Los países con las cárceles más superpobladas de América Latina

La falta de recursos y la ineficacia de los sistemas penales son algunos de los motivos detrás del hacinamiento en las prisiones de la región
CartografíaPolítica y eleccionesAmérica Latina y el Caribe

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La situación carcelaria en América Latina es alarmante. Según los datos de World Prison Brief, la región tiene algunas de las tasas de superpoblación carcelaria más altas del mundo, con la mayoría de países superando el 100% de ocupación en sus cárceles. Los primeros puestos de la lista son ocupados por Haití, Guatemala y Bolivia, donde los centros penitenciarios cuadruplican, triplican y duplican su capacidad, respectivamente.

Países con las cárceles más superpobladas de Latinoamérica

Haití es el país con las cárceles más superpobladas de América Latina, y el segundo del mundo, con una tasa del 454,4%. La situación en el país se ha agravado en los últimos años por la inestabilidad política, la corrupción y la violencia. Los bajos salarios de los trabajadores del sistema de justicia penal y la falta de recursos han llevado a un sistema de justicia penal ineficaz, en el que los procesos judiciales son lentos y las garantías procesales no son respetadas. Todo esto ha llevado a una situación en la que la muchos presos se encuentran en detención preventiva, sin haber sido condenados por un delito en las escasas y anticuadas prisiones del Estado.

En otros países, como Brasil, Venezuela y buena parte de Centroamérica (como ya había sucedido en Colombia o México), la violencia es una de las principales causas de la superpoblación carcelaria, pero también los son la falta de recursos y una justicia ineficaz. La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado ha llevado a un enfoque punitivo en la justicia penal, lo que ha provocado que el número de personas en prisión haya aumentado más rápidamente que la capacidad del Estado de construir centros penitenciarios.

El hacinamiento contribuye a un aumento de la violencia dentro de las cárceles, así como a la instalación de redes criminales que operan y reclutan nuevos miembros desde el interior las celdas. Muchas de estas cárceles superpobladas se han convertido así en escuelas del crimen, donde los reclusos aprenden nuevas formas de delinquir y se organizan para cometer delitos desde dentro de las mismas, favoreciendo la violencia, su reincidencia, la vuelta a prisión y la superpoblación carcelaria en el conjunto América Latina.

El mapa de la población carcelaria en América

Si se mira a Europa, Francia es uno de los países del continente con mayor presión carcelaria. Las cárceles metropolitanas están al 119% de su capacidad, sin embargo, en sus departamentos de ultramar en América la situación es aún más preocupante. Guayana Francesa tiene las cárceles al 139%, mientras que en Guadalupe están al 135,3% y en Martinica al 128,6%. Aunque forman parte de Francia, estos departamentos de ultramar tienen realidades culturales, sociales y económicas distintas de la metrópoli, pero el mismo sistema legal que París, sin que se adapte a sus peculiaridades.

En América Latina sólo Chile, Puerto Rico y algunos Estados insulares del Caribe tienen tasas de ocupación carcelaria por debajo del límite que ofrecen sus cárceles. Otros, como El Salvador, el país del mundo con más proporción de población encarcelada, han reducido muchos sus cifras de sobreocupación con la construcción de nuevas cárceles. El resto todavía tienen grandes retos por delante para reducir la superpoblación en prisión, y con ello mejorar la reinserción social y reducir la reincidencia criminal.

Los países con mayor proporción de gente en la cárcel

La frecuencia con la que se pueden encontrar cárceles superpobladas en América Lantina es un reflejo de un sistema de justicia penal que falla en su tarea de garantizar la seguridad y el bienestar de la sociedad. En lugar de enfocarse en la prevención y la rehabilitación, se ha optado por una estrategia punitiva que acumula reclusos en las cárceles llevando a su superpoblación, y dificultando aún más las labores educativas y de reinserción social y favoreciendo la instalación de redes criminales en las prisiones en un ciclo que se retroalimenta.

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