La pidas en un bar o la compres en el supermercado, lo más probable es que el dinero con el que pagues la próxima cerveza o copa que te tomes vaya a parar a una de las diez principales empresas que controlan el mercado de las bebidas alcohólicas. A pesar del gran número de opciones disponibles, cada una de ellas aparentemente con características únicas que la diferencian del resto, el sector está en manos de un puñado de conglomerados internacionales que absorben continuamente a marcas emergentes y limitan el margen de actuación de productores independientes.
ABInBev (Bélgica), Heineken (Países Bajos), Asahi, Kirin y Suntory (las tres de Japón), Diageo (Reino Unido), Kweichow Moutai (China), Pernod Ricard (Francia), Calsberg (Dinamarca) y Molson Coors (Estados Unidos) son las diez compañías que más facturan, cerca de 195.000 millones de euros entre abril de 2021 y abril de 2022, y juntas poseen cientos de marcas, tantas que resulta difícil encontrar una bebida alcohólica que escape a su control. Y es que aparte de prácticamente todas las cervezas y sidras que puedas imaginar, estas diez empresas también dominan la distribución de destilados, desde la ginebra Larios española hasta el Bayleys irlandés o el ron cubano Havana Club.
En 2016, la fusión entre Anheuser-Busch InBev y SABMiller, el principal grupo cervecero del mundo y su gran rival, marcó un punto de inflexión en la industria. En lo que fue la sexta adquisición empresarial más grande del mundo ―el trató se cerró en 95.200 millones de euros―, el nuevo grupo surgido pasó a controlar el 30% del mercado global de cerveza con marcas tan icónicas como Budweiser y Bud Light ―de las más consumidas en Estados Unidos―, Modelo o Corona Extra―las favoritas de los mexicanos―, Stella Artois o Leffe ―ambas de Bélgica―.
Según Forbes, entre abril de 2021 y abril de 2022 ABInBev registró 54.300 millones de euros en ventas, el doble que su competidor más cercano, la neerlandesa Heineken, propietaria de otras cervezas también muy conocidas como la propia Heineken (Países Bajos), Cruzcampo (España), Desperados (Francia), Moretti (Italia), Sagres (Portugal) o Murphy’s (Irlanda). Pero si Heineken vio cómo las dos empresas con las que se disputaba el trono del sector cervecero unían fuerzas y reducían su peso en el sector, Asahi resultó por el contrario claramente beneficiada. Los reguladores de Estados Unidos y Europa obligaron al nuevo conglomerado a desprenderse de varias marcas por razones antimonopolísticas y la casa japonesa pudo incorporar a su cartera varias cervezas de SABMiller, como Pilsner Urquell (Chequia), Peroni (Italia), Groslch (Países Bajos) o Tyskie (Polonia), a cambio de unos 10.000 millones de euros.
Las nuevas adquisiciones han catapultado a Asahi hasta la tercera posición en la lista de las empresas de bebidas alcohólicas, con una facturación de cerca de 20.400 millones de euros anuales. Otras marcas japonesas, como Kirin o Suntory, también han aumentado sustancialmente su volumen de negocio en los últimos años gracias a la apertura de nuevas rutas comerciales fuera de su país, donde los destilados y las cervezas cuentan con una larga tradición pero con el consumo de alcohol en claro retroceso.
Diageo y Pernod Ricard, por su parte, se especializan en la comercialización de bebidas espirituosas como el ron, el whisky, la ginebra o el tequila, al igual que Kweichow Moutai, la empresa de alcoholes con mayor capitalización del mundo. La base de su negocio es el moutai, un licor de sorgo de 53 grados muy consumido en el mundo empresarial chino y que alcanza un precio de 200 euros por botella.