Aunque los palestinos son la comunidad refugiada más antigua, los sirios, cuyo país se encuentra sumergido en una devastadora guerra desde 2011, constituyen el grupo de refugiados más extenso del mundo. Casi seis millones y medio de personas se han visto obligadas a dejar su lugar de origen en este país de Oriente Próximo, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Una persona es refugiada cuando en su país ve amenazada su vida por motivos religiosos, políticos, étnicos, sociales o de nacionalidad. Los refugiados gozan de protección internacional y por tanto no deben ser deportados ni devueltos a contextos en los que peligra su vida, como ha ocurrido en varias ocasiones durante los últimos años en Europa.
En 2022 había 29,4 millones de refugiados bajo el mandato de ACNUR en el mundo, a los que hay que sumar los casi 6 millones de refugiados palestinos, bajo el mandato de UNRWA. Cuando la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina comenzó su operativo en 1950, asistía a unos 750.000 refugiados. Hoy, aquellas personas y sus descendientes ya suman cerca de 5,9 millones, que se encuentran en situación de refugio dentro de su propio territorio o en otros países de Oriente Próximo.
Junto con los palestinos, las cinco comunidades refugiadas más grandes del mundo son los sirios, los afganos, los ucranianos y los sudaneses del sur. La guerra civil entre los dos sudanes, la invasión estadounidense de Afganistán en 2001 y el régimen talibán posterior, la persistente guerra civil en Siria y la ocupación israelí de Palestina constituyen de esta forma los conflictos que más gente han expulsado de su lugar de origen en los últimos años. En el caso de la guerra de Ucrania, la invasión rusa ha expulsado de sus hogares a más de 5,8 millones de refugiados en apenas año y medio de conflicto.
Pero ¿dónde buscan refugio todas estas personas? Lejos de lo que sostienen las tesis xenófobas y antimigratorias, la mayoría de los refugiados se instalan en países vecinos, por lo general de ingresos medios o bajos. Frente a ellos, sólo un 24% solicitan protección en países de altos ingresos. De hecho, de entre los diez principales países receptores de refugiados, solo Alemania, Rusia y Polonia se consideran desarrollados.
Paquistán, vecino de Afganistán, acoge a cerca de cuatro millones de afganos. La decisión del ejecutivo pakistaní de expulsar a las personas indocumentadas, alegando motivos de seguridad nacional en el contexto de la lucha contra los talibanes, afectará a 1,7 millones de los afganos que habitan en el país. La ONU advierte que esta medida agravará la crisis humanitaria en Afganistán, y considera también que se estaría incumpliendo el deber de dar protección a los refugiados bajo su mandato.
Por su parte, del millón y medio de personas que han tenido que abandonar su lugar de origen en Myanmar (antigua Birmania), más de 900.000 pertenecen a la etnia rohinyá, una minoría apátrida musulmana muy perseguida en el país y que se encuentra, desde 2017, mayoritariamente localizada en campos de refugiados en Bangladés.
Por último, y a pesar de que hasta 147 países han firmado la Convención Internacional sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, la no participación en estos acuerdos de países como Líbano, Jordania, India, Bangladés o Pakistán —precisamente algunos de los que más refugiados acogen— crea obstáculos muy importantes para garantizar una protección adecuada a aquellos que buscan refugio.
Líbano y Jordania, por ejemplo, acogen a millones de refugiados, sobre todo palestinos, pero mientras que en el primer país sí que gozan de ciudadanía, en Líbano se les niegan derechos humanos básicos, como el acceso a los servicios públicos.








