El mundo ha vivido varios eventos demográficos de gran calado en los últimos tiempos. Primero, en noviembre de 2022, el planeta alcanzó los 8.000 millones de habitantes; poco después, a cierre de año, se constató que China, el gran motor demográfico del último siglo, había perdido población por primera vez en su historia reciente; y a mediados de abril de 2023, finalmente, India consiguió superar al gigante asiático como el país más poblado del mundo.
De acuerdo con las estimaciones que realiza la División de Población de las Naciones Unidas, China cerró el año 2024 con una población cercana a los 1.419 millones de habitantes, frente a los 1.451 millones de India. En total, ambos países concentran en sus fronteras a un tercio de la población global y acumulan más habitantes que los siguientes 19 países más poblados del mundo.
Pese a esto, ambas potencias han vivido durante los últimos años trayectorias demográficas con velocidades y dinámicas muy diferentes, precipitando este cambio en la cima de la lista de los países más poblados del mundo.
En China, la política del hijo único, implantada en los años setenta en las zonas rurales, provocó un frenazo en las tasas de natalidad, que durante los últimos tiempos también se han visto afectadas por cambios socioeconómicos y en los modelos familiares y culturales —como el aumento del precio de la vivienda o la educación o el descenso del número de nuevos matrimonios—. Como resultado, el hasta hace poco país más poblado del mundo perdió en 2022 cerca de 850.000 habitantes, mientras que entre ese año y 2024 la caída de población es de casi seis millones de personas. Al mismo tiempo, China viene registrando en los últimos años un envejecimiento constante de su población, hasta el punto de que las autoridades del país han decidido aumentar la edad de jubilación por primera vez desde los años cincuenta.
Apoyada en una amplia red de megaciudades donde la densidad de población se dispara hasta cifras récord, India ha vivido por su parte una imponente explosión demográfica desde que lograra su independencia de Reino Unido en 1950, tras la Segunda Guerra Mundial. En este tiempo, el país ha cuadruplicado su población, pasando de 350 millones de habitantes a más de 1.450 millones.
Y aunque al igual que China ha sufrido un descenso significativo en sus tasas de natalidad durante los últimos lustros, el número de nacimientos por mujer se ha mantenido muy por encima del de China desde los años setenta, lo que también ha provocado que hoy India tenga una población bastante más joven que el país vecino, con una edad media casi diez años inferior —28 años frente a los 38 de China—.
Junto con las dos grandes potencias demográficas, Asia cuenta con cinco países más en la lista de los quince países más poblados del mundo: Indonesia (278 millones), Paquistán (240), Bangladesh (173), Japón (123) y Filipinas (118). De hecho, en Asia oriental se concentra la mitad de la población del mundo. Frente a esto, solo un país, Estados Unidos, con 340 millones de habitantes, logra romper el dominio asiático en los cinco primeros puestos del ranking de países con más habitantes, donde también aparecen cuatro Estados africanos (Etiopia, Nigeria, Egipto y República Democrática del Congo), uno euroasiático (Rusia) y dos latinoamericanos (Brasil y México).
Según los cálculos que realiza Naciones Unidas, la población mundial crece en la actualidad a su ritmo más lento desde 1950, es decir, desde poco después del final de la Segunda Guerra Mundial. Si se mantienen estas dinámicas de natalidad, el número de habitantes seguirá aumentando —aunque cada vez más lentamente— en las próximas décadas hasta alcanzar un pico de 10.400 millones de personas en el año 2080, que se mantendrá estable hasta finales de siglo.
De hecho, dos tercios de la población global viven ya en países con tasas de natalidad inferiores al umbral mínimo que asegura el reemplazo generacional, 2,1 hijos por mujer, y solo Asia y África mantienen el pulso en materia de natalidad y crecimiento poblacional.
En el extremo contrario, Europa atraviesa una fuerte crisis demográfica que no solo lo ha situado como el continente más envejecido del mundo, sino también como el que menores tasas de fertilidad registra. Desde 2012 ha habido más muertes que nacimientos en el conjunto de la UE, mientras que la natalidad solo alcanza los 1,46 hijos por mujer, según datos de Eurostat.

