Vestía gafas de sol, traje militar marrón y un durag rojo para cubrir su cabeza. Tras recibir la luz verde de la comisión electoral el pasado 3 de junio, George Wajackoyah se acercó a los periodistas y pronunció sus primeras palabras como candidato oficial a la presidencia de Kenia: “Nuestra primera medida será legalizar la marihuana”. Dos días antes de confirmarse su candidatura, saltaba con los puños en alto, se llevaba dos dedos en forma de uve a la boca simulando fumar y movía la cadera al ritmo de música reggae.
La imagen de Wajackoyah, de 63 años, no casa a primera vista con la de un abogado keniano con estudios y experiencia en el Reino Unido y Estados Unidos. Su porte se asemeja más bien a la de un predicador excéntrico, y sus propuestas son proclamas como vender veneno de serpiente, exportar carne de perro o su medida estrella con la marihuana. Aunque no tiene opciones reales de ganar, su popularidad está en auge especialmente entre una juventud hastiada con la clase política, como en otros países africanos. Esos votos pueden hacerle la clave para forzar una segunda vuelta por primera vez en la historia de Kenia.
Marihuana y veneno de serpiente contra la deuda
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