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Trump está reduciendo la inmigración en Estados Unidos, y eso no es bueno para la economía

Trump está reduciendo la inmigración en Estados Unidos, y eso no es bueno para la economía
Trump durante una visita a la frontera con México en Calexico (California). Fuente: CBP Photography (Flickr)

El crecimiento de población extranjera se ha estancado en Estados Unidos. Pese a suponer un 13,7% del total, en este último año solo se han incorporado 200.000 ciudadanos foráneos. Esta tendencia puede tener profundas implicaciones en la economía del país, especialmente teniendo en cuenta la decreciente tasa de fertilidad de los estadounidenses. Con una campaña presidencial el año que viene, la inmigración ocupará un espacio prioritario en el discurso de ambos partidos.

El lema más famoso de Donald Trump, “Make America great again”, lleva implícita una contradicción. Para “hacer América grande de nuevo” Donald Trump aboga por restringir el número de migrantes que entran en sus fronteras, en sintonía con las propuestas de líderes de la ultraderecha europea como Santiago Abascal en España o Marine Le Pen en Francia. Sin embargo, si algo caracteriza a Estados Unidos es el peso que tiene la inmigración en su historia nacional. Como dijo Ronald Reagan, padre del neoliberalismo y uno de los máximos referente del Partido Republicano —y presidente entre 1981 y 1989—, los inmigrantes son “una de las fuentes más importantes de la grandeza de Estados Unidos”

Además de la relevancia de la inmigración en los anales estadounidenses, gran parte del éxito económico del país se ha asentado en la tradicional apertura de sus fronteras. De hecho, Estados Unidos continúa siendo el país con mayor número de inmigrantes dentro de sus lindes, con más de 44 millones, seguido de lejos por Arabia Saudí, que ocupa el segundo puesto con 12 millones. Es por ello por lo que el acusado estancamiento en el número de inmigrantes que llegan que se registró en el año 2018 puede poner en peligro el crecimiento económico estadounidense. 

Para ampliar: “La odisea americana”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2017

La biografía estadounidense en clave migratoria

“Cuando el joven de diecisiete años Karl Rossmann […] entró en el puerto de Nueva York a bordo de un barco que había reducido considerablemente su marcha, contempló la estatua de la diosa de la Libertad, visible ya desde hacía tiempo, como iluminada por un resplandor repentino de luz solar”. Como el joven Karl —el protagonista de la novela América, de Franz Kafka— los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX se encontraban con la Dama de la Libertad antes incluso de poner el pie en el país de las oportunidades, cuya puerta de entrada era la neoyorquina isla de Ellis. Desde 1892 hasta la década de 1950, este islote se convirtió en la principal puerta de acceso al llamado sueño americano y por sus instalaciones pasaron más de 12 millones de inmigrantes. 

En la actualidad, la isla de Ellis se ha convertido en un museo de la migración, y los nuevos ciudadanos ya no entran a Estados Unidos únicamente a bordo de un vetusto trasatlántico. Lejos de contraerse, el número de inmigrantes que llega cada año a esta tierra prometida no ha dejado de aumentar. De hecho, la cuota de población estadounidense que ha nacido fuera del país continúa siendo la más elevada desde comienzos del siglo XX: supone un 13,7% respecto al total, en comparación con el 11,1% del 2000 o el 6,3% de 1980. Pese a los buenos datos migratorios, lo cierto es que, cuantitativamente, en 2018, la población estadounidense nacida en el extranjero se ha reducido considerablemente. Mientras que en 2014 la población foránea aumentó en un millón de personas y en 2017 en casi 800.000, en 2018 solo se sobrepasó levemente la barrera de las 200.000 personas.  

Dos lecturas diferentes sobre el peso de la inmigración en la sociedad estadounidense actual. Mientras que la primera gráfica expone una reducción significativa del número de población nacida en el extranjero, la segunda muestra que la población inmigrante alcanza una cuota no vista desde 1910. Sin embargo, ambas coinciden en que la población extranjera no ha crecido tanto como en décadas anteriores. Fuente: Brookings

El estancamiento migratorio se debe en gran medida a las agresivas políticas de Donald Trump, que ha designado la contención de los flujos de extranjeros como una piedra angular de su presidencia. Una de las medidas que el magnate ha decidido implementar para mermar este número es reducir el número de refugiados que el país acoge anualmente a 18.000 individuos. Dicha cifra difiere enormemente del máximo anterior, establecido en 30.000. Asimismo, el republicano adoptó diferentes acuerdos con países latinoamericanos para frenar la llegada de extranjeros. Con Guatemala, por ejemplo, firmó un pacto que obligaría a salvadoreños y hondureños a pedir asilo en dicho país y, si no lo hacían, serían rechazados en la frontera estadounidense. El mismo tipo de convenio fue adoptado con El Salvador, pese a las duras condiciones que impiden al país ser un lugar seguro para los refugiados. Con respecto a México, Trump ha ejercido una exitosa campaña de presión para que este frene la llegada de inmigrantes, lo que se ha traducido en una reducción del 36% en los arrestos fronterizos, de acuerdo con el Gobierno mexicano.

De ser un país un país mayoritariamente joven en los años 70, Estados Unidos ya va camino de ser una sociedad envejecida a mediados del siglo XXI, lo que hace peligrar el reemplazo poblacional, así como el crecimiento económico. Fuente: Business Insider

Este estancamiento de la población extranjera no solo supone un punto y aparte en la identidad colectiva estadounidense, sino que puede terminar por comprometer la fortaleza económica del país. Como defiende el profesor de globalización Ian Goldin, “dos tercios del crecimiento económico estadounidense son directamente atribuibles a la migración”. Con una pirámide poblacional cada vez más invertida y una población envejecida, Estados Unidos necesita introducir en su mercado laboral a una mano de obra joven que asegure el reemplazo generacional. Tradicionalmente se ha dicho que para asegurar dicho reemplazo, la tasa de fertilidad óptima debería ser de 2,1 hijos por mujer, pero en 2018 Estados Unidos alcanzó un mínimo histórico de 1,72, aproximándose a las cifras de otros países como Alemania o Japón. 

Para ampliar: “El coste del envejecimiento poblacional”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018

La inmigración se cuela en la campaña presidencial 

Sumado a otros desafíos como la guerra comercial entre Estados Unidos y China o las previsiones de desaceleración económica que ha anunciado la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, el estancamiento migratorio ocupará un lugar prioritario en las elecciones del próximo año. Con un presidente que centró gran parte de su campaña presidencial de 2016 en la construcción de un muro con México que frenase la llegada de inmigrantes, y un Partido Demócrata que cada vez depende más de las minorías étnicas, la inmigración será, sin duda, un eje central en la campaña presidencial de 2020.  

Por un lado, Donald Trump continuará defendiendo unas mayores restricciones de la inmigración regular e irregular, lo que le acerca más al Partido Republicano de Calvin Coolidge —presidente desde 1923 hasta 1929, contrario a la inmigración— que al del neoliberal Reagan. Por otra parte, el candidato demócrata que salga elegido en las primarias tendrá que contrarrestar el mensaje trumpiano y convencer a un electorado polarizado sobre las ventajas de los flujos migratorios. En la actualidad, la mayoría de los presidenciables demócratas abogan por incrementar los niveles de inmigración actuales. El exvicepresidente Joe Biden, por ejemplo, defiende una legalización de los llamados dreamers, personas que migraron a Estados Unidos ilegalmente siendo menores. 

Para ampliar: Dreamers, soñadores sin miedo”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2018

Sin embargo, no existe una completa homogeneidad en los mensajes de los aspirantes a presidente respecto a las leyes migratorias. Algunos de ellos, como el senador por Nueva Jersey Cory Booker o la senadora californiana Kamala Harris, defienden la descriminalización de la inmigración ilegal para aquellos inmigrantes arrestados en la frontera. Otros, como Joe Biden o la senadora por Minesota Amy Klobuchar, mantendrían dichas sanciones criminales para los inmigrantes ilegales. Asimismo, los diferentes candidatos tienen posiciones divergentes respecto al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, un organismo que, según sus detractores, ha sido fuertemente politizado bajo la Administración Trump a través de operaciones de deportación masivas. Mientras que algunos candidatos abogan por su reestructuración, otros defienden su labor y no implantarían cambio alguno en el organismo. El único candidato que defendía abiertamente su abolición era el alcalde de Nueva York Bill de Blasio, que anunció el fin de su candidatura en septiembre. 

En definitiva, la inmigración continuará siendo un asunto polarizante en la escena política estadounidense. Con un Partido Republicano cada vez más replegado ante las presiones nativistas de Donald Trump, lo más probable es que el crecimiento de la población extranjera continúe estancándose e incluso comience a descender si el magnate neoyorquino revalida su mandato y mantiene su actual política migratoria. Dichas medidas tienen un claro componente electoralista, diseñadas para movilizar a una base contraria a la diversidad que caracteriza al país. Si estas políticas se mantienen, la economía estadounidense sufrirá un claro varapalo, ya que depende en parte de la mano de obra extranjera como resultado de la decreciente tasa de fertilidad. 

Asimismo, el repliegue migratorio puede tener un profundo impacto emocional en la sociedad del país norteamericano. Si deja de convertirse en la llamada tierra de las oportunidades para cualquier individuo del mundo que así lo desee, Estados Unidos pondría un punto y aparte en sus más de doscientos años como país receptor de inmigrantes. Puede que la Estatua de la Libertad ya no salude a los nuevos ciudadanos en su camino hacia la isla de Ellis, pero todavía se mantiene como un símbolo del nuevo mundo para cualquier migrante. ¿Hasta cuándo? Veremos qué ocurre en 2020. 

Para ampliar: “En busca de un candidato que derrote a Trump”, Alex Maroño en El Orden Mundial, 2019