El estrecho de Gibraltar es un punto clave en el mapa de la geopolítica mundial. En sus aguas se encuentran no solo el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, sino también Europa y África; el primer mundo rico con el mundo en vías de desarrollo. Además, el estrecho funciona como choke point para las rutas de navegación globales, pasando por él el anillo de circunnavegación, que une los puertos industriales de Asia oriental con los puertos petrolíferos del Golfo y las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos.
El estrecho es disputado por tres países: España, Marruecos y Reino Unido. España se extiende por la costa norte, pero posee, fruto de la historia, la ciudad de Ceuta en el lado sur, y un puñado de islotes frente a las costas marroquíes, en lo que se considera la frontera más desigual del mundo. Marruecos se extiende por la costa sur, y Reino Unido controla el peñón de Gibraltar, la última colonia de Europa. Pero también Estados Unidos tiene marcado el estrecho de Gibraltar en su mapa geopolítico, con las importantes bases militares de Rota y Morón, herencia de la Guerra Fría y que dan al país norteamericano un control sobre las aguas del estrecho.
España reclama el peñón de Gibraltar como propio, aunque lo cedió en el tratado de Utrecht. No obstante, el tratado reconocía que si dejaba de ser británico, el Peñón debería volver a manos españolas, y el territorio cedido en dicho tratado era menos que el que actualmente ocupa la colonia, que se ha ido expandiendo por territorios colindantes ganando terreno al mar, y, sobre todo, apropiándose del istmo. Sin embargo, el brexit ha vuelto a acercar Gibraltar a España más que en ningún otro punto de los últimos siglos.
Marruecos, por su parte, reclama la ciudad de Ceuta y los peñones bajo soberanía española. Lo hace bajo la idea del Gran Marruecos, con la que también se anexionó el Sáhara Occidental y reclamó buena parte de Mauritania y Argelia. Sin embargo, la situación de Ceuta es bien diferente a la de estos ter...