Navidad es sinónimo de abetos decorados, calles iluminadas, pistas de patinaje y mercadillos callejeros repletos de vino caliente y dulces. Aunque nacieron en el corazón de Europa, los mercados navideños florecen ahora en todos los rincones del continente, desde capitales como Londres o Budapest hasta lugares inesperados como Marbella, donde han adaptado el concepto al turismo de lujo y el buen clima.
Tanto es así que ya quedan pocas ciudades europeas que no hayan abrazado estas ferias buscando el turismo navideño, aunque la mayoría tienen poco o nada de tradicional. Sin ir más lejos, el segundo premio al mejor mercado de Navidad de Europa de 2024, entregado por European Best Destinations (EBD), organización colaboradora de la Comisión Europea, ha sido para el mercado de Craiova, en el suroeste de Rumanía. Un mercado que ha recibido el galardón por su extensión, de 280.000 metros cuadrados — el más grande del continente—, y por atracciones excéntricas como las áreas temáticas inspiradas en las películas de La Bella y la Bestia o Star Wars.
Si bien los mercados tradicionales se instauraron en torno al siglo XV en ciudades y localidades alemanas y francesas de la cuenca del río Rin, especialmente en las regiones de Renania (Colonia) o Alsacia (Estrasburgo), capitales como Berlín o París se han subido a la ola durante los últimos años y han ampliado su oferta de mercados navideños aprovechando su centralidad y facilidad de acceso desde el extranjero.
La competitividad entre ciudades por destacar en la temporada navideña refleja la importancia económica que han adquirido estas festividades, que mueven millones de turistas todos los años y que en algunos países occidentales ya representan hasta un 30% de los ingresos anuales del sector comercial.
En el sur del continente, con tradiciones católicas que se distancian del clásico mercado navideño de origen protestante, encontramos otros mercados o ferias navideñas también muy antiguos, como las ferias de Santa Lucía en Bolonia y Barcelona, del siglo XVI y XVIII, respectivamente, y en las que destacan los adornos vinculados a las tradiciones religiosas como los pesebres.
Por número de visitantes, el mercado de Navidad de Colonia aparece como el más concurrido de Europa, con cuatro millones de visitantes que aseguran un importante gasto en hostelería y alojamiento en su visita navideña. Dresde, considerado uno de los más antiguos —se celebra periódicamente desde 1434—, atrae alrededor de tres millones de personas, más o menos los mismos que Viena, mientras que Estrasburgo, autoproclamada capital europea de la Navidad, también es un destino clave.
En regiones con una rica tradición navideña, como Alsacia, se han creado circuitos turísticos que incluyen mercados más tradicionales de pequeñas localidades junto a los de las ciudades emblemáticas. Estrasburgo y Basilea, por ejemplo, han servido de modelo para pueblos como Baden-Baden, Mulhouse o Montbéliard, que han incorporado esta celebración en sus agendas turísticas aprovechando el tirón de los mercados navideños de sus ciudades vecinas.
Una dinámica similar se observa en la región de Renania, donde ciudades como Düsseldorf y Essen compiten con Colonia al ofrecer sus propios mercados navideños.
Sin embargo, determinar cuál es el mercado más antiguo genera controversia. Tallin, en Estonia, reivindica este título por haber colocado el primer árbol decorado en su plaza principal en 1441, aunque sin las características actuales de los mercados de Navidad de Europa. Viena, por su parte, remonta su tradición al siglo XIII, aunque muchos consideran que su mercado original se enfocaba en alimentos estacionales, sin incluir la ambientación típica de estos eventos. Estrasburgo, que data del siglo XVI, y Dresde, que este año dice celebrar su 590 aniversario, son también fuertes candidatos al título.
Independientemente de su antigüedad, todos los mercados de Navidad de Europa comparten una característica común: su evolución hacia un formato comercial y turístico. Así, las ciudades que no pueden competir en antigüedad han buscado otras formas de destacar. Salzburgo, por ejemplo, resalta como cuna del villancico Noche de paz, mientras que Dresde también presume de la «pirámide de velas» más alta del mundo, reconocida por el libro Guinness de los récords. En Montreux, Suiza, un Papá Noel volador se ha convertido en el principal reclamo de su mercado. Todo vale para captar la atención del turista fanático de las luces y los villancicos.







