La doctrina Eisenhower fue la estrategia del presidente estadounidense Dwight Eisenhower para contener a la Unión Soviética en Oriente Próximo. El entonces presidente la presentó en enero de 1957 en un discurso ante el Congreso, que la aprobó en marzo. Consistía en ofrecer ayuda económica y militar a los países de la región frente a agresiones, para así frenar la influencia soviética en la Guerra Fría y de paso calmar la creciente hostilidad del nacionalismo árabe hacia Occidente. Oriente Próximo vivía una situación vulnerable, entre otras, por la crisis del canal de Suez de 1956 que Moscú podía aprovechar, y Eisenhower continuó la política de contención en Europa de su antecesor, Harry Truman. El término “doctrina Eisenhower”, no obstante, también se ha usado para hablar de la estrategia de “represalia masiva”.
Un presidente para la Guerra Fría
Dwight Eisenhower había comandado las fuerzas de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y después las de la recién creada Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Su popularidad le llevó a ser presidente en 1952 y a la reelección en 1956. La política exterior estadounidense se vio marcada por la Guerra Fría y por su política de seguridad nacional, que priorizaba la disuasión con armas nucleares. También siguió fortaleciendo las economías de Europa Occidental con el Plan Marshall.
Para entonces, el espectro de la Guerra Fría se iba ampliando a otras regiones. Oriente Próximo atravesaba una época inestable, con vacíos y disputas por el poder. Además, Egipto impulsaba el panarabismo y nacionalizó en 1956 el canal de Suez, clave para el comercio internacional, por lo que el Reino Unido, Francia e Israel invadieron el país para intentar evitarlo. Washington, que condenó la agresión a un país que se acercaba a la Unión Soviética, buscaba fortalecer los lazos en la región y estabilizarla para contener el comunismo. Por ello ofreció ayuda económica y sobre todo militar a los países que lo solicitaran para reforzar su independencia. De esa forma, asegurar la estabilidad de la región le permitía a Estados Unidos fortalecer su propia influencia y contar con su petróleo y gas natural.
La doctrina Eisenhower se aplicó en varios países de Oriente Próximo desde antes del discurso del presidente en 1957. Estados Unidos orquestó el golpe de Estado del sah Mohamed Reza Pahlaví en Irán de 1953 junto con el Reino Unido, al que sustituyó como principal aliado del país. También alentó el Pacto de Bagdad en 1955 entre Turquía, Irán, Irak y Pakistán para conformar una alianza militar. Ya de forma más directa, Washington envió su flota naval en abril de 1957 para respaldar al rey Huseín I de Jordania ante la amenaza de un golpe de Estado militar. Y en julio de 1958 envió tropas a Líbano para defender al Gobierno de Camille Chamoun, envuelto en una crisis política por tensiones religiosas. En paralelo, Eisenhower impulsó las relaciones con Arabia Saudí para convertirlo en su principal aliado en la región.
La doctrina Eisenhower, más allá de una región
La política exterior de Eisenhower frente al comunismo fue más allá de Oriente Próximo. Impulsó el fin de la guerra de Corea en 1953 y usó a la CIA para derrocar a Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, como había hecho en Irán. También financió a Vietnam del Sur y apoyó militarmente a la República de China en Taiwán en sus respectivos conflictos contra Vietnam del Norte y la República Popular China. Asimismo, autorizó la creación de la NASA para competir en la carrera espacial contra la Unión Soviética.
Ese intervencionismo estadounidense en la Guerra Fría, la expansión de la influencia soviética y el miedo a una guerra nuclear llevaron a asociar la doctrina Eisenhower con la estrategia de “represalia masiva”. Esta idea, entendida a raíz de un discurso en 1954 del secretario de Estado de Eisenhower, John Foster Dulles, supone una respuesta mucho más fuerte a un ataque inicial. Y es que además de apoyar a otros países y de promover golpes de Estado, Washington estaba inmerso en una carrera armamentística con Moscú, con la cual se disuadían de atacarse entre sí o a sus aliados, ya que ambos poseían cada vez más armas nucleares.