Tipos de hidrógeno

Verde, azul o negro: los distintos tipos de hidrógeno

El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, pero existen numerosos tipos en función de la fuente de energía que se use para procesarlo
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El hidrógeno es una de las principales esperanzas del mercado energético global. Gracias al desarrollo de la tecnología y sobre todo a la urgencia derivada de la necesidad de abandonar los combustibles fósiles para frenar el cambio climático, se ha comenzado a utilizar este elemento —el más abundante del universo— para producir por primera vez energía limpia, segura, constante, eficiente y fácilmente almacenable al mismo tiempo. Pero el camino hacia ese futuro donde los distintos tipos de hidrógeno puedan jugar un papel diferencial —la UE se ha propuesto basar en él el 14% de su suministro energético para 2050— será largo y costoso y, a falta de una infraestructura que posibilite su producción y transporte, su implantación no se puede dar ni mucho menos por sentada.

Tres son los principales problemas asociados a su utilización: para empezar, se trata de un elemento que se encuentra acompañado de otros en la naturaleza, por lo que resulta necesario aislarlo mediante el empleo de otras energías; al ser un gas, exige además ser convertido a estado líquido para ser transportado y almacenado, lo que aumenta los requerimientos técnicos y de infraestructura; y, en tercer lugar y como consecuencia de los dos obstáculos anteriores, requiere de inversiones muy cuantiosas que elevan su precio final.

También es cierto, no obstante, que el número de proyectos y empresas involucrados en su exploración está creciendo exponencialmente y que las posibilidades de producción de hidrógeno son cada vez más amplias, tanto en relación al tipo de energía primaria que puede intervenir en el proceso de separación como al de la técnica en sí misma para hacerlo. Así, dependiendo de la opción elegida y de su sostenibilidad, está surgiendo una clasificación internacional en la que cada tipo de hidrógeno recibe el nombre de un color.

El más contaminante de todos es el hidrógeno negro o marrón, aquel que se produce con carbón bituminoso o lignito, respectivamente, a través de un proceso conocido como gasificación —se quema el carbón a temperaturas muy elevadas y la combustión libera por un lado dihidrógeno y por otro monóxido de carbono—. A este le seguiría el gris, generado a partir de hidrocarburos —gas natural principalmente— y el reformado con vapor, un método que utiliza este componente a presión para disociar el carbono del hidrógeno. En caso de que en el procedimiento se empleen sistemas de captura y almacenamiento de carbono, el hidrógeno recibe el apellido de azul, el más producido en la actualidad junto con el gris.

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También empieza a tomar fuerza el hidrógeno turquesa, igual a los anteriores pero con la diferencia de que incorpora un proceso alternativo conocido como pirólisis, la degradación térmica de una sustancia en ausencia de oxígeno. Esta técnica elimina la emisión de gases contaminantes y la sustituye por carbono sólido, más fácil de gestionar o reutilizar, aunque es cierto que aún se encuentra en una fase muy inicial.

Sí comienza a ser más factible y prometedora la opción del hidrógeno verde, probablemente el más conocido de todos y el cual hace uso de fuentes renovables y la electrólisis —empleo de una corriente eléctrica para romper la unión molecular del agua— para aislar el hidrógeno. La gran pega de esta solución es la gran cantidad de electricidad que requiere, no siempre disponible si se opta por energías renovables, por lo que su generación se podría limitar a aquellos momentos en los que existe un excedente de corriente verde —bien porque se satura la red eléctrica o porque decae la demanda—.

En caso de hacer uso de energía nuclear recibe el nombre de hidrógeno rosa y, en el de la solar, amarillo, aunque esta denominación también puede hacer referencia al hidrógeno producido a partir de fuentes mixtas. Por último, también comienza a explorarse la posibilidad de extraer hidrógeno blanco o geológico, aquel que se encuentra aislado de forma excepcional en depósitos subterráneos, pero aún no se ha dado con ninguna estrategia para hacerlo a gran escala y poder aprovechar este recurso.

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