La pandemia del coronavirus obligó a muchas empresas europeas a implantar el trabajo en remoto. Desde despachos improvisados y espacios reacondicionados en sus propios domicilios, un 13,4% de los trabajadores comunitarios terminó el año 2021 trabajando de forma telemática durante la mayor parte de su jornada semanal, frente al 5,4% que se registraba en 2019. Sin embargo, no todas las compañías han apostado por mantener un modelo que se comenzó a generalizar con la llegada de internet y las comunicaciones digitales.
Aunque la tesis de que el teletrabajo reducía la productividad ha demostrado ser falsa, lo que parece ser que sí se reduce con el teletrabajo es la innovación y la producción de patentes, según un estudio publicado por la revista científica Nature. Ya sea por esto, por logística o por una percepción anticuada relacionada con el control sobre los trabajadores, muchos empresarios han decidido regresar al modelo mixto o al totalmente presencial.
Los últimos datos de la encuesta sobre la fuerza laboral europea de Eurostat confirman esta tendencia: el número de trabajadores de la Unión Europea que en 2022 realizaba más de la mitad de su jornada teletrabajando había bajado al 10,2%. Por el contrario, el porcentaje de los que tabajan desde casa ocasionalmente siguió aumentando hasta situarse en el 12,2%.
Este modelo, mixto o híbrido, es el más común en la Unión Europea, aunque hay países como España dónde trabajar desde casa la mayor parte del tiempo es más frecuente que hacerlo solo de forma esporádica. El teletrabajo ocasional es el modelo preferido en Países Bajos, Suecia o Luxemburgo, dónde más de un 20% de los asalariados trabajan de esta forma.
Las divergencias en la implantación del teletrabajo a lo largo de la UE son un ejemplo más de la división norte-sur. Mientras que las economías del sur y el este, como la española, están más dedicadas al sector servicios, las del norte son economías dónde la industria y la tecnología tienen más peso, haciendo más factible el teletrabajo.
En este sentido, uno de los casos más llamativos es el de Irlanda, dónde más de un 25% de los asalariados trabajan habitualmente desde casa, frente al 7% de 2019.
¿Por qué en Irlanda ha tomado tanta fuerza este modelo? Más allá de la pandemia, el Brexit también ha trasformado el mercado laboral del país. Desde la marcha de Reino Unido de la Unión Europea en 2020 muchas empresas han trasladado sus centros de operaciones a Dublín. La capital irlandesa es también la sede europea de grandes tecnológicas como Google, Meta o Amazon, y acumula un porcentaje significativo de trabajadores empleados en tecnología y software. Una burbuja sostenida en la baja presión fiscal y que ha sido criticada por generar una falsa sensación de bonanza económica.
En Estonia, por su parte, la puesta en marcha de la residencia virtual (e- residente) en 2014 ha impulsado la creación de startups y el aumento del teletrabajo, mucho menos habituales en los otros países bálticos. Aunque el programa de residencia virtual ya cuenta con cerca de 100.000 participantes, el modelo digital de Estonia, incluída su administración ha suscitado críticas por la posible vulnerabilidad de la confidencialidad de datos y la dependencia excesiva de empresas privadas para la gestión pública. A pesar de ello, los e-residentes han elevado la fuerza laboral del país en casi un 10%.
En último términos, son los países del este de la Unión Europea los que cuentan con un modelo de teletrabajo menos asentado. En Rumanía y Bulgaria, por ejemplo, menos de un 3% de los asalariados trabajaban desde casa en 2022, muy por debajo de la media comunitaria.










