¿Quién gobierna en Líbano?

El Estado libanés no cuenta con presidente desde 2022 y tiene un primer ministro en funciones. Mientras tanto, el principal actor militar es Hezbolá, que desde hace décadas ha montado un Estado paralelo en parte del país y hoy en día sigue en guerra con Israel
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¿Quién gobierna en Líbano?
El Grand Serail, sede del Gobierno de Líbano. Fuente: Pjposullivan1 (Flickr)

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En Líbano no hay gobierno en la práctica debido a la crisis política y económica que vive el país desde hace años. Se trata de una república parlamentaria que tiene en cuenta el confesionalismo, es decir, que considera la diversidad religiosa (entre cristianos maronitas, musulmanes suníes y chiíes) en el reparto de las instituciones y la representación política. Sin embargo, la otrora “Suiza de Oriente Próximo” es hoy en día un Estado débil, fragmentado y en parte controlado por el partido-milicia islamista chií Hezbolá. De hecho, en Oriente Próximo, Líbano sólo supera a Siria y Yemen en PIB y en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional, situado en el puesto 149 entre 180 países del mundo.

Un Estado débil

Líbano se independizó de Francia en 1943 y los principales puestos del Estado fueron repartidos entre las tres grandes comunidades religiosas acorde al periodo del mandato francés. El presidente sería cristiano maronita, el primer ministro sería musulmán suní y el presidente del Parlamento sería musulmán chií. Sin embargo, las divisiones sectarias se hicieron cada vez más amplias y desembocaron en una guerra civil de 1975 a 1990 en la que también participaron la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Siria e Israel. Durante la invasión israelí surgió Hezbolá como fuerza de resistencia, la cual nunca se desarmó.

El Acuerdo de Taif, que puso fin a la guerra en Líbano, mantuvo el reparto de poderes entre comunidades, pero le quitó peso al presidente en favor del primer ministro. Además, amplió los escaños del Parlamento, que quedaría repartido a medias entre cristianos y musulmanes. Sin embargo, el posconflicto no acabó con las divisiones ni conllevó el refuerzo del Estado libanés. Los antiguos señores de la guerra aprovecharon la amnistía para volver o incorporarse a la política y crearon redes clientelares desde las cuales han aprovechado la representación de sus comunidades para beneficiarse. El país ha sumado desde entonces crisis políticas, una economía colapsada, el lastre de la corrupción y la influencia de potencias extranjeras.

Un reflejo de la falta de gobierno en Líbano han sido las vacancias en el puesto de presidente y la debilidad institucional. Desde los años noventa ha habido cuatro vacancias, la última desde 2022. Tras el fin de la presidencia de Michel Aoun, las fuerzas políticas no se han puesto de acuerdo para elegir un nuevo jefe del Estado. Asimismo, el primer ministro Nayib Mitaki, el hombre más rico del país, fue incapaz de formar un nuevo Gobierno, dimitió y junto con su gabinete han permanecido en funciones. Por su parte, el histórico presidente del Parlamento, Nabih Berri, ha sido el principal interlocutor con Estados Unidos e Israel. 

Líbano, ‘secuestrado’ por Hezbolá

La falta de gobierno en Líbano también la refleja el Ejército, opacado por Hezbolá. Las Fuerzas de Defensa libanesas se fundaron en 1945 como tropas multiconfesionales, pero pronto reflejaron las divisiones religiosas. Durante la guerra civil terminaron fragmentadas en los bandos del conflicto, especialmente entre soldados musulmanes y superiores maronitas, y aventajadas por las milicias. Después del conflicto pasaron a ser neutrales y a simbolizar la unidad nacional, pero siguieron siendo débiles y sin tener todo el control territorial. De hecho, las tres misiones de paz que la ONU había establecido siguen operando en el país.

Entretanto, Hezbolá pasó de ser una fuerza de resistencia a un partido y milicia que ha montado un Estado dentro del Estado en parte de Líbano. Durante los años ochenta y noventa combatió a las fuerzas de Israel, que invadieron el país de 1982 a 1985 y luego ocuparon el sur hasta el 2000, cuando fueron expulsadas por la organización chií. Hoy en día Hezbolá sigue en conflicto con Israel, especialmente a raíz de la guerra en Gaza que desembocó en una nueva invasión israelí del sur del país desde el pasado octubre. En paralelo, fue creando una red de protección social en las zonas que controla, donde también cobra impuestos y es la principal fuerza política y militar. Estas zonas son especialmente el sur y el noreste de Líbano, y el sur de Beirut. Su influencia ha dificultado los acuerdos en el Parlamento y para escoger al nuevo presidente.

José Manuel Cuevas

Bogotá, 1996. Editor en El Orden Mundial. Doble grado en Historia y Periodismo en la Universidad de Navarra.