La diplomacia de las armas: así es el reparto de la financiación militar extranjera de Estados Unidos

La gran potencia global reparte todos los años miles de millones de dólares en subsidios y ayuda militar. Israel es el principal destinatario
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Préstamos y subsidios para dar salida a su propio armamento, equipamiento de seguridad o asesoramiento y entrenamiento en combate. La ayuda militar a países extranjeros lleva tiempo siendo una parte muy importante de la estrategia diplomática de Estados Unidos y su Agencia para la Cooperación para la Seguridad de la Defensa (DSCA, por sus siglas en inglés). Fundada a comienzos de los años setenta en pleno contexto de la Guerra Fría, este organismo dependiente del poderoso Departamento de Defensa ha sido uno de los principales instrumentos de la primera potencia mundial para extender su influencia por decenas de países en forma de ayuda y financiación militar.

Financiación militar extranjera Estados Unidos móvil

Financiación militar de Estados Unidos en el extranjero ordenador

En total, la DSCA ha invertido cerca de 124.000 millones de dólares en préstamos y subsidios para comprar bienes y servicios estadounidenses a países extranjeros desde el año 2000, el equivalente al 14% del gasto en Defensa actual del Estado norteamericano. Son más de dos décadas en las que Estados Unidos ha vivido los atentados del 11 de septiembre de 2001 y se ha embarcado en dos grandes invasiones a gran escala en Irak y Afganistán, convirtiendo por el camino a Oriente Próximo y Asia central en dos de los principales focos de tensión del mundo tras la instauración de la doctrina de la «guerra contra el terror».

De acuerdo con los datos recopilados por el Center for International Policy, una ONG con sede en Washington, estas son de hecho dos de las regiones donde más se concentra el programa de financiación militar extranjera (FMF, por sus siglas en inglés) del gobierno norteamericano, aunque ningún otro país destaca tanto en el listado como Israel: el Estado hebreo ha recibido algo más de la mitad de la financiación militar que Estados Unidos ha enviado al extranjero durante los últimos cinco lustros, con un montante que supera los 64.000 millones de dólares.

Egipto (24%), Jordania (6%), Pakistán (3%) e Irak (3%) son los siguientes países que más volumen de ayuda militar reciben desde Washington, además de otros como Líbano, Afganistán, Colombia o Ucrania. El caso de este último, sin embargo, es especial: si tenemos en cuenta toda la ayuda militar más allá de la compra de armas, desde el comienzo de la invasión rusa Estados Unidos ha destinado más de 44.000 millones de dólares en asistencia militar a Kiev, un récord histórico si se tiene en cuenta el reducido periodo de tiempo en el que se ha producido.

Entre otras partidas, a la inversión en concepto de ayuda militar extrajera —que en 2021 ‘solo’ destinó 115 millones de dólares a Ucrania— se han sumado varios paquetes suplementarios con cargo al FMF y envíos de armas gestionados directamente por el presidente Joe Biden a través de las reservas oficiales del país —un tercio de la ayuda total—. También jugosas aportaciones canalizadas a través de la Iniciativa de Asistencia para la Seguridad de Ucrania, creada en 2016 para brindar apoyo armamentístico y logístico a Kiev. A lo largo de 2023, la Iniciativa tiene previsto entregar otros 12.000 millones.

El negocio de la guerra: el comercio de armas de Israel en el mundo

Este complejo entramado de ayuda es perceptible dentro de la Agencia para la Cooperación para la Seguridad de la Defensa, donde el FMF no es el único programa de ‘cooperación’: el programa de Ventas Militares al Extranjero (FMS) o el programa de Educación y Entrenamiento Militar Internacional (IMET) también mueven miles de millones de dólares cada año con el mismo objetivo.

El dinero que destina el Departamento de Defensa para su programa de financiación militar extranjera también es un herramienta muy útil para seguir alimentando la potente industria militar norteamericana. Así, por ejemplo, tres cuartas partes de la ayuda militar que recibe Israel de Estados Unidos vuelve inmediatamente al país norteamericano en forma de compra de armas, engordando las cuentas de los contratistas del gobierno y las firmas privadas. Es el negocio de la guerra revestido de cooperación en seguridad y convertido en una potente herramienta geopolítica y diplomática.

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El ejemplo más reciente es el primer paquete de ayuda militar directa concedida por Estados Unidos a Taiwán, que también es el primero que concede a un territorio que no reconoce oficialmente. Aunque el subsidio del FMF apenas alcanzó los 80 millones de dólares, la inclusión del Estado insular en los programas de ayuda militar norteamericana y por tanto en su esquema industrial armamentístico ha supuesto un punto de inflexión en las relaciones de ambos países con China, cada vez más tensionadas.

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