Por qué España necesita más inmigrantes y no menos

La inmigración es crucial para un país como España, en plena crisis demográfica y de productividad. Los inmigrantes ayudan a pagar las pensiones, cubren puestos en sectores clave, no quitan empleos o hacen bajar salarios de los nacionales e incluso aumentan el comercio exterior. Sin embargo, cala el discurso antiinmigratorio.
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Por qué España necesita más inmigrantes y no menos
Fuente: Tim Mossholder (Unsplash)

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Torre Pacheco, Jumilla… La extrema derecha está agitando este verano el discurso antiinmigración en España. Aquí ese mensaje no ha calado tanto como en otros países europeos, pero el rechazo al inmigrante está creciendo: ya es el principal problema para los españoles según el CIS. Sin embargo, los datos no avalan esa alarma social. Por ejemplo, la inmigración no aumenta la criminalidad, al contrario de lo que la ultraderecha suele argumentar.

Lo cierto es que España necesita inmigrantes. Representan uno de cada cinco empleados en la construcción y la agricultura. Además, la pirámide poblacional del país está invertida, es decir, hay muchas más personas mayores que jóvenes, por lo que, más allá de la necesidad de reformar el sistema de pensiones, la inmigración contribuye a que este se sostenga. 

La inmigración no debe defenderse sólo por su utilidad para la economía, sino sobre todo como un derecho humano. Pero incluso quienes prefieran ignorar las razones morales deberán reconocer que, ante la crisis demográfica de España, la inmigración no debería ser vista como un problema sino como una solución.

La economía española depende de la inmigración

El gran peso de los inmigrantes en ciertos sectores no es su única aportación a la economía española. El crecimiento del país está impulsado sobre todo por el aumento de la mano de obra, en vez de por una mayor productividad, y tal crecimiento no sería viable sin un gran volumen de inmigrantes en edad de trabajar. Es más, “la inmigración ha pasado a ser motor de creación de empleo”, señala BBVA Research, el centro de análisis económico del banco BBVA. La inmigración explica ya el 90% del crecimiento de la población activa desde 2021. Además, los inmigrantes que llegan a España están cada vez más cualificados

La inmigración también será crucial para mantener las pensiones. Los inmigrantes pasarán de representar el 18% del total de población a principios de 2024 al 28,2% de 2050, y contribuirán a sostener las jubilaciones en las próximas décadas. Pero es un parche temporal: en una simulación para los años 2008-2050 de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), la inmigración sólo da cinco años más de margen para corregir los desequilibrios del sistema de pensiones

Mapa de las comunidades inmigrantes más numerosas en España

Por otro lado, la inmigración puede aumentar el comercio con países extranjeros, como parece haber sido el caso en España. Se estima que entre 1993 y 2008 un aumento de un 1% de la inmigración causó un 0,10% de aumento en las exportaciones. Otro ejemplo es el del regreso de refugiados yugoslavos a su antiguo hogar desde Alemania tras la descomposición de Yugoslavia en los años noventa. Se estima que por cada 1% de aumento en el retorno de refugiados, crecieron las exportaciones de la industria y municipio en el que el trabajador se incorporara entre un 0,08 y 0,24%.

La inmigración impulsa el desarrollo 

La inmigración puede ser incluso un motor de desarrollo. El mayor determinante del crecimiento económico a largo plazo es la productividad, y se ha probado que la inmigración puede contribuir a que esta crezca. Pese a que los inmigrantes representan sólo el 16% de inventores en Estados Unidos, son responsables del 30% de la innovación estadounidense desde 1976. Otro análisis, también centrado en Estados Unidos, señala que la inmigración, además de no expulsar a nativos de su empleo, aumentó la productividad de la economía entre la década de 1960 y los 2000. 

Tanto es así que eliminar las barreras a la inmigración a nivel mundial causaría unas ganancias de entre una y dos veces mayores que eliminar las barreras a la movilidad internacional de bienes y capitales, según un análisis publicado en la Journal of Economic Perspectives. El mismo autor estimó que las restricciones al asilo de refugiados en Estados Unidos le costaron a la economía estadounidense la oportunidad de generar 9.100 millones de dólares adicionales al año durante la primera presidencia de Donald Trump (2017-2020). 

En Alemania, que acogió a cientos de miles de refugiados en 2015, un reciente estudio concluye que la llegada de refugiados puede conducir a un crecimiento per cápita a largo plazo. Este crecimiento es mayor si los refugiados son jóvenes y están cualificados. Además, los refugiados llegados a Alemania entre 2014 y 2015 no desplazaron a los nacionales de sus empleos. Pero han tenido dificultades para conseguir buenos trabajos. En los últimos años Alemania, y buena parte de Europa, ha endurecido sus políticas de asilo. Las restricciones a la llegada de refugiados y las medidas orientadas a ahorrar costes, tales como ubicar a los solicitantes en áreas incómodas fuera de los núcleos urbanos, dificultan su integración. 

Se exagera el impacto negativo

Si los efectos positivos de la inmigración sobre la economía son muchos, los impactos negativos tienden a exagerarse. El discurso antiinmigratorio suele señalar que la llegada de inmigrantes haría bajar los salarios y aumentar el paro de los españoles, sobre todo de aquellos con empleos menos cualificados. Sin embargo, se ha demostrado que en España la inmigración no ha afectado negativamente ni a los salarios ni al empleo de los trabajadores nacionales. 

El efecto de la inmigración en los salarios de los nativos menos cualificados es casi nulo en países industrializados. Los nuevos inmigrantes no suelen representar un porcentaje tan grande del empleo como para tener un impacto significativo. Ante la llegada de inmigrantes menos cualificados, los nacionales suelen moverse a otras responsabilidades dentro de la empresa sin perder sus salarios. A largo plazo, la inmigración no tiene un efecto relevante sobre el empleo de los nativos poco cualificados. 

Otro de los grandes mitos es que los inmigrantes viven de ayudas, pero no es cierto. Las ayudas sociales suelen otorgarse en función de la vulnerabilidad económica de la persona u hogar. En España, el 22,8% de los nacionales está en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 35,2% de los extranjeros comunitarios y el 60,4% de los extracomunitarios, que suponían un 53,04% de los extranjeros en 2022, último dato del INE. Pese a ello, son más los españoles que utilizan los servicios sociales que los extranjeros: un 22,93% de quienes están en riesgo de pobreza o exclusión social frente al 20,70% de los extranjeros.

¿Pero es evitable la inmigración?

Aunque la inmigración sea deseable, cabe preguntarse: si se la quisiera frenar, ¿podría hacerse? No lo parece. La migración siempre ha acompañado al ser humano, empujado a dejar su hogar para buscar mejores condiciones de vida. Dado el desarrollo demográfico de África, por ejemplo, y su todavía baja renta, no es realista pensar que la migración africana hacia Europa se vaya a detener pronto. 

El mapa de las rutas migratorias entre África y España

La población de África se ha multiplicado por más de cinco entre 1960 y 2024, y la ONU espera que se duplique de aquí a 2070, alcanzando más de 3.000 millones de personas. Por otra parte, la migración suele continuar al menos hasta que los países de origen disponen de una renta per cápita cercana a 8.000 dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA). Senegal, uno de los países más estables de África, tiene una renta per cápita de 5.110 dólares. 

El reto, por tanto, no es frenar la inmigración sino gestionarla de la mejor manera posible. Existen ejemplos de éxito. En Suiza, los permisos de residencia temporal y trabajo para inmigrantes que iban a ser expulsados pero cuya expulsión se demostró ilegal o demasiado difícil, los conocidos como F-permits, aumentaron la probabilidad de empleo y los ingresos de los beneficiarios; estos también mejoraron su manejo del idioma local y se sintieron menos solos en el país. En la misma línea, el acceso a la ciudadanía acelera la integración económica, educativa y sociopolítica de los inmigrantes, lo que beneficia tanto a ellos como al país receptor.

Los prejuicios sobre la inmigración son, como dijo el ex primer ministro sueco Olof Palme, “una expresión de ignorancia y miedo”, además, injustificada. La inmigración es una realidad imposible de frenar, e integrar a los inmigrantes no sólo es posible sino también deseable. Lo contrario, dejarse llevar por las falsas creencias del discurso antiinmigratorio, impedirá a sociedades como la española aprovechar las oportunidades que supone la migración.

Francisco Nunes

Economista por la Universidad Complutense. Ocasionalmente aparece en La Sexta Xplica y escribe en eldiario.es. Además, ha trabajado en el Observatorio de la Realidad Financiera y en la Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado.