Cascadia, una región del noroeste de Estados Unidos, ha sido objeto de las más diversas fantasías ecologistas. No es de extrañar, con su clima oceánico y montañoso, sus extensas praderas y grandes bosques. Además está poco poblada, con solo dieciséis millones de habitantes en una superficie equivalente a dos veces Francia. Hasta Thomas Jefferson, uno de los fundadores del país, pensó en ella como un paraíso que “sanaría al hombre”.
Pero Cascadia, que comprende los estados de Washington y Oregón y la Columbia Británica canadiense, es también una utopía ecofascista de la alt-right. Los progresistas ven en ella una reserva natural que preservar, incluso fundando una utopía ecologista a costa de independizarse del resto del contaminante Estados Unidos. Por el contrario, la alt right busca crear un régimen ecofascista aprovechando que el 80% de su escasa población es blanca: un etno-Estado que pruebe su teoría supremacista de que los blancos están más conectados con la naturaleza que otras etnias.
Así, más que un espacio geográfico, Cascadia es la pelea por un sueño: una disputa entre quienes imaginan un proyecto ecoprogresista frente a los que la ven como la fantasía del ecofascismo.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento