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Alberto Fernández frente al monstruo de la deuda argentina

Alberto Fernández frente al monstruo de la deuda argentina
Alberto Fernández durante su discurso de toma de posesión ante la Asamblea LegislativaFuente: Wikimedia.

La economía argentina entró en pánico y el peso se desplomó ante el previsible triunfo del peronista Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de octubre, que finalmente se materializó con su llegada a la presidencia en diciembre. ¿Cuáles han sido los primeros pasos de Fernández en el Gobierno? ¿Cumplirá con sus obligaciones de pago de la deuda contraída con el FMI por su antecesor, Mauricio Macri, o se avecina una nueva suspensión de pagos?

La victoria de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de octubre de 2019 ha supuesto el regreso del peronismo a la Casa Rosada. Su antecesor, Mauricio Macri, se ha convertido en un breve paréntesis en la historia política argentina: llegó al poder en 2015 después de doce años de gobierno de los Kirchner, y se va tras una legislatura en la que no ha logrado solucionar unos desequilibrios económicos que se han agudizado

Alberto Fernández está viviendo sus primeras semanas de presidente en una Argentina a la que persigue el fantasma del impago de la deuda en 2001. El nuevo presidente se ha encontrado con una economía en recesión, y su primera tarea consiste en negociar unos nuevos plazos para el vencimiento de la deuda que Macri contrajo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con las implicaciones que ello tiene en el imaginario colectivo argentino.

Para ampliar: “La herencia política de los Kirchner en Argentina”, David Hernández en El Orden Mundial, 2019

El recuerdo de 2001

Desde que Argentina se incorporara como Estado miembro al FMI en 1956, la relación entre ambos ha estado repleta de altibajos. La primera polémica se remonta precisamente a su adhesión tras el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón, presidente entre 1946 y 1955, y de nuevo entre 1973 y 1974. Poco después fue su respaldo económico a la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1982). Aun así, el episodio más polémico en Argentina es más reciente.

Una profunda crisis económica, que se alargó hasta 2002, había comenzado en 1988. Su origen se explica en una década de desequilibrios financieros que provocaron que la economía entrara en recesión y la deuda pública se disparara un 90%. También se la conoce como la “crisis de la convertibilidad” debido a la Ley de Convertibilidad Austral promulgada en 1991 durante el Gobierno de Carlos Menem (1989-1999), que establecía la paridad entre el peso argentino y el dólar con el objetivo de controlar la inflación. La paridad redujo el precio de las importaciones y afectó negativamente a la industria nacional. Durante los años noventa los desajustes estructurales se agravaron: la economía entró en una espiral de endeudamiento, privatizaciones y desempleo que pronto generó una crisis social y el incremento de la pobreza.

Menem fue sucedido en el cargo por Fernando de la Rúa (1999-2001), cuyo mandato se recuerda por el “corralito”. En 2001 la deuda pública argentina superaba los 140.000 millones de dólares, que en ese momento representaban el 50% del PIB. Aquel año la desconfianza en la economía había provocado una fuga de capitales de casi 20.000 millones de dólares, lo que llevó al Gobierno a implementar el “corralito”: la limitación de la libre disposición de efectivo y de las transferencias al extranjero. Comenzó entonces una protesta social que terminó con la dimisión de De la Rúa, que incluso tuvo que abandonar la residencia presidencial en helicóptero.

En apenas un mes se sucedieron cinco presidentes del Gobierno, se declaró la suspensión de pagos (también conocida como default en inglés) y el fin de la convertibilidad ante la incapacidad de hacer frente a la crisis económica. En 2002 la deuda había ascendido a 165.000 millones de dólares, que para entonces representaron el 150% de un PIB en caída libre. Eduardo Duhalde, presidente interino hasta 2003, se encargó de negociar nuevos plazos para el vencimiento de la deuda antes de un nuevo proceso electoral.

De la ruptura con Kirchner a la reconciliación con Macri

La recuperación económica llegó bajo la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007), que consiguió hacer un canje del 76% de la deuda privada de Argentina en 2005. En 2006, tras dos años de negociaciones con el FMI, Kirchner adelantó el pago de la deuda de 10.000 millones de dólares estadounidenses que Argentina aún tenía con la institución. La cancelación de la deuda tuvo lugar dos años antes de la fecha de vencimiento y puso fin a cincuenta años de relaciones: el presidente no estaba dispuesto a aceptar las políticas de austeridad que le imponía el FMI para obtener un nuevo acuerdo.

Bajo el gobierno de Cristina Fernández (2007-2015), las relaciones continuaron rotas y los ataques entre la presidenta y el FMI fueron habituales. La presidenta procedió en 2010 a realizar un nuevo canje de la deuda con los acreedores que no aceptaron el de 2005, un proceso que llevó a una suspensión de pagos selectiva en 2014. Ese episodio se resolvió finalmente durante el mandato de Mauricio Macri, cuya victoria en las elecciones presidenciales de 2015 restableció las buenas relaciones entre Argentina y el FMI.

Cuando Macri llegó al poder, el crecimiento de la economía se situaba en torno al 3% anual, pero el FMI consideraba insostenible la situación debido al déficit fiscal, la congelación de tarifas públicas, el control cambiario y la inflación. La promesa macrista de un paquete de reformas estructurales que corrigiera los desequilibrios estuvo acompañada desde sus inicios del respaldo y asesoramiento del FMI.

La primera medida económica de Macri fue acabar con el control cambiario para permitir la libre adquisición de divisas. El peso se depreció y la inflación creció. Como elemento añadido, Macri fue incapaz de reducir el déficit público que, de hecho, aumentó. La situación económica continuó deteriorándose, agravada por la apreciación del dólar, por lo que Macri tuvo que recurrir en 2018 a un préstamo del FMI por valor de 50.000 millones de dólares que fue ampliado con 7.000 millones más poco después. Macri también reimplantó el control cambiario en enero de 2019.

En vísperas de las elecciones presidenciales de octubre de 2019 la desconfianza primaba en la economía argentina, que cerró el año con un crecimiento negativo del -3% del PIB y una inflación del 54%. A nivel social se produjo un incremento del desempleo y la población por debajo del umbral de pobreza alcanzó el 32% en 2019. Todo indicaba que Macri abandonaría la Casa Rosada tras las elecciones.

Para ampliar: “Cristina Fernández, Mauricio Macri y una nueva crisis en Argentina”, David Hernández en El Orden Mundial, 2018

Los primeros pasos de Alberto Fernández en la Casa Rosada

Días después de la victoria de Alberto Fernández en las primarias, el entonces candidato presidencial criticó el préstamo del FMI al que recurrió Macri, lo que, en cierto modo, parecía vaticinar su política en relación con la deuda si conseguía llegar al poder. La confianza en la economía argentina se resintió: el día siguiente a las primarias la bolsa de Buenos Aires se desplomó y el peso argentino se depreció un 32% en relación con el dólar estadounidense.

Infografía: ¿Cuánto han disminuido las reservas en dólares de Argentina? | Statista
Las reservas de divisas del Banco Central argentino constituyen una herramienta básica de la política monetaria y un medidor de solvencia. Macri accedió a la presidencia con 24.000 millones de dólares en reservas, que llegaron al máximo de su mandato en abril de 2019 con 77.000 millones. Tras las primarias de agosto el banco utilizó las reservas para frenar la depreciación del peso argentino, lo que provocó que las reservas se redujeran hasta los 44.000 millones de diciembre, cuando Alberto Fernández accede a la presidencia. Fuente: Statista

Alberto Fernández ganó las elecciones el 27 de octubre y el 10 diciembre asumió la presidencia. Pese al pánico que generó en los meses previos a su victoria, los primeros pasos del nuevo presidente no han mostrado signos de representar una amenaza para los compromisos económicos del país, y el propio FMI elogió su gestión en el primer mes de gobierno. En cualquier caso, Argentina se ha convertido en la principal preocupación de Kristalina Georgieva, la actual directora general del FMI, ya que el préstamo de 2018 representa casi la mitad de los fondos desembolsados actualmente por la institución.

Fernández ya ha puesto en marcha una Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva, que pretende resolver la crisis económica y social. Una de sus medidas busca evitar el ahorro en dólares estadounidenses y favorecer al peso argentino, lo que en la práctica supone una suerte de devaluación. Si la compra de divisas extranjeras ya estaba restringida con Macri, el nuevo paquete suma un impuesto del 30% que también se aplicará a la mayoría de las transacciones con el exterior y cuya recaudación se destinará a sostener la seguridad social y a inversión pública.

Para ampliar: “El reto de Alberto Fernández: gobernar sin Cristina Fernández de Kirchner”, Elena Jiménez en El Orden Mundial, 2019

Hacia un acuerdo con los acreedores de Argentina

Alberto Fernández ha heredado una economía al borde de la suspensión de pagos y se ha comprometido a alcanzar acuerdos con sus acreedores para aplazar los vencimientos programados entre 2021 y 2023. En septiembre de 2019 el FMI se anticipó a la previsible victoria de Fernández y congeló la última parte del préstamo, por lo que la deuda con la institución no cubre la totalidad del compromiso que firmó Macri y se sitúa en torno a los 40.000 millones de dólares.

Además de la deuda con el FMI también hay que considerar la deuda con acreedores privados y las deudas de las provincias. El caso más mediático está siendo el de los bonos de Buenos Aires. El 26 de enero la provincia de Buenos Aires no realizó el pago comprometido de 280 millones de dólares entre capital e intereses. Se inició un periodo de gracia que implicó cierto riesgo de impago, después de que la provincia asegurara durante semanas que no podría afrontar la deuda. No obstante, aunque las negociaciones con los bonistas no fueron fructíferas, el Gobierno bonaerense ha cedido para evitar el impago y el pago finalmente será cubierto con fondos propios de la provincia. La decisión ha estado coordinada por el Gobierno nacional, y demuestra el compromiso de Fernández de evitar una nueva suspensión de pagos.

Por otro lado, el presidente argentino comenzó a finales de enero una gira internacional con la que pretende obtener el apoyo de los principales Gobiernos de la Unión Europea para lograr el acuerdo con los acreedores del país. Se ha reunido con el papa Francisco y con el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte. También con Angela Merkel en Alemania, Pedro Sánchez en España y Emmanuel Macron en Francia. Una gira satisfactoria en la que Fernández ha obtenido el respaldo de estos mandatarios.

Pero la negociación de posibles quitas y de los plazos de vencimiento de la deuda no será fácil. El último movimiento de la provincia de Buenos Aires en relación con el pago de los bonos condiciona en cierto modo las negociaciones del Gobierno nacional. ¿Qué pasará si el rumbo de las negociaciones del Gobierno toma un camino similar? ¿Habrá acuerdo, impago o resignación? En cualquier caso, las negociaciones marcarán el futuro de la economía argentina y, por extensión, la vuelta al poder del peronismo. El próximo mes de marzo Alberto Fernández dará a conocer su hoja de ruta. Hasta entonces, todas las cartas están sobre la mesa.

Para ampliar: “En qué se diferencian las herencias que dejaron Cristina Kirchner y Mauricio Macri”, Daniel Sticco en Infobae, 2019