¿Reguetón como arma electoral? El perreo toma las campañas en España y América Latina

De Hugo Chávez a Joe Biden, Nayib Bukele, Vox o Podemos, cada vez más políticos hispanoamericanos recurren al perreo en sus campañas electorales. El reguetón, combustible de un cambio cultural de masas, está saltando a la política a ambos lados del Atlántico.
Política y eleccionesAmérica Latina y el Caribe
¿Reguetón como arma electoral? El perreo toma las campañas en España y América Latina
Fuente: elaboración propia

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Al reguetón puertorriqueño le han bastado dos décadas para pasar de tener las puertas de la industria musical cerradas a convertirse en la locomotora de la música en español. Tanto es así, que publicaciones como The Economist contraponen el declive global de las letras en inglés al auge de figuras como Bad Bunny, laureado como el artista más escuchado de 2021 en Spotify. Prácticamente no hay país de habla hispana cuya lista de éxitos no haya sucumbido a la revolución reguetonera.

Pero así como ese impulso llegó a hacer de Despacito la canción más escuchada de la historia de YouTube, el género boricua también se ha convertido en una banda sonora en tiempos de elecciones. Una apuesta transversal que recorre todo el espectro político: de las derechas latinoamericanas de Nayib Bukkele, Juan Guaidó y Guillermo Lasso, a las izquierdas de Evo Morales, Pablo Iglesias y Gabriel Boric; del nacionalismo gallego en España a la irrupción de la extrema derecha de Vox y la apuesta izquierdista de Podemos.

El “efecto reguetón” se siente de Estados Unidos al Cono Sur

Ya en 2006, Alan García ganó las elecciones en Perú después de lo que el periódico El País llamó una “campaña a ritmo de reguetón”.  Dieciséis años después, su icónico “baile del teteo” y el llamado “efecto reguetón” que llevó a García a la presidencia no son una anécdota, sino el prólogo de algo más. Una historia que se extiende desde los anuncios de campaña de Joe Biden, en los que Bad Bunny le canta su “antes yo te quería / pero ya no” a Donald Trump, hasta las versiones de Daddy Yankee que arroparon las campañas de Evo Morales en Bolivia o del ecuatoriano Lenín Moreno.

Venezuela destaca en este uso político del reguetón, un género que ha vertebrado gran parte de la banda sonora de la revolución bolivariana. En dos décadas, el reguetón se ha puesto en el centro de la agitación musical chavista: no solo en videoclips y jingles electorales, sino también en sus baños de masas, marchas y movilizaciones. El recorrido le ha permitido al “reguetón bolivariano” explorar formulaciones más melosas o incluso el moombahton, cruce maquinero entre reguetón y techno. La apuesta, de hecho, ha empujado a las derechas venezolanas a reafinar su banda sonora reclutando el apoyo de estrellas extranjeras para su causa.

Muchas derechas hispanoamericanas también han coqueteado con esta moda para contrarrestar las victorias izquierdistas de la “marea rosa” durante la última década. La campaña que llevó al poder al llamado “populismo millenial” de Nayib Bukele en El Salvador en 2019, por ejemplo, explotó el trap latino más reguetonero. El tema Yo soy nayiliber, que versiona la canción Kripy Kush de Bad Bunny y Farruko, fue central en su campaña virtual. El reguetón también se usó en las campañas del presidente de Colombia, Iván Duque, el mandatario de Ecuador, Guillermo Lasso, o el líder de la oposición en Bolivia, Carlos Mesa. Otros líderes intentaron emular esta apuesta con el k-pop y el trap, como el chileno Antonio Kast y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, respectivamente.

El reguetón político en España, del nacionalismo gallego a Vox

Al otro lado del Atlántico, el primer reguetón de campaña nació en Galicia en 2009. Por entonces, el Bloque Nacionalista Gallego aspiraba a salvaguardar la coalición entre socialistas y nacionalistas que en 2005 había acabado con cuatro mandatos consecutivos del exministro franquista Fraga Iribarne en la región española. Contra un Partido Popular rejuvenecido por el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, la candidatura del BNG apostó por una comunicación innovadora que incluía una versión de Pobre diabla, de Don Omar. Esa vez, sin embargo, el “efecto reguetón” no sirvió para contrarrestar el desgaste de la coalición. ¿Quizá era demasiado pronto para un uso tan desacomplejado del género?

Una década después, entre jingles electorales, propagandas oficiosas y aportaciones espontáneas, el reguetón ya está plenamente insertado en la maquinaria electoral, desde los spots de la izquierda hasta los entornos digitales de Vox. La mayoría de los temas se han creado en los últimos cinco años, el primero Madrid te necesita, con el que la formación izquierdista Más Madrid cambió la letra de una colaboración entre Drake y Bad Bunny para pedir el voto en 2019. Desde entonces, con aciertos y fallos, la izquierda no ha titubeado en seguir el ejemplo latinoamericano. En la repetición electoral de 2019, por ejemplo, Podemos retrató el fracaso de la alianza entre Ciudadanos y el PSOE con una balada reguetonera.

En este contexto también surgieron versiones de grandes éxitos reguetoneros en apoyo a la ultraderecha de Vox, con versiones de temas como Te boté y su adaptación “(…) no quiero perroflautas / en ninguna esquina / la izquierda es pasado / y el pasado nunca vira”. Más recientemente, VOX ha intentado sacar partido al buen resultado de España en Eurovisión 2022 para versionar la canción de Chanel en su campaña para las elecciones andaluzas. Sin embargo, estas versiones, a menudo postirónicas y casi autoparódicas, no llegaron a asentarse. Algo que sí pasó en la izquierda, donde Unidas Podemos siguió recurriendo al reguetón para sus citas electorales de 2021 en Cataluña y Madrid, aunque con críticas y acusaciones de ridículo por su caricaturización del género y su infantilización del mensaje.

Un género bandera de la economía digital

La irrupción del reguetón en las campañas electorales no solo ha sido por moda musical, sino que tiene que ver con profundos cambios culturales, como la llamada “digital remixing culture”. Esta cultura del “corta y pega” o de reapropiación ha habituado a los nativos digitales a expresarse a través de referencias compartidas y objetos virales. En 2006, cuando el opositor venezolano Manuel Rosales se enfrentó en campaña a Hugo Chávez, acabó denunciado por el artista puertorriqueño Residente por versionar su Atrévete-Te-Te. Hoy, las versiones de campaña de los hits del momento suenan en la política local, regional y nacional de toda América latina sin denuncias de plagio trascendentes. Del Pepas de Farruko al Hawaii de Maluma, es difícil encontrar un éxito arrollador que no acabe convertido en material de campaña.

No había magia alguna en el “efecto reguetón” que acompañó a Alán García en su victoria de 2006. Es más, gran parte de las incursiones de la mercadotecnia electoral en los dominios del perreo han tenido resultados desastrosos. Sin embargo, la proliferación del reguetón dentro de las campañas electorales iberoamericanas son síntoma tanto del fervor que este género ha cosechado como de unas formas comunes de hablar y actuar en la red. Una expresión más de cómo en esta economía de la atención digitalizada las campañas electorales pugnan por reformularse para mantenerse el mayor tiempo posible en las pantallas.

Iago Moreno

Sociólogo graduado con distinción por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y Master in Philosophy por la misma institución. Durante los últimos años, ha colaborado con medios como 'Vice', 'Jacobin' o 'Contexto' y cadenas de radio como RNE o La SER como analista y divulgador, enfocándose principalmente en materias como la desinformación virtual y las consecuencias políticas de la digitalización de la esfera pública.