, el núcleo duro bolsonarista, compuesto sobre todo por hombres blancos de clase media y alta del interior y el sur del país. Además de confiar plenamente en su proyecto político, muchos comparten la ideología ultraderechista del presidente. El Gobierno tiene de su lado a las Fuerzas Armadas, que son de gran importancia en la política brasileña y cuyo apoyo explica en parte el poco éxito de las varias propuestas de impeachment que se han presentado contra el presidente. La oposición izquierdista presentó en mayo una nueva propuesta de destitución argumentando que Bolsonaro era un peligro para la salud pública, pero esta tampoco salió adelante. El tercer gran apoyo del Gobierno, la creciente Iglesia evangélica, se mantiene del lado del presidente, que defiende los valores cristianos y ha elogiado durante la pandemia el papel de los pastores evangélicos.

La crisis del coronavirus ha puesto al presidente brasileño en el foco mediático internacional tanto por sus declaraciones y políticas como por su propio contagio en julio. Pero estas polémicas han tenido poco impacto entre sus seguidores brasileños. El núcleo duro bolsonarista, las Fuerzas Armadas y la Iglesia evangélica siguen apoyando fielmente a Bolsonaro a pesar de su gestión. Y aunque el presidente haya perdido apoyos entre las personas con más estudios, lo ha compensado con su aumento de popularidad entre las clases populares beneficiadas por sus ayudas económicas. Después de todo, en vez de hacerle perder el poder, con lo que se especulaba hace meses, su polémica gestión de la pandemia ha reforzado a Bolsonaro.