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La bolsa de valores es un mercado donde se intercambian activos financieros a través de intermediarios especializados. El objetivo de los ahorradores es obtener una rentabilidad y de las empresas poder financiarse y posicionarse. Hoy en día el intercambio puede hacerse de forma física o sobre todo virtual. La bolsa de valores se considera un “mercado secundario” porque en ella se negocian activos que ya han sido emitidos en el mercado primario. Por tanto, en la bolsa se transfiere su propiedad.
Los intermediarios financieros, corredores o agentes de bolsa, representan a las personas físicas o jurídicas que lo requieran sin que estas tengan contacto con el propietario del activo. A cambio, se quedan una comisión. Los intermediarios pueden ser entidades de crédito (como los bancos), sociedades gestoras de carteras, compañías de seguros o empresas privadas, entre otros. En España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores controla la bolsa de valores y autoriza la operación de los intermediarios financieros.
De los Países Bajos al mundo
Los orígenes más remotos de la bolsa de valores están en Grecia y Roma, pero su primer antecedente directo viene de la Edad Media en la ciudad de Brujas, actual Bélgica. La familia Van der Buërse, dedicada a la banca, organizaba reuniones para transaccionar activos y hacer operaciones comerciales. La denominación “bolsa” surgió del apellido y del escudo familiar, que tenía tres bolsas de piel, las cuales se usaban como monedero. En los siglos XIII y XIV, Brujas se volvió un importante centro comercial.
La bolsa moderna surgió en la cercana ciudad de Amberes en el siglo XV, pero la Bolsa de Ámsterdam, creada en 1602, se considera la primera. En ella se hacían operaciones con bonos y acciones. Fue fundada por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales para financiar los viajes entre Países Bajos y Asia. Era habitual que las expediciones se arruinaran tras realizar un viaje costoso y de alto riesgo, por lo que sus acciones fueron las primeras en comerciarse y así pudo financiarse durante casi dos siglos.
El exitoso modelo se popularizó y pasó a imitarse en otras capitales y centros económicos. Londres, Nueva York, París o Tokio, entre otras ciudades, fundaron sus bolsas de valores entre los siglos XVIII y XIX. En España, la primera bolsa se fundó en 1809 en Madrid, y el mercado bursátil empezó a funcionar en 1831. También están las de Barcelona, Bilbao y Valencia. Hoy en día las bolsas de valores más importantes del mundo por capitalización son las de Nueva York, la Nasdaq estadounidense, Shanghái, Euronext y Tokio.
¿Qué se hace en la bolsa de valores?
En la bolsa de valores, los ahorradores pueden invertir su excedente de dinero para obtener una rentabilidad. Por tanto, podrán rentabilizar sus ahorros en un mercado regulado, más seguro y con mayor información. Las empresas deciden «salir a bolsa» con el fin de obtener financiación, crecer y ganar prestigio y credibilidad. Para ello, deben publicar sus estados financieros, de forma que las personas puedan conocer su situación financiera y decidir invertir o no en ellas. Por tanto, gracias a la bolsa se puede canalizar el ahorro hacia la inversión productiva. También ofrece liquidez, es decir, los inversores pueden transformar en dinero sus activos, y seguridad jurídica con el respaldo de las transacciones.
Entre los activos financieros que se negocian en la bolsa de valores están los de renta fija, renta variable y los derivados financieros. Con la renta fija, el inversor recibe una cuantía determinada en un período establecido. Al conocer la rentabilidad que obtendrá, es una inversión menos arriesgada. Sucede con los bonos y las letras del tesoro. Los de renta variable son aquellos en los que no se sabe qué rentabilidad se obtendrá, por lo que suponen una inversión más arriesgada. Es el caso de las acciones, los fondos de inversión, los bonos convertibles y las participaciones preferentes. Por último, los derivados financieros como los futuros, las opciones, los swaps o los warrants, entre otros, dependen del valor de otros activos.