Por qué los bombardeos aéreos no bastan para acabar con el régimen iraní

La intensa campaña aérea de Estados Unidos e Israel ha golpeado con dureza la infraestructura y el liderazgo del país persa, pero no ha supuesto su colapso. De la misma forma que ha sucedido con otros conflictos, sin operaciones terrestres este castigo puede reforzar la cohesión interna
EOM explicaPolítica y eleccionesOriente Próximo y Magreb
Por qué los bombardeos aéreos no bastan para acabar con el régimen iraní
Ataque aéreo sobre Teherán durante una manifestación a favor de Palestina el pasado 13 de marzo de 2026. | MOHAMMAD MAHDI DEHGHANI/FARS - AFP

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Ni durante la guerra de Vietnam, ni contra Sadam Huseín en la guerra del Golfo de 1990, ni durante el conflicto armado de los Balcanes en Kosovo. La evidencia histórica y el análisis estratégico demuestran que en muchas ocasiones el poder aéreo no es suficiente por sí solo para lograr una victoria definitiva o derribar a un régimen o Gobierno. Los bombardeos permiten destruir infraestructuras y degradar capacidades militares, pero el control político y territorial exige presencia sobre el terreno. Y lo que es más relevante: los ejemplos históricos también constatan que las estrategias de ‘decapitación’ o castigo a la población no siempre son decisivas, sino que en muchas ocasiones refuerzan la cohesión interna y el nacionalismo de los países atacados. El caso iraní es un claro ejemplo de esto: tras casi un mes de intensos ataques por parte de Estados Unidos e Israel, el régimen de los ayatolás ha conseguido aguantar y lanzar sucesivas oleadas de contraataques a lo largo del golfo Pérsico.

A pesar del asesinato de muchas de sus figuras clave, incluido el líder supremo Alí Jamenei y varios dirigentes de la élite política y militar, la estructura institucional y de seguridad del país le ha permitido hasta ahora recomponer su liderazgo y resistir a la presión militar, al tiempo que ha mantenido un importante grado de cohesión interna. De esta forma, y aunque la campaña aérea ha destruido infraestructuras claves iraníes como sus instalaciones militares y nucleares, la rendición iraní aún queda muy lejos. Mientras tanto, el conflicto se dirige hacia una dinámica de desgaste entre las dos partes que ya está generando importantes turbulencias en la economía internacional.

Irán: un régimen diseñado para resistir

A diferencia de regímenes más personalistas como el de Corea del Norte, el sistema político y de seguridad de Irán está profundamente institucionalizado y diseñado para resistir agresiones externas. Diversos análisis coinciden en que la República Islámica presenta una gran capacidad de resiliencia, sustentada en densas redes políticas y de seguridad que le permiten absorber intentos de “decapitación” y reemplazar con rapidez a sus figuras clave. Esta arquitectura se ha articulado en torno al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, las fuerzas armadas convencionales (Artesh) y la milicia Basij, generando capas superpuestas de defensa con un buen grado de autonomía operativa y capaces de mantener la continuidad del sistema incluso si el mando central colapsa.

Como señala el analista Bijan Khajehpour, la presión externa ha tendido de hecho a endurecer la postura del régimen iraní en lugar de debilitarlo. Así ocurrió con la estrategia impuesta por Donald Trump a partir de 2018, cuando se retiró del acuerdo nuclear con Irán e impuso sanciones a todo el sector financiero y energético del país. El golpe contra la economía iraní se ha extendido desde entonces, provocando episodios de hiperinflación, empobrecimiento y malestar. Sin embargo, las numerosas protestas ciudadanas han sido duramente reprimidas y  no han derivado en una fragmentación interna del régimen. 

De la misma forma, cualquier intento externo de influir en la política del país ha sido percibido como una amenaza existencial, lo que ha fomentado el cierre de filas y la rápida reconstrucción de las cadenas de mando. Así ha sucedido también durante el ataque masivo lanzado por Estados Unidos e Israel: tras el asesinato de Alí Jamenei, el régimen se aseguró una rápida continuidad en el liderazgo mediante la designación de su hijo Mojtaba Jamenei como sucesor.

En este contexto, para que una campaña aérea desencadenase la caída interna del régimen sería necesaria una insurrección capaz de disputar el control territorial. En las primeras horas del ataque, Netanyahu y Trump llamaron a un levantamiento interno que tomase el poder. Sin embargo, la oposición iraní —tanto dentro del país como en la diáspora— permanece fragmentada, carece de cohesión organizativa y no dispone de capacidades suficientes para constituir una amenaza existencial frente a unas fuerzas de seguridad cohesionadas y bien equipadas.

Entre la escalada regional y el callejón sin salida militar

A nivel histórico, existen muchos casos en los que el poder aéreo no ha sido por sí mismo capaz de lograr el colapso de un Estado. Ni siquiera la derrota japonesa durante la Segunda Guerra Mundial se explica solo por los bombardeos atómicos. Aunque estos fueron decisivos, antes de ellos el país ya estaba muy cerca de la rendición debido a una conjunción de factores que incluían el bloqueo naval, la entrada de la Unión Soviética en la guerra y los planes estadounidenses para lanzar una invasión terrestre. Otros ejemplos refuerzan este patrón: en Vietnam, los bombardeos masivos no quebraron la voluntad de Hanoi; en la guerra del Golfo de 1990, Sadam Huseín aguantó el envite norteamericano y se mantuvo en el poder hasta la invasión norteamericana de 2003; y en Kosovo (1999) o Libia (2011) el éxito de las campañas aéreas dependió en gran medida de factores terrestres, ya fueran fuerzas locales o la amenaza de intervención directa.

En el caso de Irán, sin embargo, una invasión a gran escala del país sería mucho más complicada que la de Irak en 2003. Su territorio es mucho más montañoso, tiene mayor capacidad defensiva y su población asciende a cerca de noventa millones de habitantes. Estados Unidos ya ha asumido un coste superior a los 11.300 millones de dólares únicamente mediante operaciones aéreas y navales en la primera semana del conflicto. Además, la Administración Trump pretende pedir al Congreso nada menos que 200.000 millones de dólares adicionales para financiar y sostener la campaña militar en Irán.

En ese contexto, y ante los elevados costes que añadiría una invasión, Irán ha activado una estrategia de escalada horizontal que define el escenario actual: amplía el conflicto en términos geográficos, involucrando a más actores en lugar de intensificarlo en un único frente. Teherán ha respondido mediante misiles balísticos y drones contra objetivos no solo en Israel, sino también en bases estadounidenses e infraestructuras críticas —energéticas, civiles y aeroportuarias— en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar y Arabia Saudí. El objetivo es internacionalizar el conflicto, presionar a actores externos y amenazar nodos clave del sistema energético global como el estrecho de Ormuz. De este modo, eleva los costes políticos, militares y económicos de Estados Unidos e Israel al extender el conflicto a sus aliados en Oriente Próximo.

En este escenario, las campañas aéreas punitivas por sí solas no acercan la caída del régimen, sino que consolidan una dinámica de desgaste regional. Los ataques estadounidenses e israelíes, pese a haber cumplido con los objetivos militares, no han logrado castigar de manera definitiva al régimen iraní. Es así como Irán ha transformado la presión de Estados Unidos e Israel sobre su país en presión sobre el conjunto del sistema internacional mostrando la resiliencia de su aparato político-militar y su capacidad de proyectar influencia regional incluso bajo una intensa campaña militar.

Miguel Gómez Catalán

Navarra, 2002. Graduado en Relaciones Internacionales por la URJC. Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la UC3M. Interesado en geopolítica, con especial atención al Indo-Pacífico, movimientos sociales y dinámicas políticas contemporáneas.

2 comentarios

  1. Expandir comentario
    Alfonso Fírvida

    Madre mia menudo follón, esto va a ser la liada padre durante mucho mucho tiempo

  2. Expandir comentario
    Nicolás Machancoses

    11.300 millones.
    ¿Tenéis algún contenido que explique cómo funciona la industria armamentística estadounidense? Creo que a muchos suscriptores nos gustaría entender quién se lucra con la economía de guerra que caracteriza a los americanos.

    Sería un puntazo, una información muy valiosa.

    ¡Un saludo!

El plazo para comentar ha finalizado.