El mapa de la red urbana de Colombia es fruto de un largo proceso de formación desde la época colonial y el Virreinato de Nueva Granada hasta nuestros días. Situada entre el Pacífico y el Caribe y entre América del Norte y del Sur, la actual Colombia fue durante la época colonial un lugar clave para el Imperio español y el control de su basto territorio.
La elevada y templada ciudad de Santa Fe de Bogotá se convirtió en uno de los grandes centros urbanos del poder político del Imperio. Pero Bogotá, alejada del mar, requería una ciudad que la complementase y que fuese su puerta al mundo. Esta fue Cartagena de Indias. Juntas formaron un sistema bicéfalo durante gran parte del siglo XVIII.
Con la independencia de Colombia (1810-1819) algunas ciudades entraron en decadencia, pero otras prosperaron, especialmente aquellas asociadas a las plantaciones de exportación como el azúcar y el café, y dieron origen al eje cafetero y a la regionalización colombiana. A partir de este momento se configurará la cuadricefalia colombiana entre Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, un sistema con cuatro grandes ciudades equilibradas que se repartían la influencia por la red urbana del mapa del país.
Ya a finales del siglo XX, la liberalización económica de los años noventa llevó a una feroz competición entre ciudades en el la que las urbes pequeñas y medianas no podían participar. Bogotá, por su parte, empezó a despuntar, creciendo sobremanera (en parte por los desplazados internos, víctimas indirectas del conflicto colombiano) y creando sobre el mapa una megalópolis nacional que desequilibró aún más la red urbana de Colombia.
El resultado de este proceso es un mapa con una red urbana incompleta, rota y desestructurada. Incompleta porque inmensas partes del territorio colombiano no tienen una ciudad de referencia próxima, en parte debido al crecimiento de grandes ciudades como Bogotá, que ha restado oportunidades o otros territorios (especialmente a Los Llanos-Orinoquía y a la Amazonía).
Rota porque la regionalización urbana colombiana no se ha acompañado de una buena red de transportes. Con un relieve accidentado y compartimentado y la ausencia de ciudades en buena parte del territorio, el déficit de transportes ha fragmentado aún más la red urbana, provocando por ejemplo la separación entre la red de ciudades del Caribe y la de los Andes. Y desestructurada porque a la fragmentación y la falta de cobertura sobre todo el país hay que sumar una cada vez mayor concentración de la población en las grandes urbes y, sobre todo, en Bogotá, mientras que otras ciudades pequeñas y medianas pierden población y funciones.
El relieve explica en parte estos problemas de la red urbana de Colombia, pero el mapa físico no es la única razón. El conflicto colombiano, y sus seis décadas de duración, han creado territorios marginales y han impedido la consolidación de la red urbana.
A su vez, la falta de una red urbana bien estructurada que garantice el acceso a servicios y oportunidades a toda la población ha favorecido la aparición de espacios marginales, generando un bucle de problemas que se retroalimentan.
La concentración demográfica (50% de la población) y económica (75% del PIB) en el Triángulo de oro (Bogotá-Medellín-Cali) ha favorecido también que se centrasen los recursos del Estado en esta región, la que tiene una red urbana mejor estructurada, mientras las ciudades del resto de Colombia se han encontrado solas.















