Durante las primarias de 2016, el Partido Republicano despreciaba a Donald Trump. Influyentes políticos conservadores como el senador por Texas Ted Cruz lo repudiaron abiertamente, y el texano lo llegó a tachar de “mentiroso patológico”. Sin embargo, cuando Trump se hizo con la nominación y posteriormente ganó las elecciones, los republicanos adoptaron el trumpismo como doctrina, temerosos de las críticas del presidente y de perder el apoyo de sus votantes. De hecho, el partido no publicó su tradicional programa electoral de cara a las elecciones de 2020, y se limitó a reutilizar la de 2016.
Ahora la derrota de Trump el pasado 3 de noviembre, que le convierte en el primer presidente desde 1992 en no revalidar el cargo, pone en duda la continuidad de su proyecto político, así como el futuro mismo del Partido Republicano. Tras el fracaso no han tardado en aflorar las tensiones internas. Mientras algunos políticos republicanos abanderan la causa nacionalpopulista del todavía presidente, otros abogan por recuperar la esencia conservadora previa a Trump. Con más de 150 años de historia, no está claro que el Partido Republicano sea capaz de sobreponerse a su líder más iconoclasta.
Enero, el réquiem republicano
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