Escucha este artículo
A Elon Musk se le está atragantando la compra de Twitter. La empresa, que acumulaba 4.200 millones de dólares de deuda a largo plazo y 1.361 millones de pérdidas en los últimos dos años, enfrenta su momento más crítico. El 90% de los ingresos anuales dependía de los anunciantes, que ahora huyen preocupados por cómo la falta de moderación de contenido deja a sus marcas desprotegidas frente a la suplantación de cuentas o los discursos de odio. GroupM, una influyente empresa de publicidad digital, advertía a sus clientes que anunciarse en Twitter se había convertido en un “alto riesgo”.
Los fallos técnicos también se han disparado. Musk echó a más de la mitad de la plantilla y a casi todos los trabajadores externos, muchos de ellos clave para que la plataforma funcione. Un antiguo empleado lo resumía en conversación con el Washington Post: “Cada error de código ahora es letal. Los que quedan van a estar abrumados, sobrecargados, y cometerán más errores”. El magnate ya alertó sobre la posibilidad de que Twitter se acercaba a la bancarrota. Pero en juego también están sus dos mayores capitales: el valor de Tesla y su imagen pública.
Una compra accidentada
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento