Irán no tiene la bomba atómica, pero sí cuenta con los elementos y el conocimiento necesarios para fabricarla a corto plazo. Israel sostiene que sus ataques a las instalaciones nucleares iraníes se deben a que estaría a punto de conseguirla, mientras que Teherán asegura no estar trabajando en su desarrollo. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) tampoco lo confirma, pero sí afirma que Irán ha incumplido partes del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). De hecho, algunos expertos consideran que, si quisiera, Irán podría desarrollar armas nucleares en un plazo de unos meses a un año.
El programa nuclear iraní está formado por infraestructuras como las minas, más de 14.000 centrifugadoras para enriquecer uranio, reactores de agua o los centros de conversión y almacenamiento, y de investigación. Además, Irán tiene más de cuatrocientos kilos de uranio enriquecido al 60%, según el OIEA, más que cualquier otro país sin armas nucleares. Teherán se ha comprometido a no fabricar ni adquirir estas armas, pero, a raíz de la escalada reciente, en el Parlamento se prepara una ley para abandonar el TNP.
La importancia del uranio enriquecido
La pieza clave de cualquier programa nuclear es el uranio enriquecido. El uranio natural está compuesto, principalmente, por uranio-238 en un 99% y por uranio-235 en un 0,72%. Este último se necesita para generar energía, por lo que el enriquecimiento consiste en concentrar la mayor cantidad posible con centrifugadoras que separan ambos elementos. El uranio utilizado para generar energía en las plantas eléctricas está enriquecido en un 3,67%; para fabricar una bomba atómica debe alcanzar el 90%.
Irán cuenta con más de cuatrocientos kilos de uranio enriquecido al 60%, un nivel mucho más elevado del necesario para el uso civil. Además, en 2023 el OIEA encontró partículas de uranio enriquecido al 83,7%. Si lo enriquece hasta el 90% y si consigue reducir la carga nuclear a un tamaño suficiente como para introducirla en un misil, Irán podría producir hasta diez cabezas nucleares. Según el OIEA, el régimen iraní ha aumentado las pruebas con estos misiles.
Esa gran cantidad de uranio enriquecido al 60% llama la atención porque el enriquecimiento no es lineal. Pasar del 1 al 30% requiere más esfuerzo que pasar del 60 al 90% necesario para fabricar armas nucleares. No hay pruebas de que Irán lo haya alcanzado, pero distintos expertos han advertido que tiene capacidades y conocimientos para conseguirlo en una semana. En los últimos años, la falta de cooperación de Irán con la supervisión del OIEA ha aumentado la preocupación sobre el posible desarrollo de armas nucleares.
Del apoyo estadounidense a la tensión internacional
Paradójicamente, el programa nuclear iraní comenzó gracias al apoyo de Estados Unidos. En los años cincuenta, Irán estaba liderado por un Gobierno prooccidental, y comenzó a desarrollar su programa con ayuda de la Administración de Dwight Eisenhower. Bajo la iniciativa de Átomos para la Paz, Estados Unidos pretendía ayudar a Irán a producir electricidad mediante centrales nucleares. Sin embargo, este apoyo terminó con la Revolución iraní de 1979, que instauró la República Islámica liderada por el ayatolá Ruholá Jomeini. Tras el cambio de régimen, el programa nuclear se paró y reanudó varias veces.
El siguiente punto de inflexión llegaría décadas después. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el presidente George W. Bush declaró la guerra contra el terror y en 2002 incluyó a Irán en el llamado “eje del mal”. Ya entonces había sospechas sobre el programa nuclear iraní. En 2003, Irán permitió la visita del OIEA para mantener conversaciones con el presidente y el jefe del programa nuclear. Durante la visita, los expertos encontraron partículas de uranio muy enriquecido, pero la organización confirmó que la República Islámica cumplía con el TNP. Sin embargo, las sospechas aumentaron por la negativa iraní de firmar un acuerdo con el OIEA que facilitara una mayor entrada de observadores externos. Estados Unidos o Francia respondieron con sanciones, por lo que Irán dejó de enriquecer uranio y firmó el Protocolo Adicional del TNP mediante el cual permitía un mayor número de inspecciones.
El acuerdo nuclear con Irán
Con todo, la República Islámica reanudó en 2004 el enriquecimiento de uranio después de que se revelara que había recibido ayuda de Pakistán para desarrollar su programa nuclear. En el contexto internacional de la guerra contra el terror, el progreso iraní en la industria nuclear llevó a Estados Unidos, el Consejo de Seguridad de la ONU o la Unión Europea a aprobar nuevas sanciones económicas y embargos de petróleo. Pese a los intentos de acuerdo, hubo que esperar a 2013, cuando la llegada del presidente moderado Hasán Rohaní facilitó el comienzo de las conversaciones con el Gobierno estadounidense de Barack Obama.
Como resultado de este acercamiento, Estados Unidos, China, Rusia, Francia, el Reino Unido y Alemania firmaron en 2015 el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) con Irán. Bajo este acuerdo, Irán se comprometía a limitar su programa nuclear a objetivos civiles y a no aumentar el enriquecimiento de uranio en los próximos años. A cambio, se levantarían las sanciones impuestas.
Sin embargo, Donald Trump sacó a Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018. Aunque el OIEA confirmaba que Irán cumplía con sus bases, el presidente estadounidense cedió a la presión del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y volvió a imponer sanciones. Como consecuencia, Irán comenzó a enriquecer uranio por encima del límite establecido. Tras la vuelta de Trump al poder en 2025 se reanudaron las conversaciones para un nuevo acuerdo nuclear con Irán. Sin embargo, el ataque israelí del pasado 13 de junio frenó las negociaciones y la escalada dificulta cualquier tipo de acuerdo a corto plazo.