El Vaticano no participa en competiciones internacionales como los Juegos Olímpicos o Eurovisión porque prioriza su misión religiosa y su neutralidad política. La Ciudad del Vaticano, territorio de la Santa Sede, la máxima institución de la Iglesia católica, es un Estado particular. Se trata de la última teocracia y monarquía absoluta de Europa y del Estado con menos territorio (0,44 kilómetros cuadrados) y población (menos de mil habitantes) del mundo. Sin embargo, es uno de los más influyentes, ya que lidera la religión con más fieles del mundo y organiza visitas papales por los cinco continentes.
La Ciudad del Vaticano es miembro observador en Naciones Unidas, mantiene relaciones diplomáticas con 184 países y organizaciones como la Unión Europea y la Liga Arabe. Aun así, sus misiones diplomáticas, conocidas como nunciaturas apostólicas, cumplen tareas distintas a las de las embajadas tradicionales, centrándose en mediación de conflictos, promoción de paz y derechos humanos, e intervenciones morales.
El Vaticano ¿en los Juegos Olímpicos o Eurovisión?
A diferencia de otros micro-Estados europeos, como San Marino, Liechtenstein o Mónaco, el Vaticano no participa en competiciones internacionales en parte porque no cuenta con las instituciones necesarias. Por ejemplo, para que un Estado participe en los Juegos Olímpicos necesita un comité olímpico nacional reconocido por el Comité Olímpico Internacional, así como la afiliación a organizaciones oficiales de al menos cinco deportes olímpicos.
Aunque el Vaticano no tiene un comité olímpico, sí le interesa el deporte como herramienta para crear lazos, eliminar barreras y promover la paz. De hecho, ha participado en algunas competiciones y aspira a participar en unos Juegos Olímpicos. En 2019 crearon una organización deportiva oficial, Athletica Vaticana, mediante un acuerdo con el Comité Olímpico Nacional Italiano. Cuenta con miembros de la Guardia Suiza, religiosos y empleados de los museos vaticanos, que compiten en atletismo, críquet, fútbol, pádel, taekwondo y ciclismo. Además, la organización forma parte de las federaciones internacionales de taekwondo, pádel y ciclismo. El debut fue en los Juegos Mediterráneos de 2022, e incluso ganaron una medalla de bronce en atletismo en los Juegos de los Pequeños Estados de Europa en 2024.
De la misma manera, para participar en el Festival de la Canción de Eurovisión, un Estado debe ser miembro de la Unión Europea de Radiodifusión. Radio Vaticana, la radio oficial de la Santa Sede, es miembro activo del organismo, pero, a diferencia del caso del deporte, su posición hacia Eurovisión ha sido generalmente neutra. En su lugar, Radio Vaticana y Vatican News son los canales oficiales del Festival de la Canción Cristiana, un evento creado en 2022 con el patrocinio del Ayuntamiento de Sanremo en colaboración con la diócesis de Ventimiglia-Sanremo.
Deporte, geopolítica y una difícil neutralidad
Más allá de los aspectos técnicos de la participación, la Santa Sede ha mantenido desde el final de la Guerra Fría una posición de neutralidad positiva, mediante la cual busca mantenerse neutral mientras ayuda a resolver conflictos. Sin embargo, dada su gran participación en la geopolítica internacional, esta posición no es fácil de mantener, y la participación en competiciones internacionales podría dificultar este objetivo.
Las competiciones internacionales son inseparables de la geopolítica, al reflejar posturas, disputas y alianzas entre Estados. La Unión Europea de Radiodifusión, por ejemplo, expulsó a Rusia de Eurovisión tras el inicio de la invasión a Ucrania en 2022, y ha sido criticada por no expulsar a Israel a raíz de su ofensiva en la Franja de Gaza. Asimismo, los Juegos Olímpicos han dado cuenta de tensiones geopolíticas a lo largo de su historia. Dos ejemplos son el secuestro y asesinato de diez atletas israelíes a manos de una organización terrorista palestina en 1972 o la obligación a Taiwán de participar como China Taipéi por su conflicto con el gigante asiático. Por lo tanto, la participación del Vaticano en competiciones internacionales podría dificultar su neutralidad, ya que a menudo está acompañada de controversias, críticas o alineamientos ideológicos que podrían dañar su postura internacional.