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Hay inquietud en el despacho de la secretaria de Comercio de Estados Unidos. Gina Raimondo, encargada de las restricciones contra China en semiconductores, visitaba Pekín en agosto, el mismo día en que Huawei puso a la venta su nuevo Mate 60 Pro. El anuncio por sorpresa del smartphone, discreto para una tecnológica, pronto simbolizó el desafío chino contra la pretensión estadounidense de frenar su ascenso. No es para menos: este móvil de alta gama tiene un 60% de componentes locales y un procesador que debía ser imposible de fabricar bajo el régimen de sanciones.
Los móviles son el principal negocio en microelectrónica. El diseño y la fabricación de sus chips representan la tecnología más puntera, casi siempre con la firma de Apple, Qualcomm y TSMC. Huawei estaba entrando en ese podio global cuando fue boicoteada por las primeras sanciones de Donald Trump en 2020, que le obligaron a hacer acopio de componentes. Y aunque Joe Biden ha reforzado las restricciones, que Xi Jinping criticó en la cumbre de noviembre, Huawei y la industria china han sorprendido al mundo con chips sobresalientes que les acercan a su aspirada autosuficiencia.
El chip Kirin 9000S, un hito para la industria china
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