Cascadia, una región del noroeste de Estados Unidos, ha sido objeto de las más diversas fantasías ecologistas. No es de extrañar, con su clima oceánico y montañoso, sus extensas praderas y grandes bosques. Además está poco poblada, con solo dieciséis millones de habitantes en una superficie equivalente a dos veces Francia. Hasta Thomas Jefferson, uno de los fundadores del país, pensó en ella como un paraíso que “sanaría al hombre”.
Pero Cascadia, que comprende los estados de Washington y Oregón y la Columbia Británica canadiense, es también una utopía ecofascista de la alt-right. Los progresistas ven en ella una reserva natural que preservar, incluso fundando una utopía ecologista a costa de independizarse del resto del contaminante Estados Unidos. Por el contrario, la alt right busca crear un régimen ecofascista aprovechando que el 80% de su escasa población es blanca: un etno-Estado que pruebe su teoría supremacista de que los blancos están más conectados con la naturaleza que otras etnias.
Así, más que un espacio geográfico, Cascadia es la pelea por un sueño: una disputa entre quienes imaginan un proyecto ecoprogresista frente a los que la ven como la fantasía del ecofascismo.
La alt-right y la utopía ecofascista de Cascadia
Desde que surgió en torno al año 2012, la alt-right está obsesionada con el “gran reemplazo” que supuestamente sufre Estados Unidos. Esta teoría conspirativa afirma que ciertos poderes ocultos están sustituyendo a la población blanca por otras etnias y culturas. La teoría del gran reemplazo es fundamental para la alt-right, que centra sus esfuerzos en fundar un Estado blanco, es decir, un país en el que al menos el 90% de la población tenga este color de piel.
Pero los teóricos supremacistas entienden que es imposible convertir Estados Unidos en un país blanco sin recurrir a prácticas genocidas. Conscientes de que eso es imposible e interesados en disfrazar su ideología de un aura de pragmatismo, han propuesto otra solución: separar los territorios mayoritariamente blancos del resto del país para realizar en ellos su utopía supremacista.
La alt-right plantea la secesión en términos democráticos y defiende que su objetivo es preservar a la raza blanca sin perjudicar a otros grupos. Sin embargo, es evidente que una vez lograda la independencia, este etno-Estado sería una pesadilla para las minorías. Para conservar el porcentaje de blancos en torno al 90%, los supremacistas proponen incentivos a la natalidad para familias blancas, pero también la total prohibición del aborto o deportaciones masivas por cuestión racial.
La biorregión de Cascadia es el lugar ideal para su proyecto. No solo cuenta con un alto porcentaje de población blanca. También está poco contaminado, lo que en el imaginario de la alt-right significa que hasta allí no ha llegado el “capitalismo globalista” que empuja a la mezcla de razas y devora los recursos naturales. Siempre según esta visión supremacista, en Cascadia los blancos podrían vivir como lo hacían en el pasado, cuando eran “una raza fuerte”, en total armonía con la naturaleza. Para los ecofascistas, Cascadia es un territorio “sano” que les permitiría revitalizar a la raza blanca y crear su etno-Estado blanco.
Para ello, el supremacismo blanco se ha apropiado de los símbolos de Cascadia que fueron inventados por grupos ecologistas izquierdistas en la década de los noventa. Por ejemplo, al triángulo armónico cascadiano le han añadido su propio lema: herencia, tradición y solidaridad. La bandera de Cascadia, tres franjas horizontales azul, blanca y verde y con un abeto de Douglas en el centro, representaba la naturaleza de la región: los bosques, el verde de las praderas, el azul del cielo y el océano Pacífico, y el blanco de las montañas nevadas. La alt-right sigue usando la bandera, pero para ellos el blanco representa a la raza que habita esta región.
El contraataque de la izquierda de Cascadia
De esta manera, el supremacismo blanco está resignificando el largo legado ecologista de Cascadia. El sueño de independizar la región se remonta a los años de la fundación de Estados Unidos, aunque la idea cogió verdadera fuerza a finales del siglo XX. Fue gracias a la publicación en 1975 de Ecotopía, novela de Ernest Callenbach que describe un nuevo Estado ecologista en el norte de California, Oregón y Washington independizado del resto del país. El éxito de Ecotopía provocó el surgimiento de un verdadero movimiento social ecologista y soberanista en la región que tuvo su auge en los años noventa.
Ahora, ante los intentos de la alt-right de resignificar sus símbolos, la izquierda de la región ha decidido contraatacar. Para ello se han organizado en distintas organizaciones como CascadiaNow o el Cascadia Department of Bioregion, que están colaborando con grupos antifascistas locales. Por ejemplo, fruto de la colaboración con el grupo antifascista Rose City Antifa de Portland (Oregón), han conseguido identificar a varías organizaciones supremacistas que operaban en el estado con el objetivo de reclutar a jóvenes hombres blancos para su causa.
Cascadia Now y el Department organizan seminarios y talleres para sensibilizar contra el supremacismo blanco y apoyar la inclusión colectivos vulnerables como migrantes o personas LGTBQ+. Se unieron las protestas durante el Black Lives Matter en el 2020, al igual que durante el mes del Orgullo participan con su bandera en los desfiles de apoyo a la comunidad LGTBQ+. Además, combinan estas actividades con su agenda ecologista: montan talleres sobre ecologismo o exigen a los políticos locales acciones a favor de la transición ecológica.
¿Quién ganará el sueño de la utopía?
Desde que se cerró el ciclo de efervescencia política con la derrota de Donald Trump en 2020, tanto el ecofascismo como el ecologismo progresista parecen de capa caída en Cascadia. La izquierda ha perdido la enorme capacidad de movilización que tuvo gracias a Black Lives Matter, aunque ahora gana fuerza el nuevo movimiento sindical. Mientras, la alt-right parece estar diluyéndose lentamente tras el clímax del asalto al Capitolio en enero de 2021, pero los grupos supremacistas, aunque marginales, siguen siendo muy peligrosos.
Por ahora, la izquierda ha conseguido aplacar a los supremacistas blancos que operaban en Oregón y Washington, dos estados que siguen votando mayoritariamente demócrata. De hecho, fruto de esta presión de los progresistas, la mayor propagandista de la alt-right, la youtuber Lana Lokteff, originaria de Oregon, tuvo que cerrar su canal de YouTube. Pero en el resto de Estados Unidos, el nombre de “Cascadia” está contaminado: la primera victoria de la alt-right es haber conseguido que este término se asocie con su utopía ecofascista.
La alt-right hace propaganda desde todas partes del país vendiendo Cascadia como el futuro de la raza blanca. Algunos youtubers supremacistas incluso han anunciado que pretenden mudarse a las montañas y bosques del noroeste de Estados Unidos para vivir como una manada de lobos. Pero ninguno lo ha conseguido. Por ahora, Cascadia seguirá siendo esa región de blancos progresistas que el resto del país ve como la tierra prometida del ecofascismo.