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Pedro Sánchez ha anunciado que seguirá siendo presidente del Gobierno de España. El mandatario español había asegurado en una carta el pasado 24 de abril que se estaba planteando dimitir después de que un juez abriera diligencias contra su mujer por presunta corrupción. La posible renuncia del líder socialista disparó los rumores sobre su futuro político.
Durante los últimos meses, Sánchez había aparecido en las quinielas para ocupar un alto cargo en la Unión Europea o en la OTAN. Si finalmente hubiera abandonado La Moncloa, hubiera tenido diferentes alternativas para desembarcar en estas organizaciones. Sin embargo, sus posibilidades de conseguirlo hubieran sido escasas o nulas.
El Consejo Europeo era la única salida viable
La presidencia del Consejo Europeo es la vía más accesible que tenía Sánchez para aterrizar en la UE. El presidente del Consejo lidera e impulsa los trabajos de este organismo, que reúne a los líderes políticos de cada país miembro, y es el máximo representante de la Unión en la política exterior. A nivel internacional, su rango es el de un jefe de Estado. Su elección, cada dos años y medio con posibilidad de una renovación, se realiza por mayoría cualificada entre los miembros del Consejo y suele ser producto de un acuerdo en el que también se reparten otros altos cargos.
Los socialdemócratas son los favoritos para hacerse con la presidencia del Consejo. Desde 2019, el puesto lo ocupa el belga Charles Michel, miembro de los liberales. Es probable que los socialdemócratas reclamen el cargo después de las elecciones europeas de junio, pues las encuestas indican que volverán a ser la segunda fuerza del Parlamento Europeo. Sin embargo, Sánchez no hubiera sido el único candidato socialdemócrata para presidir el Consejo una vez finalice el segundo mandato de Michel en noviembre.
Uno de los principales favoritos es el ex primer ministro de Portugal, António Costa, que dimitió en noviembre por una investigación por corrupción. Aunque las pesquisas siguen abiertas, la Fiscalía admitió confundir su nombre con el de otra persona en las escuchas que supuestamente le vinculaban con la trama. La otra gran alternativa es la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, que ha ganado enteros después de que se desinflara su candidatura para ser la próxima secretaria general de la OTAN. Otra opción es el italiano Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y ex primer ministro italiano, que podría recalar en el Consejo si Ursula von der Leyen se mantiene como presidenta de la Comisión Europea.
Varios factores jugaban en contra de Sánchez. A los líderes de la UE les preocupa elegir a otro presidente joven y con ambiciones políticas, como Michel. Los Veintisiete quieren evitar nuevas tensiones entre los presidentes del Consejo y de la Comisión. En este sentido, Sánchez despertó recelos en Bruselas por el uso de la presidencia española del Consejo de la Unión Europea para promover su agenda interna. A ello se suma el apoyo a Palestina en los últimos meses y el peso geográfico en el reparto de cargos. España cuenta con Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo, con Nadia Calviño como presidenta del Banco Europeo de Inversiones y con Josep Borrell de salida como alto representante de la UE para Asuntos Exteriores.
La Comisión Europea: un objetivo imposible
La presidencia de la Comisión Europea es otro gran cargo de la UE. El presidente de la Comisión ostenta el poder ejecutivo de la Unión, ya que dirige y coordina su acción política. Su proceso de elección comienza en el Consejo. Este órgano propone a un candidato para la Comisión por mayoría cualificada, teniendo en cuenta los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo. Dicho candidato debe ser aprobado por mayoría absoluta en la propia Eurocámara.
Desde 2014, la elección de los candidatos a la presidencia de la Comisión se realiza por medio del sistema spitzenkandidat o de candidato principal. Mediante este proceso, cada grupo político del Parlamento escoge a su candidato para la presidencia. Tras las elecciones, el Consejo propondría al aspirante del grupo con más escaños. Esto significa que los grupos parlamentarios deben elegir a sus candidatos antes de los comicios.
Para estas elecciones, los principales grupos ya han seleccionado a sus aspirantes. En marzo, los socialdemócratas europeos escogieron al comisario de Empleo, el luxemburgués Nicolas Schmit. En principio, la elección de Schmit cerraba la puerta de la Comisión a Sánchez. Sin embargo, la regla del spitzenkandidat no es vinculante: el Consejo puede proponer al candidato que considere. De hecho, la actual presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, fue elegida pese a no ser la candidata escogida inicialmente por su formación, el Partido Popular Europeo (PPE).
Pero incluso si se hubiera optado por Sánchez en vez de por Schmit, el español no hubiera tenido opciones de alcanzar la presidencia de la Comisión. Gracias al dominio de la derecha en Europa, ningún socialdemócrata ha ocupado el cargo desde 2004, y todo indica que el PPE volverá a ganar los comicios. Por tanto, lo más probable es que Ursula von der Leyen repita en el cargo o que los populares europeos respalden a una figura independiente como Mario Draghi, como propone el presidente francés, Emmanuel Macron.
La OTAN y la ONU, otros escenarios descartados
Sánchez también podría haber puesto su punto de mira más allá de la UE, pero tampoco tenía posibilidades de obtener un cargo relevante. Una de las opciones más atractivas era el cargo de secretario general de la OTAN, el máximo representante de la Alianza, que debe renovarse en octubre. Esta posibilidad cobró fuerza después del éxito organizativo que supuso la cumbre de la OTAN en Madrid en 2022. Sin embargo, su nombre había perdido peso en las quinielas.
La elección del secretario general se realiza por consenso entre los miembros, y Sánchez no tenía el respaldo de las dos principales potencias de la organización: Estados Unidos y el Reino Unido. En particular, a Washington le molesta que España sea el tercer país de la Alianza que menos porcentaje del PIB gasta en defensa. Además, todo apunta a que el sucesor del noruego Jens Stoltenberg, que lleva dos años prolongando su mandato ante la falta de acuerdo, será el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte.
Si el liderazgo de la OTAN era inviable para Sánchez, el de Naciones Unidas era impensable. El actual secretario general de la ONU, el portugués António Guterres, tiene su mandato vigente hasta 2026. Además, el presidente del Gobierno español ni siquiera estaba en la lista de candidatos a sucederlo. Muchas voces, incluido el propio Sánchez, han reclamado que el puesto lo ocupe por primera vez una mujer. Asimismo, Sánchez y Guterres son socialdemócratas y de países vecinos, y una norma no escrita en la ONU establece la rotación geográfica de la Secretaría General, que podría ahora recaer en alguien procedente de América Latina.







